El gran reto para el ejecutivo y para el empresario operativo es empoderar su respectiva capacidad cibernética, en todo tipo de plataformas digitales.
La obligación de navegar asertivamente el mundo digital ya no es un mito para las empresas mexicanas.
Aunque muchos mueren de ganas por que se reactiven los eventos presenciales desde bodas a convenciones, estos serán selectos y con pocos participantes.
Son pocas las ideas que llegan a concretarse, algunas no lo hacen por falta de voluntad por de quienes las conciben, algunas por ser imprácticas o inviables.
La casa era el refugio de nuestra actividad pública. Un espacio cuya función primaria era el descanso y el cuidado personal, ahora es parte de nuestro trabajo.
Los tiempos difíciles normalmente vienen acompañados de asuntos de complicación extrema y la tentación de posponer, diferir o evadir siempre estará por ahí.
 Los cobros en línea son funcionales no sólo para el comercio, sino también para distintas actividades como las instituciones que reciben donativos.
Las reuniones digitales serán productivas si se cuidan desde la conexión del equipo, la vestimenta, las presentaciones y la facilidad de interactuar de los participantes.
Para evitar una quiebra técnica y sobrevivir, las empresas deben reconfigurar su viabilidad competitiva.
Una actitud que afecta gravemente a las empresas en la actual situación, es la pasividad de algunos de sus colaboradores.
Las empresas deben contar con un Plan de Continuidad de Negocio que es útil para salir adelante de las crisis imprevistas, como la del COVID-19.
Quienes están al frente de una empresa hoy tienen que tomar decisiones basadas más en el deber que en el querer.
En los momentos más complejos de cualquier crisis, la pregunta en la empresa permanece vigente: ¿cómo lograr una conexión más profunda con el cliente?