Desorden, ineficacia y populismo

Se puede prometer lo que sea, pero no se da nada.


Prometer pero no dar


Bien decía mi agüe

La santa agüe de este escribano –que era una verdadera compilación de “dichos”, refranes y sabiduría popular, superando el modelo presidencial- sostenía que “el prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila”. La vigencia de la frase es fenomenal.

Debido a las amables recomendaciones de mis bellísimas lectoras y amables lectores, la pretensión es plantear un listado –abusando de la gentileza y comprensión de quienes se ocupan de esta columneja- de algunos elementos que nos permitan bosquejar los casi 150 días de la administración que ya padecen los mexicanos.

Al recopilar las sugerencias del respetable, ubicamos dos aspectos: No responden necesariamente a una cronología específica, y tampoco constituyen elementos para garantizar una investigación de fondo.

A lo más que aspiramos es a dar una bocanada de aire fresco y exclamar “¡Chín!”, comprobando una vez más que, en este sexenio, el ciudadano primer mandatario puede hacer lo que le plazca sin temor, sin miramientos y obvio, sin cargo de conciencia jurídica u ontológica. O sea, que todo se les resbala, porque tiene a su servicio la pléyade de servidores de él, no del público, que le festejan cuanta ocurrencia le ilumina las neuronas.

Listado interesante

1. Un acto administrativo del presidente, puede “mandar al demonio” a la misma Constitución de la República. No importa lo que nuestra Carta Magna señale, la voluntad presidencial es más poderosa que cualquier otra. La democracia en consecuencia, importa un soberano pepino, porque no se escucha a nadie, ni se pregunta a los expertos. Solo se decreta y con eso basta.

2. La servidumbre de quien coordina a la mayoría en la Cámara de Diputados es notable. “Un memorándum –como es el caso del emitido por el Ejecutivo en relación con la Reforma Educativa- es inconstitucional hasta que la Suprema Corte de Justicia lo declare” ¿Eso significa que la única opción para demostrar que los actos presidenciales están en contra de la ley, es que así lo declare el máximo órgano del Poder Judicial? Mientras tanto, ¿el mandatario puede hacer lo que le plazca? ¿En dónde queda el principio del bien jurídico protegido?

3. La parte brutal radica en que, la ineficacia gubernamental –se requiere ser claro- es la madre de todas las corrupciones, y el Ejecutivo parece no verlo así. Se decreta algo, se ejecuta y después se piensa. Si instruyen las directrices y como nadie supervisa la eficacia de su cumplimiento, ni siquiera una simple auditoría de calidad, es fácil llevarse entre las patas a quien sea.

4. Y si a la ineficacia adicionamos las ocurrencias –decía la santa agüe- “¡Que el Señor nos ampare!” Y como este tema tampoco está en el radar presidencial, las consecuencias son visibles: Se trata de “tronar” todas las estancias infantiles porque se afirma, que todas son corruptas. ¡Pues que se investigue! Es seguro que alguna se salva por su manejo transparente. Como hay robo de combustible, pues que se cierren los ductos para que nadie cargue gasolina, aunque fastidiemos a todo el país, los empleos, las empresas realmente productivas y no es PEMEX.

5. Que desaparezcan los órganos autónomos que regulan, verifican, evalúan y dan seguimiento a los resultados de gobierno. Pero como la auto-crítica no tiene espacios en este sexenio, se vuelve necesario desaparecerlos en nombre de una rarísima definición de “austeridad”.

6. El presidente ya no quiere “intermediarios” con el peregrino propósito de que cada persona sepa y esté totalmente segura de que es el propio mandatario quien le regala el dinero. Las evidencias en redes sociales de que los “ninis” se gastan “la beca” en cervezas y reventones, no significa que haya que abolir la buena intención.

7. Ahora son las mujeres y los varones de la tercera edad quienes están sufriendo las ocurrencias. El editorial de El Universal (20.04.2019) reporta datos extraordinarios: La Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro -CONSAR- no encuentra a 800 mil personas de la tercera edad. Solo 300 fallecimientos fueron ubicados. Lo peor: cada coordinador de programa realiza su propia metodología, sin importar lo que esta ineficiencia cuesta para las personas y para el gasto nacional. Pero, ése es el estilo de la 4T. Hay 50 mil millones de pesos “bailando”, de acuerdo con la nota del diario.

8. El tema es angustioso, porque el desorden, la ineficacia y el populismo, hacen un coctel bastante explosivo. Al tiempo.

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