Sobreprotección y chauvinismo vs competitividad

La sobreprotección que se oferte puede ganar muchos votos, condenando al país a ser un lugar de media tabla para abajo. Al tiempo.


Sheinbaum


Tres vertientes

Nuestras adorables lectoras y gentiles lectores tuitean y feisbuquean con insistencia de proclama mañanera, a efecto de que este escribano y la comentocracia adlátere, confeccionen un punto de vista sobre los paros, manifestaciones, protestas,amenazas, sinsabores y rompimiento de agendas, horarios y programas de trabajo de millones de ciudadanos que han tirado por la borda sus resultados de trabajo con el mismo argumento: “Perdón, llegué tarde. Es que me tropecé con otra marcha…diferente a la del día de ayer”.

Primer aserto

A este amanuense se le hace que, antes de regular los servicios de transporte por App, lo que la jefa Sheimbaum tiene que regular, son los horarios, espacios y limitaciones geográficas para las marchas y protestas.

De aquí, que la primera vertiente del problema, sea justamente, en torno al desorden, molestia y furibundo golpeteo consuetudinario al tránsito, expresión, derecho al trabajo, derecho al tránsito y transporte, de millones de mexicas que tienen que ganarse el pan con el sudor de donde puedan cada mañana, en tanto que la autoridad hace mutis y no resuelve nada.

La segunda vertiente tiene que ver con la productividad, la calidad y la elevación de los niveles de satisfacción de los clientes de los taxis comunes y corrientes; y, a veces, más corrientes que comunes.

Afortunadamente, no son todos los taxistas los que no tienen ni idea de lo que es la competitividad, la calidad, el servicio de excelencia en la atención al cliente. Lamentablemente, es la excepción, cuando debiera ser la mayoría.

Esta parte del tema es preocupante, de inicio, porque favorece los monopolios de concesiones, las negociaciones en lo oscurito, con las dirigencias sindicales bajo la premisa de que, si no se les concede todo lo que piden, el país se va a colapsar. Léase el caso de la impresentable CNTE, por ejemplo. Y en paralelo, porque cancela las oportunidad prácticas y eficaces para que cada operador alcance su libertad financiera, teniendo que depender de que “alguien” le dé trabajo.

Y la tercera vertiente: Además de cerrar el paso a una elemental cultura de calidad total, de alta productividad y sentido de competitividad de clase mundial, en el fondo, estas expresiones de protesta, revelan únicamente, que el cliente, sus derechos, su trabajo, sus oportunidades y sus quehaceres, pueden irse por la alcantarilla. A nadie le importan. Lo relevante es protestar contra el derecho al trabajo de otros. Sólo unos tienen derecho a ser transporte público, los demás no.

Insistencia

El escribano insiste. No son todos los operadores de taxis. Pero en su enorme mayoría –basta que alguien haga el ejercicio de transportarse de Cuautitlán Izcalli a la colonia Roma de la ciudad capital y podrá identificar –y sufrir– el tratamiento de ganado porcino que le otorgan algunos –insisto– choferes; los malos olores que despiden algunos vehículos; los automóviles que les suena todo, incluida la calcomanía de la verificación. El operador que fuma, que no se asea; el que va comunicándose a mentadas de madre con otros colegas de “la colegancia” a través del radio.

Representación del mnt

El llamado Movimiento Nacional Taxista sólo pudo congregar alrededor de 500 taxistas. Pero eso bastó para estrangular la capital mexicana, de acuerdo con la nota de Publimetro.

Se protestó contra Uber, DiDi, Cabify y quien los inventó. Pero, no se habló de mejorar el servicio, sino de exterminar a cualquiera que lo ofrezca que no sean los mismos. No se habló de mejorar la satisfacción del cliente. Se busca exterminar a los transportistas por App. Jamás se habló de resolver las necesidades del cliente; sólo se pidió la cancelación de las unidades que dan el servicio mediante una aplicación.

Jocoso y chispeante

Las autoridades informaron que habría un “operativo especial” –con cualquier cosa que eso pudiera llegar a significar–, para el que se desplegarán 1 250 policías. Es decir, habrá más policías que protestantes.

No se habla de eficientar la calidad, sino de mantener un plantón “de por vida”.

Esas actitudes le recuerdan al escribano la divisa de uno de sus maravillosos maestros: “El mediocre no quiere lo que tú tienes. quiere quitarte lo que tú tienes”. El chauvinismo siempre ha sido así.

Estamos en presencia de una lucha feroz entre popularidad y eficiencia; entre elevar nuestra competitividad como país, como gente de trabajo, como mexicanos de excelencia, y la inmensa nata de mediocridad, como canta un tema de Café Tacuba.

La sobreprotección que se oferte puede ganar muchos votos, condenando al país a ser un lugar de media tabla para abajo. Al tiempo.

 

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