Resultado inesperado

Basta observar unos cuantos, de los últimos sucesos políticos alrededor del mundo, para que uno se pregunte, preocupado, hacia donde se dirige nuestra sociedad. En España, donde no cabe un ministro más, la nefanda ministra de igualdad asegura una y otra vez, que los niños, las niñas y “les niñes” tienen derecho a tener relaciones con quien quieran, siempre y cuando, “claro está”, sean consentidas. En Brasil, el próximo presidente será un hombre que cumplió una condena de más de 9 años de prisión por corrupción y lavado de dinero. En México, el actual presidente conocido por su ineptitud y corrupción, amenaza con llevar a cabo una iniciativa de reforma electoral que haría que los resultados de las elecciones fuesen aún más dudosos de lo habitual. En Canadá, el primer ministro basa su popularidad en su mediático apoyo a la perversa ideología del arcoíris, al grado que se unirá, como estrella invitada, a la próxima temporada de un programa sobre transexuales (Canada’s Drag Race). Ante este panorama, no es de sorprender que en los Estados Unidos los resultados de las pasadas elecciones no hayan mostrado un abierto rechazo de la ciudadanía estadounidense al partido cuyo líder, lo único que al parecer tiene claro, es su ferviente apoyo a quienes matan, bien sea el cuerpo (con el aborto) o el alma (con perversas ideologías) de los más inocentes.

Y es que las terribles políticas de los demócratas han tenido como consecuencia alarmantes resultados, entre los cuales, el problema más evidente es la inflación, que se ha disparado, en los Estados Unidos, hasta su tasa más alta de los últimos 40 años (se calcula en un 8,6%). A pesar de esto, los republicanos han conseguido menos escaños de los esperados. Y aunque tienen asegurado el Congreso; lo más probable es que se deberán enfrentar a un senado dividido, en el mejor de los casos, a la mitad; lo que dará la ventaja a los demócratas pues cuentan con el voto decisivo de la vicepresidente, Kamala Harris. Esto demuestra que en ocasiones, y refutando la famosa frase de Clinton, no es la economía, el elemento decisivo en unas elecciones. Y es que, al decir de algunos expertos, el factor determinante en dicha votación fue el pánico, que los demócratas lograron producir, en un importante sector de la población, de que la democracia estaría en peligro si ganaban los republicanos puesto que, entre otras cosas, prohibirían terminantemente el aborto.

Recordemos que, hace unos meses, con el caso Dobbs v. Jackson, la Corte Suprema anuló Roe v. Wade, que garantizaba el mal llamado derecho al aborto en los Estados Unidos. Esto, aunque no anuló las leyes a favor del aborto, devolvió a los estados el derecho a regularlo, cosa que varios gobiernos supieron aprovechar pues la mayoría de los estados republicanos (casi la mitad de los 50 estados) restringieron el aborto.

De hecho, el presidente Joe Biden, quien calificara el fallo de la Suprema Corte de “escandaloso” se comprometió a “hacer del aborto la ley del país” anunciando que la “restauración de Roe” sería el primer proyecto de ley que enviaría al Congreso, después de las elecciones de noviembre, si los demócratas lograban agregar escaños al Senado y mantener el control de la Cámara de Representantes. Afortunadamente, el mismo presidente ya ha anunciado que; no cree que tendrán el poder suficiente para codificar el derecho al aborto. Independientemente de esto, es para ponernos a temblar, y sobre todo, ponernos de rodillas a rezar, ante el hecho de que el partido que hizo del aborto su tema de campaña haya logrado un mejor desempeño de lo esperado, por la mayoría de los analistas.

Para comprender la relevancia de este tema es importante señalar que, si bien las encuestas demuestran que la mayoría de los estadounidenses no están a favor del aborto sin límites, sólo una pequeña minoría está a favor de prohibir el aborto sin excepción alguna. Es en este importante factor donde encontramos la clave del problema que enfrenta la defensa de la vida. Por ello, varios políticos conservadores argumentan que, a fin de disminuir el número de abortos, es más sensato y efectivo tratar de legislar a partir de un terreno común, con la mayoría de la sociedad, permitiendo el aborto con excepciones establecidas (como violación, mal formación del feto y peligro de la vida de la madre) en lugar de tratar, como desea la mayoría de los activistas provida, de prohibir el aborto en todas las circunstancias.

Este argumento es evidentemente falso. No podemos olvidar que, a nivel prácticamente mundial, empezamos nuestra autodestrucción dando, tímidamente, los primeros pasos hacia la despenalización del aborto, bajo engañosos supuestos y ha sido sólo cuestión de tiempo; el que el aborto prácticamente a la carta y hasta antes de nacer, se esté legalizando en cada vez más lugares. Hemos perdido, precisamente, porque gran parte de la sociedad aceptó legalizar el aborto “sólo en contadísimas y graves circunstancias y sólo en las primeras semanas del embarazo” como si las circunstancias cambiasen el hecho de que el aborto implica siempre, el asesinato del bebé en gestación.

Legislar contra la ley natural es lanzar una bola de nieve que, al ser cada vez más grande y pesada, va descendiendo cada vez más aprisa arrasando, a su paso, uno a uno con los principios que protegen a la sociedad. Empezamos despenalizando el aborto por violación y malformaciones del feto y acabamos festejando que una mujer pueda abortar cuando el feto ya ha asomado la cabeza al mundo. Por ello el aborto, que hace algunos años sus mismos promotores presentaban como algo que debía ser: seguro, legal y “raro”, ahora se promueve prácticamente sin límite alguno al tiempo que se presume a los cuatro vientos, micrófono en mano.

El aborto, como otros tantos objetivos globalistas, forma parte de una batalla que va más allá del plano cultural, quienes lo promueven lo saben bien. Por ello, gritan a los cuatro vientos que lucharan como el infierno (“we will fight like hell”) dejando entrever su objetivo real, la descristianización de occidente con la consecuente pérdida de muchas almas que rehúyen el bien, niegan la verdad y rechazan hasta la belleza.

Si en estas elecciones, la protección de la vida de los no nacidos sufrió un gran revés, de manera especial, en los estados de Kentucky, Montana, Vermont, Michigan y California, con el rechazó de las enmiendas constitucionales con las que se pretendía salvaguardar la vida de los no nacidos; la victoria, por amplios márgenes, de tres estados que firmaron leyes dirigidas a la protección de la vida de los no nacidos: Florida (Ron DeSantis), Texas (Greg Abbott) y Ohio (Mike Dewine), debe alentar nuestra esperanza.

Quien defiende la vida tiene la verdad de su lado. Debemos propagarla, con caridad pero sin miedo ni excusas, especialmente entre los más jóvenes, a quienes a fuerza de mentiras, engaños y seducciones les están endureciendo el corazón, matando la conciencia y nublando la razón.

Esta batalla sólo se ganará de rodillas, manteniendo, como lo pedía Santa Juana de Arco, la Cruz en lo alto; para que sea Quien nos guíe y dé fortaleza.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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