He incursionado en temas variados, además de interesarme por diversos asuntos, encontré un área de investigación y estudio que ha sido constante y pienso que seguirá siéndolo, porque lo encuentro en la base de todo asunto, se trata de los valores. Su estudio sistemático se inicia en el siglo XIX.
Definí los valores y así aparecen en las publicaciones en donde me refiero a ellos. Principalmente están en mis dos libros: “Valores, valoraciones y virtudes” y “Educación en valores, educación en virtudes”. Hay cinco escuelas axiológicas y muy pocos estudiosos dan definición del valor. Y de las definiciones que encontré ninguna me convenció, ni las clasificaciones.
Sin definir es precaria toda la labor pues se desconoce el punto de partida y, por tanto, tampoco se pueden hacer predicciones, ponerlas a prueba y asegurar cuáles son reales y cuáles no. Sin definir no se ofrecen oportunidades para dar uso adecuado a las cosas, para aprovecharlas o para saber si provocan algún perjuicio.
La definición que doy de valor es la siguiente: “Valor es toda perfección real o posible que procede de la naturaleza y que se apoya tanto en el ser como en la razón de ser de cada ente. Consecuentemente con esta afirmación: los valores están en toda realidad, no dependen de preferencias, suposiciones o deseos. Hay que descubrirlos. Y esos valores tienen una finalidad: un por qué y un para qué, eso es la razón de ser.
Y dicho de modo coloquial, los valores son las propiedades inscritas en cada especie. Esas propiedades no se pierden a no ser que desaparezca la criatura de esa especie o se transforme y entonces deja de ser lo que era. Los valores, como lo digo en la definición, están en las criaturas reales y los valores dan a cada realidad la respuesta a por qué son y para qué son.
Si nos enfocamos en el ser humano encontramos los valores que caracterizan a toda persona y esos no se pierden mientras la persona viva. Pero hay otra realidad que es el resultado de las actividades propias de las personas y son las sociedades. Las personas tienden a unirse con otras para aprovechar la colaboración y llevar a cabo propósitos inalcanzables en solitario.
Las sociedades no tienen que ser como lo tiene cada criatura, pero sí tienen razón de ser. Y esa razón de ser debe permanecer tal como la decidieron quienes la organizaron. Si esa razón de ser cambia, la sociedad inicial desaparece y se propicia otra sociedad si permanece alguna cohesión, si no permanece la unión de las personas la sociedad desaparece.
Por ejemplo: si unas personas se organizan y deciden fundar una sociedad altruista esa sociedad perdurará mientras sus fundadores conserven los fines originales, y si esos fines perduran, aunque haya aumento, disminución o sustitución de los fundadores de tal sociedad sigue siendo lo que era desde su inicio porque se conserva la razón de ser: el altruismo.
Pero si esa sociedad deja de ser altruista para dedicarse a promover el arte, esa sociedad cambia porque modificó su razón de ser: dejó el altruismo para promover otro asunto. Ahora deben ocuparse del terreno del arte, ya no del altruismo. Cambió su razón de ser.
La ONU fue fundada por 51 países, de ellos uno era Estados Unidos y otro Venezuela, obviamente los acontecimientos recientes nos hacen ver el cambio profundo de esos dos países, obviamente esta realidad debilita profundamente a esa organización, dentro de ella misma se vulneran sus fines.
Dos países de los cinco que se consideran fundadores han cambiado su nombre, obviamente eso modifica sus principios y su óptica. Me refiero a la República de China que ahora se denomina República Popular China, y a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas ahora conocida como Federación de Rusia. Estas modificaciones afectan la óptica social de cada país y también repercuten en la comprensión de los fundamentos de la ONU.
La ONU defiende principios fundamentales como mantener la paz y seguridad, proteger los derechos humanos, fomentar la cooperación internacional, el respeto a la soberanía de los estados, la resolución pacífica de conflictos y la no injerencia en asuntos internos, basados en la Carta de la ONU y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, buscando la tolerancia, la justicia y la solidaridad.
Concretamente señalo dos de los principios fundamentales del Capítulo 1 de la Carta de la ONU: Prohibición del Uso de la Fuerza: Abstenerse de amenazar o usar la fuerza contra la integridad territorial o independencia política de otro Estado. Y Respeto a los Derechos Humanos: Promover y proteger los derechos humanos y libertades fundamentales.
Ante todos los países es evidente que la ONU se ha pronunciado, pero no con medidas eficaces ante dos de las violaciones de las que somos testigos: una es el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países usar la fuerza para violar las fronteras de otros. No han podido eliminar ni siquiera minimizar la irrupción de Rusia en Ucrania.
Respecto a la construcción de una sociedad basada en la justicia, la verdad, la libertad y la fraternidad tampoco han mostrado fuerza para extirpar el deterioro social en Venezuela y en Nicaragua.
Es evidente que la ONU al traicionar sus propios principios ha dejado de ser la sociedad que se fundó. Traicionó sus valores fundacionales. Esta es la triste respuesta que podemos darnos al preguntar: ¿Y la ONU dónde esta?
La solución no es fácil, la idea de una organización como la ONU es necesaria para tener un foro donde personas de buena voluntad dialoguen y acudan los representantes de cada país a plantear todos sus problemas y haya la posibilidad de ofrecer propuestas favorecedoras para todos sin llegar a soluciones drásticas como es la guerra. La realidad es que esa propuesta existió, pero no cumplió su finalidad. Además de lo difícil de coordinar los intereses de todos, esa institución tampoco pudo defender y vivir sus principios.
¿Se podrá recuperar la ONU originaria fiel a sí misma? ¿Neutral y comprometida con cada país y con el conjunto de ellos?
Un aspecto objetivo que debe resolverse con la participación de todos lidereados por la ONU, si quisiera recuperarse, es la de frenar la destrucción de hospitales, infraestructuras energéticas, viviendas y lugares esenciales para la vida cotidiana. Sería ejemplar y esperanzador desterrar esa gravísima violación del derecho internacional humanitario.
Por algo hay que empezar.
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