Lo que no se ve desde Palacio Nacional

Hay temas que, por más que uno quiera o se lo implore a los dioses del estadio, el presidente López nada más no los ve.


Palacio nacional


El avion… el aviooooón

Hay temas que, por más que uno quiera o se lo implore a los dioses del estadio, el presidente López nada más no los ve; ya sea por estrategia, miopía, deficiente asesoría; por orgullo o vanidad como dice el cantautor.

“Será el sereno”, como sostenía mi agüe, destacada filósofa urbano-doméstica, pero el caso es que hay una multitud de cosas, sucesos, avatares, decires y venires, que el inquilino de la vivienda denominada Palacio Nacional que, para él y su familia tiene renta congelada, no percibe, no quiere, no se le da la gana o –como señalaran los clásicos– “¡ni máiz que quiere ver!”

Para abrir boca

En tanto que Veracruz, Tabasco, Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán se ahogan por culpa de una tal Hannah; en miles de hogares la estufa la sala, el refri y varias pantallas salieron nadando con rumbo desconocido, el presidente López ni se enteró. Lo relevante era la rifa del orgullo neoliberal.

Ahora que, ya se rebasaron los 43 mil muertos por COVID19, que de acuerdo con un prominente científico, la cantidad supera con más del doble la cantidad del “Centinela” de López Gatell que salió más chafa que un paraguas chino vendido en oferta en Tepito Village, el mandatario, tampoco se enteró.

Bueno, hay un punto clave: si no supo dónde estaba Lozoya, menos identificará las comunidades del sureste o lo que significa ser doctor, enfermera, personal de limpieza o laboratorista en un hospital COVID. No se enteró, porque lo único que comentó en la liturgia matinal fue, que todavía había un montón de camas disponibles… por si a alguien se le ofrecía.

Tres regalos

Para el mandatario macuspanensis hay temas pandora, conceptos “tabú”, asuntos reservados al arcano de los iluminatti; por eso, ni mis bellísimas lectoras y geniales lectores lo escucharán jamás aludir –“eludir”, sí– a hablar de cosas incómodas como la economía… la generación de empleos, de los millones de personas que no tienen empleo desde hace meses.

Tampoco hará mención de la compactación que está haciendo de la clase media, que, por gravedad, se ha incorporado al mercado informal, que de paso, le hará bajar la recaudación que tanto anhela y requiere para su campaña 2021.

De la salud, del infumable INSABI, de la asfixia a la cultura, de la presión a los profesionales de la comunicación que le evidencian sus errores. Tampoco será parte de la agenda lechera.

No lo volveremos a escuchar, por mucho tiempo, referirse a los índices de seguridad, de los homicidios, de los delitos contra las mujeres o de los niños con cáncer; tampoco de los chicos que difícilmente regresarán a estudiar, porque cuando sus padres se incorporaron al comercio informal, fue necesario que ellos los acompañaran a trabajar para ganarse el sustento. Eso del “trabajo infantil”, tampoco es tema presidencial.

La maldita realidad

No deseo abrumar con más cifras… Si usted es de los privilegiados que tienen empleo o trabaja por su cuenta y tiene que salir de casa, ¿ya se dio color de cuántos negocios cerraron ya definitivamente? ¿Cuántas microempresas desaparecen cada mañana?

¿Cuántos jefes de familia con algún enfermito en casa, fue dado de baja en el IMSS, por el aumento en la gasolina que jamás volvería a subir; y también, por los cobros excesivos del “jefe” Bartlett a los hogares, escuelas, edificios públicos y en particular, a los pequeños negocios?

Con la pena, pero eso está fuera del radar de Palacio. En Guanajuato, casi ocho mil negocios han cerrado en solo un mes. Tampoco se ve la quiebra de hoteles, restaurantes y sitios de entretenimiento, porque el Festival Internacional Cervantino dejará de percibir varios millones de dólares.

Primero los pobres

Como coinciden Beatriz Pagés y Denisse Dresser, se cumple la profecía presidencial. Hoy, los pobres de este país –los que van en aumento y el presidente tampoco ve– son los directamente impactados en el plano laboral, social, educativo, cultural y por supuesto, económico.

El país se hunde, pero eso no se ve desde Palacio Nacional.


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