Adolescencia, evita confusiones

La comunicación implica dejar hablar y escuchar con atención, con la intención de entender al otro y una vez que está claro el mensaje, se invierten los papeles.



Quiero que recordemos que esta etapa no es una etapa de crisis sino de cambios físicos, intelectuales y emocionales que no son parejos y que por lo mismo, hacen que nuestros hijos no se entiendan a sí mismos.

Ahora les comparto 5Tips para evitar caer en confusiones sobre la adolescencia:

PRIMERO. Los adolescentes son protagónicos

Nos quejamos de que son contestones y quieren llevar siempre la contra, pero debemos tener claro, que no lo hacen por rebeldía, sino porque quieren ser y actuar bajo sus propias iniciativas. Están viendo hasta donde pueden llegar.

Urge entenderlo porque la intención hace la diferencia. Nosotros como papás, podemos darnos cuenta muy claramente si los actos de nuestros hijos tienen mala intención o simplemente están cargados de un ímpetu desmedido.

Cuando mis hijos están así y quieren inventar cosas, les pido que me hagan la propuesta por escrito para que lo aterricen y así se vuelva más real su proyecto.

Después de todo, revisamos si el proyecto es viable y entonces toda la familia lo apoyamos para que vean que cuando las cosas valen la pena, las vamos a apoyar hasta las últimas consecuencias.

SEGUNDO. La comunicación es diálogo, no sermón (regaño muy largo, aburrido y feo)
Esta definición de sermón me la dio mi hija de 12 años.

Creemos que hay buena comunicación cuando hablamos mucho con nuestros hijos, sin darnos cuenta que los que hablamos somos nosotros y que nuestros hijos, a diario, reciben largos “sermones”. La comunicación implica dejar hablar y escuchar con atención, con la intención de entender al otro y una vez que está claro el mensaje, se invierten los papeles.

Yo soy muy dada a hablar y hablar, pero desde que mis hijos entraron en esta etapa, procuro escucharlos y para eso busco darles 5 minutos a cada uno.

TERCERO. Nuestros hijos adolescentes necesitan acompañamiento.

Y no sólo orientación. No necesitan a alguien que les esté diciendo qué hacer y cómo comportarse, necesitan a alguien que los acompañe en sus temores, que los entienda y se los haga saber, que comparta sus sentimientos ya sean de alegría o de tristeza.

Si no lo encuentra, se pondrán solos la etiqueta de incomprendido.

Con mis hijos busco que ellos mismos saquen las mejores conclusiones de lo que yo les propongo. Pero también estoy pendiente de que los acuerdos se lleven a cabo porque de nada sirven si no se aplican.

CUARTO. También necesitan estima y respeto

Tanto de su persona, como de sus ideas o proyectos a veces descabellados.

Lograr esto es hacer empatía, es ponerse en los zapatos de nuestros hijos y tratar de sentir y pensar como ellos, sin aprobar ni desaprobar. Pero ojo, esto no quiere decir que todo lo que se les antoje lo van a obtener al instante. Todo, siempre dentro de los límites que la moral nos propone.

Debemos tener cuidado de no rechazarlos ni sobreprotegerlos, acompañarlos diciéndoles con palabras que estamos disponibles, que tenemos tiempo para ellos.

Por favor, evita decirles palabras hirientes, en ésta etapa nuestros hijos son muy sensibles.

Otra forma de demostrarles que nos importan es con nuestro lenguaje no verbal, nuestras actitudes. Debemos expresarles con nuestras actitudes que lo que nos están diciendo o están haciendo nos importa mucho y por lo mismo les ponemos toda nuestra atención.

Y QUINTO. Valora a tus hijos

Valorarlos no es hacerles creer que pueden hacer lo imposible, pero tampoco desubicarlos y minimizarlos.

Valorarlos implica ayudarlos a conocerse, con sus cualidades, potencial y limitaciones. Nuestros hijos sólo aprenderán a valorarse si nosotros los valoramos.

¡Y qué bueno es que se los demostremos!

Así no buscarán ese reconocimiento y valoración en otros lados, con sus amigos o con las personas que, teniendo otros intereses, les digan las cosas sólo por conveniencia. Que todo lo que necesiten lo encuentren en casa.


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