Hablar o no hablar: perdió la oportunidad

Muchos observadores, comentócratas, opinólogos y analistas se unieron a las voces del pueblo sensato y realista: En la telereunión del G-20, que –por favor– no se le ocurra hablar. A pesar de ello, AMLO habló.


Quieren imitar a AMLO


Sorprendente

Así. Calificada como “sorprendente”, es la capacidad comunicadora del presidente López. Un caso: a los reporteros que le ayudan a salir de los apuros en las mañaneras, les ha llegado a dar respuestas de 45 minutos, y siempre –dice Gómez Leyva– el presidente vuelve “a su gusano”, chiste que en alguna otra oportunidad compartiré con mis adorables lectoras maravillosos lectores.

Pero, así como resulta asombroso, todo parece indicar que es una forma de pensar, hacer y poner en operación al Club de Aplaudidores del Divino Caudillo –CADIC, por sus siglas– de esta forma todo lo que se diga o se integre a una conferencia de prensa o declaraciones banqueteras, deberá encuadrarse en los lineamientos estratégicos siguientes:

1. Sistema de loas, elegías y alabanzas pletóricas de incienso –aunque lo tiznen– dirigidas al líder supremo. No limitarse en las florituras literarias y la poesía, o en la retórica o las metáforas que se estimen oportunas. Así es factible comprender los excesos en la elocuencia del señor Ackerman que le otorgó el grado de Summa Cum Laude Non Pe Lustra al científico mandatario mexicano.

2. Evidentemente, esa postura ackermaniana, le recuerda al escribano el veterotestamentario chiste del niño judío en la escuela católica, cuando la madre superiora en un examen, le pregunta “¿Quién es el personaje más extraordinario en la Historia de la humanidad?”, prometiendo dar 10 dólares por la respuesta correcta. Sin pensarlo mucho, el niño judío responde: “Jesús de Nazareth, hermana”. La superiora se acerca al pequeño y repregunta: “Aquí están tus 10 dólares, pero dime, ¿de verdad Jacobito, tú crees que Jesús es el personaje más extraordinario en la historia de la humanidad?” Y el niño contestó: “¡Claro que no, hermana! Ese lugar es para Moisés... Lo que pasa es que “negocios, son negocios, hermana”.

Pero hay que distinguir

3. Una cosa son las gracejadas y los chistoretes de las mañaneras y otra, muy distinta es, que cualquiera del gabinete lo quiera imitar. Recordemos: No es lo mismo AMLO que Morena, o cualquiera del gabinete. Las segundas imitaciones suelen resultar nefastas, cursis y ridículas, aunque al ungido le resulten maravillosamente bellas. Es la tentación en la que sucumbió el subsecretario López Gatell –quien ya debería ser titular de la dependencia, porque al otro, al señor Alcocer, no lo conoce ni su chofer– y así, con toda su reconocida trayectoria académica y de equivocaciones que provocaron su anterior despido del gobierno federal, lanzó su poética elegía, al afirmar que el presidente es inmune al coronavirus, porque el ejecutivo tiene “fuerza moral” y no “fuerza de contagio”, con cualquier cosa que ello signifique.

4. Pero, en la 4T todo debe planearse e instrumentarse, para quedar bien con el ese ser supremo, de forma que, hay que lanzar –también en rueda de prensa– alguna de las profecías, postulados, asertos fantásticos o ideas profanas, extraídas del ritual y la liturgia implantada por el jefe. Por eso, con tal de agarrar un pedacito en los diarios (https://www.reporteindigo.com/reporte), Miguel Barbosa, gobernador de Puebla, aseguró que “los pobres ‘estamos inmunes’ ante el coronavirus pues es una enfermedad de ricos”. Algo le faltó. Asegurar que, además de ricos, eran de la minoría rapaz que compra boletos de una rifa en 20 millones de pesos; de esos que sostienen a los adversarios del presidente, por ser neoliberales y conservadores.

G-20, que no hable

5. Muchos observadores, comentócratas, opinólogos y analistas se unieron a las voces del pueblo sensato y realista: En la telereunión del G-20, que –por favor– no se le ocurra hablar. Los rezos, penitencias y silicio, no funcionaron: Habló el presidente.

6. Todo iba bien. Nos tenía con el alma en un hilo– cuando expresó la solidaridad de los mexicanos con los países más lastimados por el COVID-19. ¡Bien! Reconoció que era una pandemia. ¡Bien! Destacó el papel de la familia en momentos de crisis. ¡Bien! Y pontificó que, es necesario apoyar a las pequeñas y medianas empresas, solicitando también que no se cierren las fronteras. ¡Más o menos bien, si ubicamos estas afirmaciones en el plano de las buenas intenciones a las que nadie puede decir que no!

7. El problema estuvo cuando aseguró que la fraternidad nos permitirá afrontar la pandemia y “la posible crisis económica que deje el COVID-19”. Lo peor: la inveterada costumbre de endosar responsabilidades, pidiendo a la ONU que controle la crisis el comercio los medicamentos y equipos médicos para evitar desabastos. Y remató: Vamos a vencer “con la fraternidad universal”.

Ni hablar

El presidente mexicano perdió la oportunidad de escuchar y aprender. De hacer un esfuerzo por entender ese mundo que le es tan lejano y funesto.

Ni modo. Como dice el efebo hijo de mis entrañas: “¡¡Ahí, pa’lotra!!”.


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