Es necesario tomar acciones concretas contra el coronavirus, no sólo portar el “Detente”, lo que en México sí se ha hecho aunque no falta el circo de autoridades.
 A pesar de que el gobierno se dice respetuoso y promotor de le “equidad de género”, el presidente no puede disimular su misoginia.
Denuesta a la prensa “fifí”, insulta a la “minoría rapaz” y descalifica a los neoliberales, pero los hace sus aliados en lo que le favorece.
Hay una serie de problemas en el país, de problemas verdaderos, que esperan una solución inmediata, cuya dilación tiene costos altos y crecientes.
Abraham Lincoln aseguraba que se puede engañar a unos pocos todo el tiempo, o a todos un poco de tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.
La destrucción de los valores morales, tanto personales como familiares y sociales fueron abono fértil para la tragedia del Colegio Cervantes.
Ante fenómenos naturales como los incendios en Australia, ningún país está suficientemente preparado, ni en tecnología ni en educación ambiental.
Tres votos de un total de 29 impidieron que en Hidalgo los legisladores locales aprobaran la legalización del aborto.
Las ideas de la sociedad actual tratan de fundamentar que la realidad no es real.
Morena quiere cambiar la ley para que los niños puedan escoger su sexo; sin embargo, esa medida es irracional.
En la cuarta transformación, nada se hace por encima de ley, excepto si se trata de decisiones del partido en el poder.
En México, la estrategia contra el crimen organizado es fallida y el presidente piensa que se puede combatir con asistencialismo y amenazas pueriles.
La estrategia de seguridad del presidente no salva vidas, al contrario: las expone.