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AMLO no entiende que quienes lo mandamos somos los mexicanos, su papel es ejecutar las órdenes de sus gobernados, no mandar.
El debate sobre el origen del brote de coronavirus nada aporta a la solución de la crisis sanitaria y económica en el mundo.
 Nadie escapa al oportunismo de AMLO, quien ahora se escuda en la figura de Francisco para intentar legitimar sus programas sociales.
El esfuerzo que la sociedad civil ha hecho por quedarse en casa para evitar el contagio del COVID-19 ha sido vital.
Es necesario tomar acciones concretas contra el coronavirus, no sólo portar el “Detente”, lo que en México sí se ha hecho aunque no falta el circo de autoridades.
 A pesar de que el gobierno se dice respetuoso y promotor de le “equidad de género”, el presidente no puede disimular su misoginia.
Denuesta a la prensa “fifí”, insulta a la “minoría rapaz” y descalifica a los neoliberales, pero los hace sus aliados en lo que le favorece.
Hay una serie de problemas en el país, de problemas verdaderos, que esperan una solución inmediata, cuya dilación tiene costos altos y crecientes.
Abraham Lincoln aseguraba que se puede engañar a unos pocos todo el tiempo, o a todos un poco de tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.
La destrucción de los valores morales, tanto personales como familiares y sociales fueron abono fértil para la tragedia del Colegio Cervantes.
Ante fenómenos naturales como los incendios en Australia, ningún país está suficientemente preparado, ni en tecnología ni en educación ambiental.
Tres votos de un total de 29 impidieron que en Hidalgo los legisladores locales aprobaran la legalización del aborto.