Ama a tus hijos protegiéndolos, pero... ¡no te excedas!

Un poco de hambre y un poco de frío no le hacen daño a nadie, por el contrario, fomenta la resiliencia y la capacidad de crecer.


Amar sin exagerar 


El amor es paciente, el amor es servicial, el amor todo lo perdona, todo lo olvida y siempre busca el bien de la persona amada, pero a veces nos vamos al extremo y sentimos que al que amamos nos pertenece y por lo mismo queremos tenerlo siempre a nuestro lado, que no sufra, que esté siempre bien, sin darnos cuenta que eso le puede llegar a asfixiar y dañar.

La sobreprotección es un problema muy común en las familias y a veces ni nos damos cuenta que lo estamos viviendo, por eso aquí te dejo mis 5 Tips para evitar la sobreprotección con nuestros hijos.

PRIMERO. Los hijos son diferentes a nosotros. ¡Conócelos!
Es muy importante que hagamos conciencia que cada uno tiene sus necesidades y características propias, por lo que no podemos ni debemos tratar a nuestros hijos como sentimos que debieron tratarnos a nosotros.

Es importante conocerlos para saber qué necesitan y lo que es mejor para su buena formación y un desarrollo integral de sus capacidades y afectividad.

Observar para responder a sus necesidades y también para amarles sin hacerles daño.

SEGUNDO. Nuestros hijos tienen diferentes necesidades que nosotros.
Al conocerlos nos podemos dar cuenta que son únicos y así sus necesidades son específicas, por lo que no podemos tratar a todos por igual.

Hay quien requiere más contacto físico, otros más cuidados, otros necesitan atención, otros un poco más de libertad, otros que seamos exigentes con ellos y otros que seamos tiernos, pero todos necesitan Amor.

TERCERO. Edúcalos desde el Amor.
Claro, el Amor debe ser el centro de la educación. Si amamos a nuestros hijos, buscaremos siempre su bien, pero si amamos a nuestros hijos seremos capaces de poner un límite para nuestro amor.

Nuestros hijos pueden notar cuando hacemos las cosas por amor y cuando las hacemos por obligación. Una misma acción puede ser benéfica o dañina dependiendo de la intención con la que la realicemos y de lo que la ha movido o provocado.

El Amor implica preguntarnos: ¿Qué haría Jesús en esta situación?

CUARTO. Edúcalos con uno poco de hambre y un poco de frío.
El que nuestros hijos tengan todo les limita y los incapacita, ya que les impide desarrollarse integralmente.

Un poco de hambre y un poco de frío no le hacen daño a nadie, por el contrario, fomenta la resiliencia y la capacidad de crecer.

Y cuidado de hacer las cosas para competir con los otros, para ir con la tendencia o para estar al último grito de la moda porque es muy difícil aguantar ese paso.

Y QUINTO. Nuestro modelo es la familia de Nazaret.
No hay más que decir. Debemos preguntarnos ¿Cómo educaron María y José a Jesús?

Ojalá que podamos tener este modelo de familia para así emprender el rumbo de la educación de nuestros hijos y ser capaces de amarlos y protegerlos pero sin excedernos.


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