Bolivia: ¿regresará Evo Morales?

A fines de 2005, el líder minero Evo Morales gana las elecciones postulado por el MAS (Movimiento al Socialismo).


Evo por la presidencia


Entretenidos como estamos por el aumento del número de muertos causados por la pandemia del COVID-19, por la explosión en Beirut, por la campaña electoral en los Estados Unidos y por la imparable ola de asesinatos causados por el narcotráfico, resulta natural que nos distraigamos de tal modo que no prestemos atención a una tragedia que está a punto de producirse al sur del continente americano.

Nos referimos a Bolivia, país que tendrá elecciones presidenciales el cada vez más próximo domingo 18 de octubre.

Bolivia es un país famoso por sus riquezas mineras. Suele llamársele la Suiza Americana por sus altas cumbres y porque, al igual que la Suiza Europea, carece también de salida al mar. Rasgo característico de este país es su altiplano de cuatro mil metros de altura, donde se asienta el lago Titicaca, el de mayor extensión en toda América del Sur. La superficie de Bolivia es de poco más de un millón de kilómetros cuadrados y su población sobrepasa los doce millones de habitantes.

Durante el pasado siglo XX -especialmente durante la segunda mitad- Bolivia fue sinónimo de inestabilidad política puesto que poco duraban los gobiernos ya que la manera habitual de llegar a la presidencia solía ser mediante un golpe de estado.

Ante todo, esto, lo más natural fue que la inestabilidad política ocasionase inestabilidad económica.

Un total desastre económico puesto que, a mediados de los años 80. la inflación alcanzó la cifra de 20 mil 561 por ciento (Sí, amigos lectores, leyeron ustedes bien: Una inflación anual de más de 20 mil por ciento)

Es entonces cuando sube al poder un antiguo izquierdista que venía ya de regreso, Víctor Paz Estenssoro quien, en menos de dos años, logró reducir la inflación a tan solo el 9.1 por ciento. Era el año de 1987.

Claro está que todas estas altas y bajas crearon una incertidumbre económica que acabó empobreciendo a la población.

A fines de 2005, el líder minero Evo Morales gana las elecciones postulado por el MAS (Movimiento al Socialismo). Se consolida en el poder, impone un régimen socialista y no tarda en convertirse en fiel aliado de la Venezuela de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro.

En octubre del año pasado, debido a las presiones de un pueblo cada vez más empobrecido y descontento, el ejército le reclama a Evo Morales su injerencia fraudulenta en los comicios obligándolo a renunciar.

Fue por aquellos días cuando López Obrador hizo otro de sus acostumbrados ridículos a nivel internacional cuando se trajo desde Bolivia al derrocado presidente y cuando lo recibió con todos los honores. Actitud torpe que fue criticada a nivel mundial.

Su puesto es ocupado por Jeanine Añez quien asumió el cargo comprometiéndose a organizar elecciones libres lo más pronto posible.

Unas elecciones que, debido a la pandemia del coronavirus, se han venido retrasando.

En estos momentos, son tres los candidatos que habrán de competir el 18 de octubre: Luis Arce, postulado por el MAS o sea apoyado por Evo Morales, la presidenta interina Jeanine Añez y el expresidente Carlos Mesa.

Aquí el riesgo se encuentra en que el candidato de Evo Morales cuenta con el fuerte apoyo de los poderosos sindicatos mineros, en tanto que los derechistas Jeanine Añez y Carlos Mesa no han logrado superar sus diferencias.

Según las encuestas, todo parece indicar que habrá de triunfar el candidato del MAS.

Sin embargo, si el 18 de octubre el candidato triunfador no obtiene la mayoría absoluta se verá obligado a presentarse a una segunda vuelta para competir con quien quede en segundo lugar.

Es aquí donde los candidatos derechistas (Carlos y Jeanine) tienen la oportunidad de salvar la recuperada pero débil democracia boliviana. Bastará con que integren un frente común que impida que los bolivarianos de Evo Morales regresen al poder.

Ahora bien, si persisten las discordias -fruto de envidias y soberbias- no podrán completar los votos suficientes para impedir el retorno del populismo.

Un populismo que regresa con ganas de tomar la revancha, ajustar cuentas e imponer un régimen mucho más autoritario que el de Evo Morales.

Confiemos en que imperen la cordura y el ideal patriótico, pues solamente así no solamente se salvará Bolivia, sino que su salvación podría ser el principio del fin de la dictadura que Nicolás Maduro ha impuesto en Venezuela.


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