El dilema de la legalización de las drogas

Conforme van pasando los días, más cuenta nos damos de que la propuesta de rifar el avión presidencial, más que una “ocurrencia” fue un elemento distractor.


Drogas libres


Mientras millones se distraían haciendo “memes” y chistes, o analizando que ocurriría con el infortunado ganador del Boeing presidencial, la realidad es que la opinión pública no prestaba ninguna atención a diversas iniciativas legislativas entre las que destaca la posible legalización de la mariguana.

Hace ya varios años que dicha cuestión se expuso ante la opinión pública e incluso hubo quienes dijeron que, en caso de legalizarse, se abarataría el consumo y ¡el colmo! que los narcotraficantes desaparecerían como por arte de magia del ensangrentado escenario mexicano.

Como ya en otra ocasión lo hemos dicho, consideramos que jugar con la posible permisividad del consumo de drogas es algo tan peligro como jugar con explosivos.

Por lo pronto, empezaremos diciendo que todo consumidor habitual es un traficante en potencia: El drogadicto no tendrá ningún escrúpulo en pasar a vender tóxicos, lo cual le resultará sumamente fácil al encontrar el apoyo de leyes que lo permiten.

Pudiera decirse que el problema es de quien consume las drogas puesto que si su salud se deteriora eso es cosa suya y no del resto de la sociedad.

Tal afirmación es un sofisma puesto que quien consume droga acaba perdiendo valores morales.

Y mientras sean más quienes lo hacen se va deteriorando el tejido social puesto que el drogadicto –con tal de conseguir su dosis– será capaz de todo no importándole robar o matar.

Capaz de todo con tal de que no le falte una dosis que irá en aumento conforme más se consuma.

En caso de que se llegasen a legalizar las drogas, el gran beneficiado no sería el famélico campesino que cultiva amapola; el gran beneficiado sería el intermediario que le compra el producto para dárselo a los distribuidores, con lo cual las cuantiosas ganancias quedarían en manos del crimen organizado.

El hecho de que no existan trabas legales no hará disminuir el consumo, sino que éste aumentaría gracias al apoyo dado por la publicidad en prensa, radio, cine y televisión.

Se acabaría promoviendo una sociedad adicta y enferma con lo cual se cumpliría aquel viejo dicho según el cual “quien siembra vientos cosecha tempestades”.

Que no nos extrañe que, debido a que aumenta el número de drogadictos, un trágico día veamos a uno de estos sujetos circulando en sentido contrario por una autopista y a una velocidad superior a los 180 kilómetros por hora.

¿Verdad que el que la gente se drogue no solamente perjudica a los viciosos?

En fin, más que legalizar las drogas, lo que hay que hacer es alejar a las personas de los estupefacientes disminuyendo la demanda mediante tratamientos preventivos y –de manera muy especial– robusteciendo la moralidad de las familias.

Robustecer la moralidad de la familia: He ahí el “quid” de la cuestión.

Un tema mucho más interesante que el ponerse a divagar sobre si se rifa o no un avión y sobre lo que hará con él el pobre diablo que tenga la mala suerte de resultar ganador.

Ganas de perder el tiempo y de distraernos, y lo que muchos ignoran: que el gobierno pretende rifar un avión que ni siquiera es suyo.

En vez de perder el tiempo, mejor preocupémonos de otras cuestiones que pretenden ocultarnos.

 

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