Nerón de Macuspana

Los escándalos recorren su gobierno: el Ejército mexicano –del que es comandante– ha sido vulnerado gravemente en la protección de su información; los familiares de las víctimas de Ayotzinapa reciben una burla en un informe y sus derivaciones judiciales; el fiscal general se pelea con el subsecretario de Gobernación, y el fiscal para Ayotzinapa renuncia de manera sorpresiva; se revelan datos de la salud del presidente y sus mentiras al respecto, ¿y qué hace éste? Cual Nerón, toca el güiro con canciones de Chico Che, mientras las llamas recorren su gobierno.

Ante la adversidad, López Obrador recurre de manera constante al chiste tonto y a la frivolidad. Situación que preocupa, porque parece ser que no puede tomar nada en serio. Para todo se pone a tararear alguna canción jocosona. Seguramente le parece muy simpático y sus colaboradores le han de decir que desde la muerte de Capulina no salía nada tan chistoso en la televisión nacional. La verdad es que no es gracioso; sus extravíos ya son preocupantes.

El Ejército lleva en boca de todos varias semanas, y no por los mejores motivos. Pocas veces se habla con tanta preocupación sobre lo que sucede con el Ejército como en estos días. Por un lado, la decisión del presidente de darles todo lo relativo a la seguridad y, por el otro, su gobierno empieza una campaña de desprestigio en contra del instituto militar por medio de Alejandro Encinas, subsecretario y hombre cercanísimo al presidente desde hace años, que solicitó decenas de órdenes de aprehensión en contra de militares de distinto rango. Solicitud que fue negada por el fiscal Gertz. Total, que eso es un cochinero. No se entiende si el presidente quiere recordarle a los verdes que todavía tiene el poder de meterlos a la cárcel o si darles todo, pero recordarles que no se mandan solos. Estudiantes y manifestantes de aquella normal atacaron las instalaciones del Cuartel Militar 1, cosa que nunca habíamos visto. Días antes, el general Sandoval pronunció un discurso lleno de grilla y advertencias políticas totalmente fuera de lugar. En medio de la polémica por la propuesta de darles la seguridad y de los cuestionamientos al líder del PRI por su enorme corrupción, los diputados priistas aparecieron con su jefe inopinadamente en un cuartel militar para recibir solicitud de apoyo de la milicia. Todo alrededor del Ejército en estos días es lodo y cuestionamiento.

Las mañaneras se han convertido en un espectáculo decadente de la televisión mexicana. El presidente parece estar feliz ahora con la modalidad de aquellos programas que se llamaban “dígalo con música”. La semana pasada puso una canción que decía “qué fea la OEA”. Como si fuera vulgarcito le falta decir “qué gacho, Nacho; qué fea la OEA; qué Pachuca con Toluca”.

El Ejército fue víctima de un hackeo monumental que comenzó a hacerse público con registros de la salud del presidente. Queriendo minimizar un asunto tan grave –el hackeo, no los reportes de su salud–, terminó poniendo una canción de Chico Che, cuya letra enumera enfermedades y un diagnóstico de “cruda” sobre el cantante. El presidente –cuyo hablar lento, en medio de enormes silencios y la mirada extraviada, ya no sorprende a nadie– dijo que él tenía todo, “menos lo del alcohol”. Pues debería recapacitar, porque sus actos no parecen muy cuerdos. Decir que sí tiene padecimientos no es una novedad, el asunto es que los oculta.

Las expresiones presidenciales son una chunga. Su gobierno es una pachanga en la que los ejes del discurso son “quién pompó” y “de quién chon”. Los cuarteles arden y el clima está en llamas mientras el Nerón de Macuspana toca su güiro en Palacio.

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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