El neolenguaje y el aborto

Además, antes de ese espantoso procedimiento, le hacen firmar a la madre (por cierto, el término de “madre” está prohibido en los abortorios) un documento en el que la clínica no se responsabiliza por perforación del útero, por infertilidad, ni por la muerte de la mujer.


Debate sóbre el aborto


A propósito del intento de despenalización del aborto en Veracruz, y del fallo de la Suprema Corte sobre el particular, se ha vuelto a poner a debate nacional este tema tan controvertido. Pero el tema es controversial, entre otras cosas, por el uso engañoso de la lengua, que tiende a crear un clima cultural favorable al aborto que hace, de un asunto realmente siniestro, algo que muchos celebran como el derecho que tiene la mujer a “decidir sobre su cuerpo”. Además, ese pretendido “derecho” de la mujer se presenta como un simple tema de “salud reproductiva”, que tiene como fin la “interrupción voluntaria del embarazo” en un procedimiento “seguro” y limpio.

Vamos por partes. ¿Toda mujer es dueña de su cuerpo? Sí y no. En general, casi nada le impide a la mujer decidir sobre su cuerpo. Pero si, por ejemplo, vende uno de sus riñones, estaría incurriendo en un acto ilegal, lo mismo que si alquila su vientre para vender al niño al nacer (en Ucrania es legal la gestación subrogada, de ahí el escándalo de los bebés por encargo cuyos compradores no podían acudir a recogerlos por la pandemia). Fuera de eso y de algunas cosas más, la mujer puede decidir sobre su cuerpo: pintarse o no pintarse; teñirse el cabello o rapárselo; ponerse a dieta, vestir pantalones, falda, zapatos de tacón o tenis, etc. Lo que no debe hacer es atentar contra el cuerpo de otra persona, que no es el suyo, por más pequeña que ésta sea, porque todos fuimos, alguna vez, microscópicos, o pesamos sólo 100 gramos, y después 200, y así hasta el nacimiento. La vida es un continuo. La nueva vida que crece en el vientre materno no es, como dicen los defensores del aborto, “más que un material biológico potencialmente humano”. Lo que está en potencia es que nazca, pero en perfecta lógica aristotélica ya es, en acto, un ser humano, desde que fue concebido. La inmensa mayoría de las mujeres que abortan, son convencidas por quienes tienen a su cargo las clínicas dedicadas al aborto, sean públicas o privadas, de que aún no se trata de un ser humano lo que portan en su vientre. En las manifestaciones antivida en ciertos países, las feministas exhiben carteles que dicen “My body, my choice, no debate”. No admiten debate, porque saben que lo pierden. Por el contrario, algunas organizaciones provida ponen cerca de las clínicas de aborto unidades móviles equipadas con aparatos para hacer ecografías a las mujeres que desean saber lo que hay en su vientre, antes de tomar la fatal decisión. Cuando la mujer accede a tomarse la ecografía y ve a su bebé en gestación decide, en su mayoría, seguir con su embarazo. Estas asociaciones le ofrecen apoyo durante el embarazo y después del nacimiento del bebé, con tal de salvar las dos vidas: la de la madre y la del hijo.

¿Es realmente el aborto un tema de “salud reproductiva”?

Quien sabe que para practicar un aborto, el abortero o abortera (me resisto a llamarle médicos, porque ellos tienen vocación para salvar vidas, no para provocar la muerte, además de que tengo un hijo que es médico), existe el método del desmembramiento del bebé en el seno materno, o la bomba de succión que tiene el mismo efecto, o los productos químicos para envenenarlo. Además, antes de ese espantoso procedimiento, le hacen firmar a la madre (por cierto, el término de “madre” está prohibido en los abortorios) un documento en el que la clínica no se responsabiliza por perforación del útero, por infertilidad, ni por la muerte de la mujer.

¿Se puede interrumpir un embarazo?

Cuando un proceso se interrumpe, por cualquier motivo, se tiene siempre la oportunidad de reanudarlo. Pero, ¿una vez interrumpido un embarazo, se puede reanudar el mismo? No, no se puede. Dicho de otra manera, una vez “interrumpido” el embarazo, no existe ninguna posibilidad de reanudarlo, porque se ha practicado un aborto que significa la muerte del ser humano que se gestaba en el seno materno. Para paliar este terrible hecho, se habla de “aborto terapéutico” y de “aborto seguro”. ¿A quién curan los aborteros con su “terapia” llamada aborto? ¿Esto supone que el embarazo de la mujer es una enfermedad? Por otra parte, se dice que el “aborto legalizado es seguro”. Además de los evidentes riesgos de perforación del útero, de posible infertilidad de la mujer y de su muerte, lo único seguro en el aborto es la muerte del bebé. Los efectos emocionales que provoca el aborto en las mujeres es devastador, y algunos de estos efectos duran toda la vida.

¿Es el aborto un derecho humano?

Quienes son partidarios de la subcultura de la muerte mienten siempre, para justificarla, con cifras abultadas pretendiendo que legalizar el aborto es una medida que lleva, como mal menor, a salvar la vida de las mujeres. Esas miles de mujeres muertas en abortos clandestinos sólo existen en la mente de los que las publican, y en los medios de comunicación afines (que son casi todos) que se las creen a ojos bien cerrados. De cualquier manera, siguen existiendo abortos clandestinos, incluso en donde está legalizado. Nadie sabe, nadie ha sabido nunca, las cifras macabras de las muertes de mujeres y de niños. Es lo que se llama una cifra negra. El engaño llega incluso a las personas que deben estar mejor informadas. En todas partes (medios, tribunas parlamentarias, universidades, etc.) se considera “un derecho humano el aborto”, sin la menor idea de lo que realmente son los derechos humanos.

Un ejemplo de la manipulación del lenguaje, para tratar de engañar al pueblo llano es el de la diputada Marta Tagle, que en su columna en el periódico Reforma del 29 de julio de este año, hace una especie de resumen (sin quererlo) de los principales sofismas, escondidos en esa especie de neolengua, que bien domina, porque afirma, en su columna titulada (oh, ironía) “Aborto Legal para no Morir”, que es “obligación del Estado garantizar el derecho a la salud de las mujeres, niñas y adolescentes, los derechos reproductivos y la interrupción legal del embarazo” Además, citando la constitución del estado de Veracruz que establece “el derecho a la vida desde la concepción”, afirma la diputada que impacta en “el derecho de las mujeres al aborto legal y sus repercusiones en la salud, la vida y la libertad de las mujeres” […] “la legislación penal actual en materia de aborto (en Veracruz) es violatoria de los derechos humanos de las mujeres e implica discriminación y violencia en su contra”. Lo que la diputada Tagle no considera es que, si a alguien se le hace violencia, es al pequeño ser humano en gestación, es al pequeño varón y, sobre todo si hablamos de mujeres, a la pequeña mujer que lo único que quiere es que su madre la proteja para poder nacer. También afirma la diputada Tagle que las leyes provida implican discriminación. Es al revés, diputada, a cualquier bebé al que se le impide nacer, se le está discriminando por ese mismo hecho.

Otras estadísticas mentirosas (se dice que los números no mienten, pero se puede mentir con los números) son las que se refieren a las mujeres en la cárcel –es lo que se llama la criminalización de la mujer– por haberse practicado un aborto. Puede ser que haya mujeres encarceladas por haberse practicado un aborto después de las doce semanas, como establece la ley en la Ciudad de México. En este caso, resultaría totalmente legal que, tanto la mujer, como los que intervinieron en el aborto debieran someterse a proceso penal. Sin embargo, el 98% de quienes están encarcelados por motivo de abortos ilegales son hombres y sólo el 2% son mujeres. En algunos estados de la República el aborto está penalizado con penas alternativas, que van desde servicio comunitario, hasta pláticas a mujeres que han abortado o quieren abortar, etc.

Analicemos ahora los plazos que diferentes países establecen para que pueda practicarse un aborto. En la Ciudad de México es de 12 semanas, en España es de 14, en Estados Unidos, algunos estados consideran que hasta las 16 semanas hay un ser humano en el vientre de una mujer y otros, como Nueva York, que establece que se puede practicar un aborto hasta poco antes de nacer. No hay nada más anticientífico que estos plazos “legales”. ¿Existe alguna evidencia de que antes de las 12 semanas no hay un ser humano en el vientre materno? ¿En la mañana o en la tarde? ¿Y al día siguiente o el día anterior? Quienes defienden el aborto dicen que antes de las 12, o 14, o 16, o 18, o antes mismo de nacer, es solamente un amasijo o bolsa de células potencialmente humanas. ¿En qué momento mágico se convierte en ser humano lo que un día antes o unas horas antes no lo era? La ciencia nos dice que la vida humana comienza desde la concepción. Mientras más se profundiza sobre este tema, más se refuerza este hecho: el mapa del genoma humano, además de las etapas de la gestación, lo confirman, la vida es un continuo.

Otra cosa que las feministas radicales no entienden es que, si defienden el aborto pretendiendo defender los derechos de las mujeres, en realidad defienden el aborrecido machismo. Me explico: en el embarazo, necesariamente interviene un hombre, sin embargo, en su discurso las mujeres que defienden el aborto ignoran al hombre; al hombre irresponsable no le pasa nada, lo cual convierte su discurso a favor del aborto en un discurso machista al uso entre feministas. Si es que el embarazo es producto de una violación, el violador queda sin castigo. Si no lo es, el hombre es protegido por las feministas y absuelto de toda responsabilidad. Si alguien tiene que pagar la irresponsabilidad del hombre y de la mujer, es el inocente bebé que es condenado a muerte sin juicio alguno. ¿Por qué el más sanguinario de los criminales merece un juicio justo y un inocente bebé no? Todo reo de muerte merece una defensa de su vida. Por favor, señoras feministas, se les conmina a que consideren lo siguiente: someter todo posible aborto -y al niño o a la niña que, si nadie se lo impide, va a nacer- a un juicio justo para no convertir el útero materno en una especie de corredor de la muerte.

 

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