Tecnología permitió reactivar cirugía fetal histórica

Durante el embarazo, el diagnóstico fue claro y contundente: hidrocefalia. Para Ruth, significó enfrentar uno de los escenarios más temidos por cualquier madre. Para el equipo médico del Centro Médico Nacional La Raza, fue el reto de intentar algo que en México no se hacía desde hace 30 años: operar antes del nacimiento para darle al cerebro una oportunidad.

Joseph crecía con una presión silenciosa dentro de su cabeza. El líquido cefalorraquídeo se acumulaba y amenazaba con frenar el desarrollo de su cerebro incluso antes de llegar al mundo. La alternativa fue intervenirlo en el útero, colocarle un catéter intraventricular y reducir esa presión a tiempo.

La cirugía, realizada por especialistas de los Hospitales General y de Gineco-Obstetricia No. 3 del IMSS, marcó el regreso de un procedimiento que permaneció en pausa durante tres décadas. La diferencia ahora fue la tecnología: un sistema quirúrgico más seguro, capaz de disminuir riesgos que antes hacían inviable esta opción.

El doctor Antonio García Méndez, jefe del Servicio de Neurocirugía Pediátrica del Hospital General “Dr. Gaudencio González Garza”, explicó que el objetivo era claro: ganar tiempo. Tiempo para que el cerebro siguiera formándose sin la presión que lo dañaba. Tiempo para cambiar el pronóstico.

La intervención se realizó con un abordaje fetal similar al que se utiliza en otros defectos congénitos. Bajo monitoreo constante y con apoyo de ultrasonido, el equipo encabezado por el doctor Antonio Helue Mena abrió el útero, acomodó al feto y permitió que el neurocirujano hiciera una incisión mínima para introducir el catéter directamente en los ventrículos cerebrales.

El efecto fue visible. Estudios posteriores mostraron que los ventrículos comenzaron a reducir su tamaño y que el cerebro recuperó volumen. “Intervenir antes del nacimiento permite que el cerebro llegue en mejores condiciones al momento de nacer”, explicó García Méndez.

La hidrocefalia es más frecuente de lo que parece: afecta a uno de cada mil nacidos vivos en el mundo. Sin embargo, cuando se detecta durante el embarazo, el panorama suele ser adverso. La mitad de los casos no llega a término y, entre los que nacen, solo una minoría alcanza un desarrollo intelectual normal.

Por eso, el doctor Fernando Agustín Aguilar, neurocirujano pediatra, subrayó la necesidad de cambiar el enfoque. La medicina fetal permite hoy distinguir entre una ventriculomegalia que puede observarse sin intervenir y una hidrocefalia que requiere acción inmediata.

Ese margen de precisión lo da la imagenología. El doctor Daniel Flores Sorcia destacó que la resonancia magnética, segura durante el embarazo por no utilizar radiación ionizante, ofrece la claridad necesaria para planear cirugías que no admiten error.

Joseph nació y fue evaluado de inmediato. Aunque presentó las condiciones propias de la prematurez, su estado fue estable. El catéter temporal cumplió su función y, tras retirarlo, se le colocó una derivación ventriculoperitoneal definitiva, el tratamiento habitual para la hidrocefalia.

Hoy, Joseph está fuera del hospital. Su evolución es favorable y acorde a su edad. Para los médicos, es un caso que confirma que intervenir antes puede cambiar historias. Para Ruth, es la posibilidad de sostener a su hijo y mirar el futuro con menos miedo.

“Siempre me dieron confianza”, dice. “Especialmente los doctores Antonio García y Antonio Helue. Hoy me siento aliviada y muy agradecida de estar con mi bebé”.

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