¿Quién será el próximo papa?

Esta pregunta podría parecer fuera de lugar de no haber sido porque, en una entrevista concedido en días pasados a la periodista Valentina Alazraki, el papa Francisco expresó su deseo de ser enterrado en la basílica romana de Santa María la Mayor.

Asimismo, tanto su avanzada edad (87 años) como el evidente deterioro de su salud, hacen pensar que el final del actual pontificado no puede estar muy lejano.

Por lo pronto, habrá que empezar diciendo que el próximo Papa –sea que lo elijan pronto o sea que se tarden años- será el sucesor legítimo de San Pedro y que contará siempre con la asistencia del Espíritu Santo.

Ahora bien, el hecho de que la asistencia del Espíritu Santo sea continua no quiere decir que es el Espíritu Santo quien elige directamente al papa.

Hace muchísimos años el entonces Cardenal Joseph Ratzinger (futuro Benedicto XVI) afirmó que es un error pensar que al Papa lo elige el Espíritu Santo puesto que, revisando la historia de la Iglesia, hubo una serie de papas tan mediocres e incluso nefastos que resulta increíble pensar que los haya elegido el Espíritu Santo.

Al papa lo eligen los cardenales, quienes, en el momento de emitir su voto, son libres de aceptar o rechazar las inspiraciones del Espíritu Santo.

No obstante, el Espíritu Santo está presente en la vida de la Iglesia impidiendo tanto que el Papa pueda caer en herejía como librando a la Iglesia de peligros mortales.

Vale la pena echar un vistazo a la historia de la Iglesia.

Es un hecho evidente que uno de los pontificados más nefastos y vergonzosos ha sido el de Alejandro VI quien, siendo el Cardenal Rodrigo Borgia, supo manipular de tal modo al Sacro Colegio Cardenalicio que acabó siendo elegido Papa.

Sin embargo, a pesar de su vida escandalosa, fue Alejandro VI quien implantó el rezo del “Ángelus” al mediodía y quien les concedió a los Reyes Católicos el privilegio de que la Corona Española fuera quien llevase el Evangelio a las tierras que acababan de ser descubiertas en el Nuevo Mundo.

Dios escribe derecho sobre renglones torcidos.

Otro ejemplo es el de Clemente XII, un Papa cuyo pontificado demuestra que no siempre los llamados “Papas de transición” tienen el breve reinado que se espera de ellos.

Tras cinco meses de un cónclave que había sido tormentoso, los cardenales lograron ponerse de acuerdo y fue así como, el 12 de febrero de 1712, eligieron a un anciano confiando en que habría de durar poco; fue así como, a sus 78 años de edad, llegó al Trono de San Pedro el Cardenal Lorenzo Corsini.

De este Sumo Pontífice se puede decir que –debido a que quedó ciego a los dos años de haber sido elegido- gobernó la Iglesia desde su cama no pudiendo firmar ningún documento sin que le llevasen la mano.

El caso fue que Clemente XII gobernó la Iglesia durante una larga década. Fue él quien canonizó a San Vicente de Paul y quien, con su Bula “In Eminenti” condenó por vez primera a la Masonería.

Dios escribe derecho sobre renglones torcidos.

Quienes a la luz de la Fe interpretamos los hechos históricos, estamos convencidos de que no era un frívolo degenerado como Alejandro VI ni un anciano ciego quienes gobernaban la Iglesia.

Más bien quien siempre ha guiado la Barca de San Pedro es el Espíritu Santo.

Y suele ocurrir (la historia ofrece varios ejemplos) que, respetando la voluntad de los cardenales electores, el Espíritu Santo permite que pueda salir electo el peor de ellos.

Esto es algo providencial puesto que demuestra cómo –a pesar de los defectos y miserias de los distintos pontífices- la Iglesia saldrá siempre adelante porque el viento de popa que impulsa la Barca del Pescador viene desde lo Alto.

Incluso a veces Dios permite que salga electo el menos digno para demostrar como a pesar de todo la Iglesia no es una obra humana.

Así pues, no hay que perder el tiempo haciendo conjeturas acerca de quién será el sucesor puesto que la Providencia es muy hábil en el momento de sacar cartas ocultas de la manga.

Y concluimos con un dicho que suele repetirse en Roma siempre que los cardenales se reúnen para elegir un nuevo pontífice: “Quien al cónclave entra Papa, del cónclave sale cardenal”

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