Familia: única e indisoluble

Los estilos de vida, en cada época, tienen serios inconvenientes que afectan a las familias, y los padres han de conocerlos para evitar ser presa de todo ello.


Matrimonio por siempre


La misma profundidad en la entrega de la mujer y el varón para formar a su propia familia, nos señala la imposibilidad de reproducir frecuentemente esos sentimientos y tal decisión. Nadie aunque lo soñara puede vivir con esa intensidad porque ni física ni psíquicamente alguien podría mantener la salud.

Por eso el matrimonio es único e irrepetible. Irrepetible como son irrepetibles cada uno de los contrayentes que construyen su relación de amor de un modo inédito. Y para mantenerlo no se pueden quedar en los propósitos y en el trato inicial que establecieron, sino que con el paso del tiempo, han de ingeniarse para renovar las relaciones de acuerdo con los nuevos sucesos en los cuales ambos participan. Si paralizaran su trato al modo como lo hicieron en los primeros días o años, están cavando una tumba porque no fomentan la ilusión de afrontar juntos los nuevos retos.

Por otras razones, con frecuencia, tampoco se puede alcanzar el nivel de entrega y de amor auténticamente conyugal, sería el caso de un mal entendido amor a los hijos. El vínculo conyugal construido en la fidelidad, el deber mutuo y el respeto, es fructífero pues esa unión actualiza la capacidad generativa, surge una nueva vida humana, con una nueva responsabilidad ahora conjunta. Los padres encuentran su amor transformado en un niño vivo. Han de aprender a compartir su actividad de maestros, guías y custodios de ese ser indefenso.

La fidelidad es más demandante porque ya no es entre dos sino entre más de dos. Entonces el amor conyugal crece y la responsabilidad también. Ambos cónyuges se vuelven educadores. Es una educación muy rica porque el padre y la madre se complementan, él y ella tienen formas distintas de educar, y el niño tiene derecho a esa diversidad, así se llega a todos los aspectos de la criatura: sus sentimientos y emociones, sus miedos y osadías, su curiosidad, sus modos distintos de enfatizar.

Los niños tienen derecho a crecer en una familia con un padre y una madre. Los niños tienen derecho a aprender modales para ser aceptados en la sociedad y a desarrollar y afianzar su tendencia al bien para poner los cimientos morales de su vida, desde pequeños. Cumplir ese derecho les corresponde a los padres

Otro tema muy importante, que si no se resuelve adecuadamente, puede desequilibrar la relación conyugal, es la forma como combinarán el tiempo dedicado al trabajo y al hogar. Este asunto y muchos más, el padre y la madre los deben resolver logrando un ambiente adecuado para el crecimiento y el desarrollo emocional del hijo.

Además, los estilos de vida, en cada época, tienen serios inconvenientes que afectan a las familias, y los padres han de conocerlos para evitar ser presa de todo ello. En estos tiempos muchos buenos modales se han perdido, tal vez porque la ausencia de ambos padres en el hogar no propicia esas enseñanzas. La mal entendida libertad, ha ocasionado promiscuidad en las relaciones de los cónyuges con otras personas, con el devastador deterior de la fidelidad al compromiso establecido.

Cualquier tipo de enfriamiento de las relaciones conyugales provoca desconfianza, y luego un sinnúmero de acciones inadecuadas hasta llegar a la violencia intrafamiliar entre los adultos y luego con los hijos. Desgraciadamente, esas conductas que hacen sufrir tanto a los pequeños, quedan grabadas de tal modo que la mayoría de ellos las reproducirán cuando crezcan.

Otras circunstancias que ahora se han exacerbado es la distribución de drogas y de pornografía. Su uso desequilibra de tal modo a cualquier miembro de la familia que el hogar se vuelve un infierno.

Los cónyuges, si se encuentran con estos problemas, en primer lugar han de ofrecerse apoyo mutuo para resolver las dificultades y salvar la familia. Pero también han de hacerlo pues deben afrontar la responsabilidad que tienen con la sociedad. Son uno de los núcleos que la conforman.

A la luz de estas reflexiones también se entiende que el matrimonio legítimamente acaba cuando la muerte llega a alguno de los dos. Pues en ese momento se terminan las promesas y los compromisos. Una de las partes del contrato ya no existe.

La corresponsabilidad del Estado con las familias es muy grande. Le ha de importar la buena marcha y la autosuficiencia de cada una. Solamente así muchos problemas sociales graves no aparecerán. Por eso, el tema de las políticas familiares es de capital importancia.

En primer lugar es de sentido común fomentar la unión de los cónyuges para conservar sólido el tejido social. Por lo tanto, es profundamente contradictorio facilitar el divorcio. Lo lógico es fomentar instituciones que proporcionen mediadores, que aconsejen, que serenen los ánimos, o que ofrezcan centros de rehabilitación. Muchas de estas instituciones pueden resolver problemas de violencia y sus causas.

Respecto a la educación, el gobierno ha de promover escuelas que ofrezcan variados tipos de educación, de modo que los padres puedan elegir la que más de acuerdo esté con el deseo que tienen para el desarrollo de sus hijos. También ofrecer instituciones de educación especial para quienes lo requieran.

La creación de empleos es un capítulo importantísimo para la buena marcha de las familias. Sin este apoyo, los problemas económicos pueden ahogar la subsistencia del núcleo familiar. Otro centro de atención son los contratos laborales para facilitar la atención de los recién nacidos, con la presencia adecuada del padre y, por supuesto, de la madre.

Con todo el respeto que merece la intimidad familiar, el Estado ha de tomar medidas para evitar cualquier tipo de exclusión a ciertas familias y también ofrecer recursos para corregir la violencia dentro de los hogares.

Y siempre, al Estado le compete cuidar el ambiente sano: sin drogas, sin pornografía, sin promover cualquier tipo de deterioro en la salud física o psíquica. Sobre todo ha de garantizarse la seguridad.

Si no se dan estos apoyos, las familias unidas las deben demandar.

 

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