Si “París bien vale una misa”, Gatell bien vale unos niños

López-Gatell acusa a los padres que protestaron porque no hay medicamentos oncológicos para sus hijos de que esas solicitudes son parte de un esquema golpista dirigido en contra de la administración federal.



LA DEFENSA ARDOROSA

Entre heroica, patética y criminal, ha sido la ardorosa defensa que algunos fans han hecho de la figura, obra y milagros del subsecretario López-Gatell. Para los, cada vez menos seguidores de la diáspora morenista, la figura del maestro del presidente (así le dijo en una mañanera) es impoluta y cuasi regalo de los dioses. Es impecable, inefable e infalible.

Como dice el periodista Rafael Cardona, no cuentan ni su protagonismo, ni las metidas de pata; no son relevantes los errores garrafales en el manejo de la pandemia y de las compras consolidadas que acabaron siendo un fracaso.

Constituyen un “pecadito perdonable” sus cálculos que estimaban ocho mil muertes en condiciones “catastróficas” versus los más de 300 mil fallecimientos opacados por los eufemismos de un discurso desgastado, lambiscón y felizmente estructurado con eufemismos, rococó y barroquismos típicos de una coprolalia sin hilvanar e incoherente.

Ahora ya, sin la vitrina que le regaló su jefe todas las tardes, el señor López-Gatell entra en el campo de las ocurrencias fascistas para darse a notar, sin importar el grado de estupidez que aflora a borbotones.

EL FASCISMO LOPEZGATELLIANO

Se dice de izquierda y acusa a la derecha, como sucedió en una entrevista recientemente televisada, pero vacaciona con los aspiracionistas y perversos agentes del capitalismo que tanto odia su patrón.

Dentro de su genial obcecación, se le van las cabras al monte. Y al más puro estilo fascista, el subsecretario acusa, a una veintena de padres que protestaron porque no hay medicamentos oncológicos para sus hijos, de que esas solicitudes son parte de un esquema golpista dirigido en contra de la administración federal.

Veinte padres de familia y unos cuantos niños que están muriendo son los malvados artífices del golpismo derechista contra el Fürer.

¡LA ESTULTICIA NOS INVADE!

Su Fürer debe estar rebosante de mexicana alegría, porque por fin –no fue la doctora Sheimbaum, ni Fernández Noroña o el secretario Ebrard- su más caro admirador descubrió la verdad: ¡Los niños con cáncer conforman el grupo golpista que atenta contra el gobierno!
Como era de esperarse, la avalancha de recursos públicos que generosamente se utilizan en las mañanas, volvió a emplearse para hablar del funcionario cercano y del amigo. No quiso recibir a Silvano Aureoles, el gobernador michoacano, pero el elogio surgió a flor de piel para el hijo putativo.

Se descalifica en palacio con la mayor fragilidad y superficialidad, a quienes son parte de los considerados adversarios o enemigos del actor central, a la vez que se destaca y enaltece la figura del autor de la “fuerza moral” del presidente, soslayando la fuerza de contagio.

¿QUÉ BUSCA?

La pregunta obliga: ¿Qué pretende López-Gatell si la Secretaría de Salud está presidida por alguien como Jorge Alcocer, hombre más cercano y más respetado para el presidente?

Es de dominio general que el descrédito del funcionario López es mayúsculo, aun entre las fuerzas vivas de la 4T; mayor, cuando se trata de la prepotencia que señalan los miembros del gabinete.

Ciertamente, no le pasará nada parecido a lo que acaba de padecer la muy gris Florencia Serranía al frente del Metro capitalino, por lo que las posibilidades de un espacio bien remunerado con amplios poderes y facultades políticas no le resultan favorables. Conforme avancen los procesos internos rumbo a la elección presidencial, serán menores las posibilidades. Su relación es tiesa con Claudia Sheimbaum y prácticamente inexistente con Marcelo Ebrard. Ricardo Monreal no lo ve como alguien cercano y Mario Delgado tiene una fría relación con López-Gatell. Es decir, los astros no se alinean en su favor.

Pero, de que algo quiere, es totalmente cierto. Al escribano se le ocurre que hoy, López Gatell emula a Enrique de Borbón, el famoso acuñador de la expresión “París bien vale una Misa”; porque si esto es real, la percepción es que López Gatell, bien vale unos niños.


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