El hombre es el único animal que necesita una familia

La familia es sagrada y tenemos una responsabilidad de promover las medidas necesarias para sostener y fortalecer a la familia como la unidad fundamental de la sociedad.


Familia en riesgo


“El hombre es el único animal que necesita una familia”, esta sabia afirmación proviene de un académico doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación Tomás Melendo G., quien explica además que “la persona es lo más perfecto que existe en la naturaleza y ¿no resulta extraño que los animales no necesiten familia, mientras que al hombre le sea imprescindible no solo o principalmente en función de su ‘inferioridad’ frente a ellos? Toda persona requiere de la familia justamente en virtud de su eminencia o valía: de lo que en términos metafísicos podría llamarse su excelencia en el ser, así, el ámbito natural donde se acoge al ser humano sin reservas, por el mero hecho de ser persona, es la familia”.

La mayoría de personas que creen y defienden la familia saben que hay un libro bíblico cuyas enseñanzas son una y otra vez confirmadas por la ciencia en donde tanto el enfoque sagrado como el secular se unen en una sola historia, la historia de Cristo Dios, ya que en último término, esa historia es la historia de una familia que lucha para cumplir las difíciles demandas de dos eventos convergentes: el inminente y sagrado nacimiento del Hijo primogénito, y las exigencias de un Estado burocrático indiferente.

¿Es la familia una carga o una bendición? Esta es una pregunta que para muchos no es fácil responder. Cuando se habla de familia, los representantes gubernamentales y quienes implementan políticas, conciben a la familia como un problema a resolver y como consumidora de recursos, así, prefieren referirse solamente a uno por uno de los componentes de la familia como ‘los menores de edad, o las mujeres, o los ancianos’, y no a la familia como célula social. A menudo, estos retos provienen de ruptura, que consiste en un efecto dominó de factores de riesgo provenientes de alteraciones, intencionadas o no, sobre la estructura familiar.

En lugar de ser una carga para la sociedad, la familia completa, aunque no perfecta, de padre, madre e hijos, está en la primera línea de defensa cuando existen amenazas tanto internas como externas, y comienza en su centro: el matrimonio.

Esto lo hemos visto claramente durante esta Navidad que recordamos aquella incipiente familia de Belén: ¿Adónde iría María sin el tierno cuidado de José? ¿Adónde estaría José sin la fe y la virtud de María?

Otro académico español, doctor en Derecho Pedro J. Viladrich en múltiples ocasiones declaró que existe un significativo paralelismo entre la situación de la familia y la de los derechos humanos en el mundo contemporáneo. Es posible observar, como ocurre en tales derechos, una cada vez mayor conciencia de la importancia de la familia, pero al mismo tiempo, la familia y los derechos humanos son objeto hoy de constantes y graves violaciones. Esto se advierte en la proposición y práctica de alternativas matrimoniales y familiares.

Vivimos en un mundo que busca borrar distinciones entre sexo y género, hombre y mujer, esposa y esposo, madre y padre, masculino y femenino. Además, ya sea que los óvulos y el esperma sean incorporados y unidos artificialmente, provenientes de donadores en un banco de congelamiento, aun así, se necesita de un hombre y una mujer para procrear a un ser humano.

Hoy, las mujeres son muy listas y capaces en la vida pública, negocios, etc., pero el hecho de concebir y tener a un hijo que dependa de ellas, crea un cierto estado de vulnerabilidad. De esta manera, el matrimonio es el antídoto de la vulnerabilidad que mujeres y niños experimentan.

Sin embargo, la vulnerabilidad no es signo de debilidad. Cuando se habla de matrimonio y maternidad muchos conceptualizan el embarazo como una afronta al empoderamiento de la mujer, en lugar de ser una capacidad trascendente y creativa poseída exclusivamente por las mujeres.

La respuesta feminista ha sido la de pulverizar la vulnerabilidad de su sexo a través de la anticoncepción y el aborto; aplastar el instinto masculino (paternal) de proveer y proteger, y obscurecer y suprimir las distinciones masculino y femenino.

Sabemos que la vulnerabilidad no es debilidad, sino valentía, coraje. María hubo de tener mucho coraje, ser muy valiente en afirmar su embarazo antes de que su matrimonio con José fuese consumado. Tuvo mucho de coraje el que José haya creído a María y aceptar el cargo de protegerla y cuidar la Vida del que Ella llevaba dentro de su vientre.

Así, es de una persona valiente comprometerse en el matrimonio y formar una familia, confiar y tener fe en que otra persona pondrá todo su bienestar en su unión y en la prole resultante de dicha unión, antes, y frente a todo lo demás que pueda suceder.

Si nos situamos en la actualidad, los resultados de la ‘revolución sexual’ han traído como consecuencia la práctica de alternativas matrimoniales y familiares, pero ¿en qué otra época de la humanidad ha habido tal cantidad de bibliografía sobre alternativas familiares, propuestas ideológicas filosófico-políticas, literatura, políticas demográficas de organismos internacionales, movimientos reivindicativos en materia sexual, del matrimonio y la familia, cambios legislativos del Derecho de familia del más diverso signo que reflejan la realidad concreta donde coexisten las más heterogéneas conductas matrimoniales y fórmulas sexuales?

Todo esto coincide con una degradación de aquellos índices de calidad humana de la convivencia social, y está directamente relacionado con el acierto o fracaso de las estructuras familiares.

Algunos ejemplos que se experimentan actualmente por todas partes y en nuestra sociedad son: descenso de la tasa de matrimonios contraídos y de la natalidad, incremento de anticoncepción con medicamentos, el aborto tanto clandestino como legalizado, rupturas matrimoniales de hecho y de derecho, incremento del número de niños abandonados y maltratados, suicidio infantil y juvenil, delincuencia, drogadicción y alcoholismo juvenil, índice de delitos sexuales y violencia sexual, envejecimiento poblacional. Un ejemplo más es la ‘poligamia serial’, es decir, dos o más esposas(os) en serie. Además, hoy es muy común vivir en ‘cohabitación’ y/o suprimir la procreación, también lo que Oscar Wilde llamaba “el amor que no se atreve a decir su nombre”, es decir, la homosexualidad y otras variaciones, que han salido a la vista de todos, con derechos y activismo político nunca antes visto.

El académico Viladrich nos dice que lo que está en peligro en el trasfondo de la crisis de la familia es “la suplantación o el rescate de la naturaleza ‘natural’ del hombre, la enajenación o la salvaguarda de su condición y dignidad de persona humana única e irrepetible, libre y responsable de sus actos. Cual sea la naturaleza de la persona humana –varón y mujer–, tal la del matrimonio y tal la de la familia. Cual sea la familia, tal la sociedad, tal el hombre”.

¿Cuál es nuestro papel en la historia familiar navideña que acabamos de celebrar? María y José nos sirven de gran modelo de dedicación, determinación y devoción a la Verdad, al significado y a lo sagrado. La familia es sagrada y tenemos una responsabilidad de promover las medidas necesarias para sostener y fortalecer a la familia como la unidad fundamental de la sociedad.

Finalmente, es ilustrativo mencionar tres convicciones útiles del Dr. Tomás Melendo que ayudarían mucho a la sociedad actual:
a) Una fe absoluta en el ser humano, en su capacidad de rectificar el rumbo y superarse a sí mismo.
b) El hombre/mujer actual necesitan advertir su propia excelsitud, pero actuar conforme a ella y alcanzar la propia perfección y la dicha consiguiente.
c) El ‘lugar natural’ para –aprender a ser persona–, el único verdaderamente imprescindible y suficiente es la FAMILIA.


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