La prohibición de los “Nacimientos” y el riesgo al absurdo

Es posible que se discuta en la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación un proyecto que pretende suprimir, por el momento, los nacimientos que se ponen en espacios públicos como una costumbre en las épocas decembrinas.

La resolución en cuestión tiene consecuencias que no han sido debidamente medidas y que, sin embargo, tocan profundamente la identidad, la historia, la cultura y las tradiciones en México. Advierto que no pretendo discutir de fondo el tema no solo por el espacio sino también por la profundidad que se requiere.

Concluir que deben prohibirse los nacimientos en espacios públicos refleja al menos lo siguiente:

1. Desprecio a la riqueza artística, cultural y comunitaria que se manifiesta en las fiestas decembrinas y que no es exclusivamente religiosa. Un nacimiento lleva un valor en términos de tradiciones y costumbres mexicanas.

Lo que hace el municipio de Chocholá y miles de municipios en México es contribuir al gusto de una comunidad por ciertas tradiciones que nos han identificado por siglos, independientemente de la vida religiosa que se tenga o no en los pueblos.

2. La resolución desconoce que en la época de Navidad los nacimientos en los espacios públicos no convocan ni invitan a un acto religioso. Más bien hacen una referencia histórica además de artística y comunitaria que ciertamente puede considerarse como fundacional en algunas religiones pero que no invita a seguirla.

Me parece incorrecto que hablemos de un símbolo, pero de cualquier manera, el símbolo religioso lo es sólo para quien profesa esa religión. Es decir, usted puede ver muchos símbolos religiosos que en sí mismos no obligan a nada ni le harán creer en un imaginario que no comparte. Por ejemplo, si usted ve un símbolo religioso (en México están en todas partes) no significa que la intención o el efecto sea su conversión o que se le obligue a cambiar de religión; podemos ver cualquier altar de muertos, pirámides y hasta representaciones mayas y el espectador no abriga ninguna idea de cambiar de religión o de asumir la que ahí se representa. No se debe subestimar a la población.

El símbolo religioso es referente espiritual para quien profesa esa religión, para nadie más. Ni siquiera para un quejoso (persona que promueve un recurso de amparo) identificado con el activismo judicial, como es el caso.

3. Desconoce y no estudia lo que es la cultura popular ni la apropiación cultural de una comunidad como es el caso. Al contrario, la resolución intenta dar a los Nacimientos una connotación absolutamente religiosa a tal grado que el proyecto utiliza más de 30 veces la palabra “Jesucristo” a fin de alejarlo del significado comunitario, cultural, tradicional y hasta histórico que conlleva.

Podría decir más, pero prefiero referirme al riesgo que implican este tipo de decisiones porque nos obligarían a ser consecuentes con las mismas y, en consecuencia, los absurdos están a la vista ya que nos llevaría a cancelar una parte fundamental de nuestra vida comunitaria, cultural, tradicional, histórica y hasta en términos económicos por el atractivo turístico que significan para muchos pueblos en México este tipo de tradiciones.

Nada más daré algunos ejemplos que nos empantanarían todavía más en nuestra vida comunitaria y política (como si nos faltara algo más).

1) ¿Qué hacemos con la representación de la Pasión de Cristo de Iztapalapa, las procesiones del silencio, las peregrinaciones, con las posadas y las piñatas?

2) ¿Qué hacemos con esos espectáculos de luz y sonido en nuestras zonas arqueológicas o con los altares de muertos? Sabemos que no hay referencia indígena y de nuestros pueblos prehispánicos sin símbolos religiosos. Estados como Yucatán van a tener serios problemas no sólo con el nacimiento de Chololá sino con Chichen Itza o Kukulcan, por ejemplo.

3) ¿Declaramos inconstitucional las presentaciones de la Capilla Sixtina que se han llevado en las plazas principales o las navidades en el Zócalo que siempre se organizan por el gobierno de la ciudad de México? Y si en esos eventos se regalan plantas a las que llamamos “Noche Buena” ¿las prohibimos porque son un símbolo religioso?

4) ¿Qué hacemos con los murales de Palacio Nacional, con todas las referencias históricas a la Virgen de Guadalupe o con los programas de “emprendurismo” o proyectos productivos que tienen que ver con la elaboración de esferas en Michoacán o en Puebla? Los adultos mayores que están en un centro de cuidado del DIF qué hacen con sus manualidades de nacimientos o esferas para Navidad ¿les decimos que no deben hacerlo? Y qué van a hacer los gobiernos con las Roscas de Reyes y las fiestas patronales ¿las prohibimos para que la gente no “se convierta” o no se sienta discriminada?

5) ¿Qué hacemos con los “Concursos de Nacimientos” organizados, cada año, por las secretarías de cultura tanto de la federación como de los estados? ¿O con los convocados por el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart) o los Instituciones de Bellas Artes. ¿Y las pastorelas?, ¿las prohibimos?

6) Por algo hay una Subsecretaría de Asuntos Religiosos en la Secretaría de Gobernación.

Es absurdo poner en duda la constitucionalidad de todos estos actos que están permitidos dentro de la laicidad que impone la Constitución Mexicana. Dejen en paz a Chololá y al pueblo de México. Y quizás vale la pena preguntarnos si este tipo de activismo judicial nos está quitando libertades y desvirtuando el Derecho. Lo invito a reflexionar.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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