Estupideces por relevos

En el gobierno hay una política pública muy nítida: la de la confrontación con diversos sectores del país.


Piloto


La semana pasada los mexicanos asistimos a un concurso nacional de estupideces. Por supuesto, el ganador fue el Gobierno Federal. Siempre que alguien dice o comete alguna barbaridad, hay en el gobierno quien está dispuesto superarlo. Y lo logra.

Inmediatamente después de los festejos en el Zócalo de la CDMX, se dio a conocer el tuit de una piloto de avión en el que con claro tufo clasista manifestaba sus ganas de que desaparecieran los reunidos en la plaza por medio de una bomba. La chairiza, cursi y furibunda, exhibió a la piloto como una terrorista de la derecha. La piloto que, por supuesto, no midió lo que podía pasar con su tontería, encontró defensa en las filas del antilopezobradorismo que, cuando se lo proponen, son igual de fanáticas que las del pejismo. Interjet, la empresa de la piloto, abonó al tema con tibieza, anunciando que revisaría lo sucedido. Como parece que no tiene nada qué hacer más que azuzar a sus huestes a la pelea, el señor presidente de la República se metió en el asunto en una conferencia de prensa en Palacio Nacional. Ni más ni menos que el presidente metido en el asunto. Y se le ocurrió, porque en las mañanas siempre se le ocurren cosas, sugerir a la autora del tuit que se disculpara. La empresa puso entonces en bandeja la cabeza de la piloto, pues anunció su despido y ella lanzó un video en el que se disculpaba por su inmadurez al hacer el mensaje y pedía una disculpa ¡al presidente de México! Todo mal: la piloto, el presidente y la empresa.

Se entiende que la piloto trabaja en una empresa y que la representa –tan es así que la foto de su cuenta de Twitter era de ella en un avión. Además, los pilotos son profesionales que manejan aspectos de seguridad muy importantes para quienes usan las aerolíneas. Es claro que la empresa, como seguramente muchas en México, no cuenta con protocolos claros para sus trabajadores y sus comportamientos en las redes sociales. No parece haber espacio ya para las cuentas personales, decir que algo es a título personal tratando de marginarse de la propia empresa o gobierno, no es funcional y termina por afectar a quien tiene contratado a la persona. La gente tiene la libertad de decir lo que quiera, pero si trabaja para una empresa o un gobierno, hay legítimas limitaciones.

También podemos ver que en el caso del gobierno no hay ningún procedimiento claro sobre qué hacer y que si el presidente se mete o genera cualquier tipo de pelea, los demás lo pueden hacer, lo mismo pelearse con una joven piloto que festejar a los asesinos de un empresario. El caso del señor Pedro Salmerón es igual que el de la piloto, pero mucho más delicado. El caso de la piloto cabe completo en la canasta de la estupidez, pero el tema de Salmerón suma a la estupidez el de la provocación, el odio y la intención de arreglar a modo la historia del país para reubicar a los buenos y los malos según las filias y fobias de la nueva clase política.

En el gobierno hay una política pública muy nítida: la de la confrontación con diversos sectores del país. No se trata sólo de los demonios políticos del presidente y sus allegados sino de los que consideran enemigos del país, espacio en el que caben los empresarios y los considerados conservadores. Celebrar el odio es una de las formas de hacer política en estas épocas de la cuatroté. No es una buena política porque eso siempre termina por salirse de control. Pero parece que al presidente le divierte.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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