El riesgo está vigente, cuidémonos

 En vista de que tenemos un gobierno torpe que en materia de salud no ha sabido tomar las decisiones adecuadas y que sólo se preocupa por fomentar odios y divisiones, urge que seamos nosotros los que nos cuidemos.


Riesgo pandemia


Después de varios meses de forzada reclusión domiciliaria, los gobiernos tanto locales como federal han decidido pasar de la alerta roja a la alerta naranja lo cual supone –al menos en teoría– que todos tengamos un respiro.

Un ligero respiro que significa que cines, restaurantes, templos, centros comerciales y demás lugares de reunión vuelvan a funcionar, aunque sea a un nivel inferior al 50 por ciento.

Eso sin contar el Centro Histórico de la Ciudad de México que –a pesar de las restricciones– va recobrando poco a poco la perdida normalidad.

No nos cabe la menor duda de que, de haberse prolongado por más tiempo el confinamiento, los efectos sobre la economía serían catastróficos puesto que la quiebra de un gran número de empresas ocasionaría miles de desempleados.

Quizás por eso, ante el temor de una quiebra catastrófica a nivel nacional fue que las autoridades decidieron aflojar las medidas restrictivas.

Aunque las condiciones sanitarias fuesen totalmente adversas…

Efectivamente, la decisión de ir aflojando los controles no fue una decisión avalada por la medicina sino más bien apoyada en intereses políticos y económicos.

Las presiones de los poderosos grupos empresariales, así como el temor de que aquí pudiera provocarse un colapso financiero que podría desestabilizar políticamente al régimen fue determinante a la hora de tomar una decisión que los directivos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) consideran no sólo inoportuna sino incluso imprudente y peligrosa.

La pandemia no ha disminuido ni da señales de hacerlo. Al contrario, va en aumento y –al imponer una normalidad que es totalmente irreal– esto hace que salga peor el remedio que la enfermedad.

No nos engañemos creyendo que, al ver cómo las autoridades aflojan, podemos hacer lo mismo que hacíamos hace seis meses cuando asistíamos a reuniones multitudinarias.

Urge que la ciudadanía tome conciencia del grave peligro que nos amenaza a todos y que va creciendo en proporción no solamente geométrica sino incluso exponencial.

En vista de que las autoridades adoptan decisiones imprudentes, URGE que sean los ciudadanos quienes tomemos las oportunas medidas sanitarias.

Urge que nos cuidemos más que antes puesto que desde que se decidió aliviar el confinamiento el peligro será aún mayor.

En otros países –España, por ejemplo– las autoridades prácticamente establecieron un toque de queda que equivalía a un arresto domiciliario de la totalidad de los españoles.

Un arresto domiciliario que duró varios meses, que fue apoyado por el ejército y que no se aflojó hasta que las autoridades consideraron que el riesgo se había reducido al mínimo.

Desgraciadamente, aquí en México tan imprudente decisión se tomó sin que se llegara al pico de la pandemia y –por supuesto– sin que se aplanase la curva fatídica.

Y tan imprudentes decisiones lo único que ocasionan es una catástrofe a muy corto plazo.

Esa es la razón por la cual insistimos y volvemos a insistir en que seamos los ciudadanos quienes nos cuidemos ahora mucho más que antes.

En vista de que tenemos un gobierno torpe que en materia de salud no ha sabido tomar las decisiones adecuadas y que sólo se preocupa por fomentar odios y divisiones, repetimos, URGE que seamos nosotros los que nos cuidemos usando mascarillas, evitando saludos y abrazos, conservando la sana distancia y saliendo de nuestros hogares únicamente para lo indispensable. La situación no solamente no ha cambiado, sino que incluso ha empeorado.

En otro orden de ideas y ya para concluir.

La situación en México es tan dramática y los hechos violentos se suceden con tal rapidez que la tragedia de ayer el día de hoy ya no es noticia.

¿Quién se acuerda del juez que, junto con su esposa, fue asesinado en Colima hace algunos días?

Y es que, después del atentado contra Omar García Harfuch, jefe de la policía capitalina, una mala noticia es desplazada por otra aún peor.

Eso sin contar los cerca de treinta asesinados en un centro de rehabilitación en Irapuato.

El atentado contra García Harfuch es mucho más grave de lo que pudiera pensarse puesto que es una prueba evidente del inmenso poder que han adquirido los carteles de la droga.

Verdaderos ejércitos con armas de alto poder que, si llegasen a coordinarse entre todos ellos, podrían poner en jaque al Estado.

Así pues, entre la pandemia del COVID-19 que se extiende como plaga medieval y entre la posibilidad de ser acribillados en el enfrentamiento entre narcos y policías, andamos todos con el “¡Jesús!” en la boca.

Ante unas autoridades sectarias e incapaces de darnos seguridad no nos queda otra alternativa que ser nosotros mismos quienes nos cuidemos.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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