Eduquemos en la empatía. ¡Cuidémonos para cuidar a los demás!

Es muy importante que nuestros hijos tengan la capacidad de focalizar su atención en los detalle para que puedan sentir con el otro.



La empatía es esa capacidad de sentir con el otro, de darse cuenta de las emociones de los demás y hacerlos propios y esto nos permite comprender y apoyar de manera inmediata.

Junto con la empatía se requiere la escucha atenta, la comprensión y la solidaridad, además de la conciencia social para tratar de hacer nuestras las necesidades sociales y poner nuestros talentos para darles solución.

La empatía también es una virtud cuando se logra dejar a un lado los intereses propios para perseguir los comunitarios y lograr así un bien mayor, a pesar de que nuestra sociedad nos invite a que busquemos nuestro bien a toda costa sin importar a quien nos llevamos en el camino.

Nosotros como papás tenemos la posibilidad de educar a nuestros hijos en esta tan necesaria virtud en nuestros días, por eso aquí te dejo mis 5Tips para lograrlo.

PRIMERO. Que aprendan a escuchar atentamente.
Y es que así comienza el proceso de diálogo, escuchando atentamente para después acoger en el corazón la situación, hacerla propia, tratar de comprender, de sentir con el otro y solo hasta después dar una respuesta.

Es importante que nuestros hijos aprendan a escuchar siendo escuchados por nosotros. Recordemos que el ejemplo es más fuerte que la teoría. Y para eso es necesario que nuestros hijos se den cuenta de que los estamos escuchando, una forma muy sencilla es mirarlos a los ojos cuando nos hablen, dependiendo de la edad de nuestros hijos, podemos sentarlos en nuestras piernas para lograr captar su atención y que poco a poco comprendan que cuando alguien nos habla es necesario es necesario ponerle atención.

SEGUNDO. Que sepan reconocer sus emociones y que les puedan poner nombre.
La inteligencia emocional es nuestra mejor aliada, es por eso que debemos ayudarles a nuestros hijos a reconocer lo que sienten y a ponerle nombre, recordando que ellos no nacen sabiéndolo.

Cuando son pequeños nuestros hijos lloran por muchas cosas, cuando tienen frío, cuando tienen sueño, cuando tienen hambre, cuando están aburridos o cuando les duele algo. Nosotros aprendemos a distinguir el llanto y así podemos ayudarles. El siguiente paso es que les digamos, desde pequeños, cómo se llama lo que están sintiendo y viviendo, así aprenderán a identificar sus emociones y sentimientos y podrán ponerles nombre.

Un excelente ejercicio es que cuando lloren nuestros pequeños antes de decirles que se callen o que no lloren, les preguntemos qué sienten y una vez que nos lo dijeron les digamos cómo se llama ese conjunto de sentimientos, por ejemplo, enojo, tristeza, alegría, miedo, etc.

Es muy normal que en la actualidad nuestros hijos sientan miedo, enojo o frustración por todo lo que estamos viviendo como sociedad así que la pandemia es excelente oportunidad para comenzar a educarlos en la inteligencia emocional.

TERCERO. Que aprendan a darle valor a las cosas pequeñas.
Es muy importante que nuestros hijos tengan la capacidad de focalizar su atención en los detalle para que puedan sentir con el otro.

Un ejemplo claro es cumplir con las pequeñas medidas que debemos tomar para cuidarnos y así cuidar a los demás, por ejemplo, lavarse las manos, usar cubrebocas, guardar la sana distancia son pequeños detalles que podemos hacer para cuidarnos nosotros y ayudar a cuidar a los que nos rodean.

Muchos piensan que son pequeñeces pero en verdad pueden hacer la diferencia y nuestros hijos deben tener la capacidad de atender a estos pequeños detalles.

Para esto es necesario entrenarlos en poner atención en lo pequeño y darle su justo valor. Que aprendan a agradecer lo que los otros hacen por ellos, que aprendan a ver las pequeñas necesidades de sus amigos y que traten de ayudar, que comprendan la importancia de cumplir sus deberes en casa para el bienestar familiar.

CUARTO. Que aprendan a leer entre líneas.
Otro punto indispensable para lograr ser empíricos es que comprendan que el lenguaje no verbal es más fuerte que el verbal, es decir, que los gestos y actitudes nos comunican más que las palabras.

Es así que debemos educarlos para que puedan leer los signos y las actitudes a pesar de las palabras, de tal forma que sean sensibles a lo que pasa a su alrededor, que tengan la capacidad de percibir cuando alguien no se encuentra bien en la familia a pesar de que nos diga que no hay problemas.

Muy seguido pasa que los hermanos saben mejor cuando alguno de ellos no se siente bien a pesar de que no lo hayan expresado con palabras. Eso es empatía.

Existen ejercicios muy sencillos y que pueden ser hasta juegos didácticos para lograr que nuestros hijos le den más peso a los signos y la comunicación no verbal que a las palabras como por ejemplo que aprendan a hacer lo que nuestro dedo dice a pesar que nuestras palabras sean contrarias, o que hagamos tarjetas con dibujos de instrucciones como arriba y abajo y que se acostumbren a hacer lo que ven y no lo que escuchan.

Otro buen ejercicio es que se acostumbre a ver las indicaciones que nos dan en los señalamientos viales y que sepan que deben hacer en cada caso, ahora también puede ser los señalamientos de usar el cubrebocas, guardar la distancia y lavarse las manos.

Debemos recordar que la práctica hace al maestro y que todo esto es un proceso, así que debemos armarnos de paciencia para lograr educarlos en la empatía.

Y QUINTO. Que sepan hacer a un lado el egoísmo para que todos salgan ganando.
A veces no nos gusta lo que debemos hacer y nos cuenta trabajo hacerlo, pero es muy necesario que comprendamos que para que todos estemos bien debemos poner todos de nuestra parte y seguir las instrucciones que nos dan como son los semáforos de protección civil. A ninguno nos gusta dejar de hacer lo que tenemos planeado, pero debemos ser muy cuidadosos para ayudar al bienestar comunitario.

Podemos explicarles a nuestros pequeños por qué debemos hacer a un lado nuestros intereses personales en aras de un bien social mayor.

En la actualidad es algo que ya no se acostumbra hacer pero el que pocos lo hagan no es sinónimo de que esté mal, por lo que debemos educar a nuestros hijos para que hagan lo correcto a pesar de que no esté de moda.

Y ahora que la pandemia ha tomado otra vez fuerza es muy necesario que seamos capaces de esforzarnos para hacer lo correcto, lo que nos indican las autoridades a pesar de que nos guste usar cubrebocas, o que nos implique dejar de asistir a reuniones familiares, haciendo conciencia de que aún existe un riesgo de contagio, sin caer en pánico pero poniendo lo que está de nuestra parte y sobre todo, cuidándonos para cuidar a los demás.


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