México, de la corrupción a la destrucción

Hasta ahora las principales acciones del actual gobierno son destructivas no transformadoras.



La 4T heredó un gobierno hundido en la corrupción. La mayoría de quienes votaron por López Obrador lo hicieron con la esperanza de reducirla, pero hasta ahora más que transformar el entorno que facilitó la corrupción, como el exceso de reglamentaciones y la opacidad en las asignaciones de contratos, incrementaron las reglamentaciones y el porcentaje de asignación de contratos sin licitación.

El actual gobierno interpreta la transformación como destrucción.

Uno de los primeros actos de destrucción fue el aeropuerto de Texcoco. El gobierno ordenó no solo que abandonaran la construcción de ese aeropuerto, sino que destruyeran lo construido, hecho que se frenó gracias a una orden judicial.

La decisión de impedir la inversión multimillonaria de una planta cervecera en Mexicali, basada en una “consulta popular”, que argumentó la falta de agua, implicó la destrucción de una fuente de trabajo, que hubiera creado un mayor número de empleos a los escasos votantes a favor de destruir esa inversión, que apenas rebasó el 1% de la población de Mexicali.

La negación de la CFE a empresas privadas de usar sus ductos, que trabajan a la mitad de su capacidad, es una actitud destructiva de la inversión y del empleo.

No dudamos que en la compra de medicamentos por la Secretaría de Salud había corrupción, pero la solución no es destruir toda la logística de compra y distribución de medicamentos por medio de empresas privadas, varias de las cuales daban dinero a funcionarios corruptos, que condicionaban las compras a recibir un porcentaje de lo pagado. Parte de ese dinero se cubría con sobreprecios del producto adquirido. Esa corrupción se podía reducir transparentando las compras y colocando al frente de esas operaciones a personal honesto, no comprar ahora a empresas privadas en el extranjero, cuyas negociaciones se ignoran, y que el gobierno distribuya las medicinas a todos los hospitales públicos, lo que agrava la escasez y robo de medicamentos.

En los fideicomisos había corrupción y como solución los destruyeron, igual que varios mecanismos de ayuda a los pobres.

Hasta ahora las principales acciones del actual gobierno son destructivas no transformadoras.


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