Galimatías es el nombre del juego

Al cada día más abandonado presidente López, no acaban de salirle sus temas agenda, por lo menos en el plano de algo medianamente presentable.


Rebatinga en el gobierno


De Güemez

Antes era por curiosidad; luego por seria preocupación responsable. Pero ahora, las soporíferas intervenciones del rockstar López Gatell, se prestan generosamente al meme, al escarnio y a la botana en todos los medios serios de este país.

No es para menos, el todavía subsecretario dio una “explicación científica” de 7 minutos para asegurar que el COVID-19 no se transmite con los fluidos de la relación sexual… ¿Maravilloso lenguaje, no? Digno del filósofo de Güemez.

Pero el joven López Gatell, el querubín del presidente –porque “el hijito” es Santiago Nieto– es el candidato ideal para suplir al Kohoutek Jorge Alcocer, ubicado en perihelio del gabinete –porque está muy cerca del sol ejecutivo y sólo se le ve entre los mortales, muy de vez en cuando– para decirlo amablemente.

Como en botica

Al cada día más abandonado presidente López, no acaban de salirle sus temas agenda, por lo menos en el plano de algo medianamente presentable. Entre lo reciente, el intercambio de loas, elegías e incienso con Trump, para que unos días después el estadounidense volviera a hablar mal de México, y –a la velocidad del rayo– el ejecutivo mexicano procedió a exculparlo y luego purificarlo como el más preclaro exégeta de la 4T.

De todo, como en botica, acostumbraba decir mi santa agüe. El mandatario no acaba de salir de una, cuando ya le brincó la otra. Como dijera el destacado filósofo urbano Tres Patines: “Aquí, como todos los días”. Y es que le pasa de todo. Regaña al secretario de Hacienda, le renuncia Jiménez Espriú; se desaparece Bartlett, doña Olga sigue con la cantaleta del aborto; Ackerman dando pataditas y refunfuñando al más puro estilo de Marga López, porque su recomendada no quedó para reventar al INE.

Encima de todo, la pregunta obliga: ¿Ya se contabilizan –en la cuchareada estadística oficial– los casi 40 mil muertos –que podrían ser muchísimos más, pero escondidos en el disfraza de obesidad, tabaquismo, insuficiencia renal o diabetes– y que el presidente López sigue presentando como éxito derivado de domar, derrotar, vencer y exterminar la pandemia?

Pa’cabarla

Por si había duda de que el mandatario tiene las manos metidas, –hasta los metatarsos de los pies– en la tarea de tronar al INE y ser él, “el guardián de las elecciones”, cuando Mario Delgado salió de la entrevista con el presidente, aparte de los naturales debates y descalificaciones del caso, ni las propias huestes morenistas se han puesto de acuerdo… Esto es, una cosa es el macuspano y otra, muy distinta es cada fuerza imperial de Morena.

Los muertos que vos matáis…

Y de verdad que la rebatinga entre los favoritos del presidente y los predilectos del imperio, se encuentra a todo lo que da.

Ackerman acaba de acusar –la nota aparece en político.mx– a Ricardo Monreal de ser “un cáncer” para el partido y que sólo se mueve por dinero. Es decir, el burro hablando y disertando sobre las orejas. Además de que el odio jarocho del propio Ackerman versus Monreal, se dio a partir de una entrevista que éste último le concedió a Loret de Mola. Para el dogmático marxista-leninista y millonario, el pecado de Monreal clama al cielo, aunque no crea en él.

El espectáculo más grande

Pero, el papelazo del gobierno federal se alcanza en lo que Marko Cortés, líder nacional del PAN, calificó como un circo. Y no es para menos. La parafernalia, coreografía, coros, orquestación, producción, postproducción, guionistas y hasta dobles (stunts) de alto riesgo, entraron a escena con el arribo de Lozoya.

Alguien dejó caer en el portafolios de algún reportero, el tema del doble empleado para suplantar al exdirector de Pemex y hombre de confianza de Peña Nieto. Este hecho se opacó ante el papelazo presidencial, primero, asegurando que Lozoya estaba en el Reclusorio Norte, luego, haciendo tragar camote a Alfonso Durazo que no tenía la más peregrina idea de donde tenían al extraditado; y como todavía, el INSABI no cuenta con instalaciones apropiada para casos como éste, pues se dice, llevaron a Lozoya a un “hospital privado”.

Seguro

Así, bellísimas lectoras y amables lectores, en vez de construir Bien Común, lo que se construye en México es un monumento al mal común, porque todo indica que Galimatías, es el nombre del juego. Al tiempo.


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