Coincidencias no tan extrañas

En Nicaragua, los estudiantes tomaron las calles para protestar por las decenas de muertes provocadas por las fuerzas de seguridad del estado. El alzamiento es contra el gobierno de Ortega.



¿YA VIO LAS NOTICIAS?

Cuando mis bellísimas lectoras y gentiles lectores comentaron las razones por las que Nicaragua está en un proceso de alta violencia desde el poder que ejercen Daniel Ortega y señora –“el orgullo de su nepotismo”, en expresión de López Portillo- y porque, en términos reales, el gobierno nicaragüense apesta a dictadura con toda la escenografía que envuelve a casos como este, surgió la idea de esta colaboración.

COSAS VEREDES

Y, como se dice en lenguaje millennial, “la neta”, surgen sucesos, motivaciones y decisiones que tienen un parecido fabuloso con lo que sucede en este México nuestro de cada día.

Algo interesantísimo: En el comunicado conjunto emitido desde la Casa Rosada, Argentina y México suscribieron un acuerdo. Ambos países mandaron retirar a sus respectivos embajadores en Nicaragua, para lo que eufemísticamente se llama “consulta” acción que, en el purismo del lenguaje de la senadora morenista Margarita Valdez, se podría catalogar como un “¡Vénganse pa’cá, que allá se está poniendo feo!”

Obvio, la pregunta obligada es “¿Por qué?” Y la respuesta no es tan complicada. En el texto (https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-57562753) se lee que el retiro de los embajadores fue, precisamente, porque “…son preocupantes las acciones políticas-legales realizadas por el gobierno nicaragüense en los últimos días, que han puesto en riesgo la integridad y libertad de diversas figuras de la oposición (incluidos precandidatos presidenciales), activistas y empresarios nicaragüenses”.

¿El mandatario mexicano puede caminar con ese mismo rumbo? Sin duda. Tiene todo, cuenta con todo, y tanto la UIF, el SAT y la Fiscalía General de la República son excelentes operadores para lograrlo. Todo parte del mismo concepto acuñado por Ortega y el presidente macuspano: “O están conmigo y con mis decisiones, o son parte de los conservadores neoliberales enemigos del pueblo”.

La lógica es impecable. La clase media que tanto desprecian ambos ejecutivos representa un enorme estorbo para asegurar el corredor socialista en América Latina. El calificativo de “aspiracionistas” va más lejos de una simple expresión. Es la formación de la necesaria mediocridad para gobernar sin que nadie objete. Y si alguien objeta, ¡¡Pues qué objete!!

Ciertamente, ambos presidentes abajo firmantes, se auto-califican como promotores del diálogo. La pregunta es insoslayable: ¿Se puede dialogar con quien solo reconoce “su” verdad; con quien solo es capaz de escucharse; de tener una comunicación espejo que le permite hablar y hablar ante sí mismo? Las coincidencias no resultan tan extrañas.

¿En dónde está el quid del asunto? Precisamente, en que, a cinco meses de las elecciones presidenciales, Daniel Ortega busca asegurar su cuarto mandato constitucional, y la mejor forma que encontró, fue encarcelando a cualquier cristiano que se le pusiera enfrente o le estorbe en los comicios.

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Por si ello fuese poco, en la séptima semana de protestas, en Nicaragua los estudiantes tomaron las calles para protestar por las decenas de muertes provocadas por las fuerzas de seguridad del estado. El alzamiento es contra el gobierno de Ortega.

Desde luego, este clima de inestabilidad e ingobernabilidad, coloca a la economía y al sector empresarial en una coyuntura singular para sacar al país del marasmo donde se encuentra.

El panorama es adverso para la estrafalaria Rosario Murillo, sedicente cónyuge supérstite de Ortega, porque el tema rebasó ya las fronteras de Nicaragua. Una resolución – validada por 26 de 34 países de la OEA, y un comunicado del secretario de Estado de Biden, Antony Blinken, exigieron la liberación inmediata de los "presos políticos" y crear condiciones para elecciones libres y justas en Nicaragua.

La expresión de Cristina Chamorro puede resultar profética, cuando define lo que sucede con el gobierno en Nicaragua: “Lo califico como una dictadura. Es clarísimo que es una dictadura que actúa sin ningún respeto por el Estado de derecho, que no existe: lo que hay es un remedo de administración de la justicia”.

 

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