Es tiempo para mejorar con la ayuda de la familia

 La adquisición de virtudes en equipo es el mejor regalo que se pueden hacer las personas. Ahora en el confinamiento podemos aprovechar la oportunidad de cambiar.


Afrontar los problemas


El tiempo que llevamos confinados nos ofrece la oportunidad de hacer un examen personal, y una evaluación del modo de afrontar estas circunstancias tan extraordinarias. Lo más probable es que puede llevarnos a rupturas irreparables, si no aprovechamos el tiempo que nos queda, porque pasará y tampoco se repetirá, al menos próximamente. Todos nos hemos dado cuenta que vivimos un momento inusitado.

Aprovechar el tiempo se logra con un examen de cómo nos hemos conducido. Empezar el examen en primera persona de singular y después en primera persona de plural.

El marco de referencia puede ser la virtud de la fortaleza. Recoger datos para responder: cómo aguanto y resisto; cómo aguantamos y resistimos. También cómo acometeré el futuro y cómo acometeremos el futuro. Sin excluir el entorno familiar con sus deficiencias y logros, sin excluir tampoco el entorno social y laboral con sus adelantos y carencias.

Lo inmediato del examen es para reconocer nuestras debilidades y cómo con ellas hemos afectado a quienes me acompañan. Si el agravio es profundo urge pedir perdón y hacer un proyecto para cambiar, para solidificar las relaciones, para pedir que cada uno aporte y colabore. Pero no basta pedir perdón, es necesario prometer y cumplir un cambio. E iniciarlo de inmediato.

Reconocer que muchas veces acudimos a la ayuda del psicólogo o del psiquiatra, generalmente muy buenos para escuchar; pero no fomentan el aguantar, el resistir, más bien el consejo es salte de ese ambiente, aléjate de quien te impacienta, las personas salen felices porque se sienten comprendidos. ¿Y el impulso a la fortaleza, dónde? En ningún plan, porque no aconsejan afrontar la adversidad.

Pues ahora en el confinamiento, el propósito de adquirir fortaleza ha de ser decisión personal de aguantar y resistir este aislamiento, con buen humor. Con deseo de ayudar a quienes no han pensado algo semejante al plan que me propongo. Aguantar y resistir el hecho de estar entre cuatro paredes cuando se me daría la gana de visitar a alguien o, simplemente pasear a mi mascota.

También enseñar a aguantar y resistir a los demás. Esto será más eficaz porque el ejemplo arrastra. Y quienes fueron lastimamos comprobarán que efectivamente hay muestras del esfuerzo por cambiar. Incluso, así será posible intervenir en los consejos recibidos sobre infinidad de técnicas psicológicas que atrofian la superación por aconsejar la evasión del esfuerzo y el no afrontar las adversidades.

En el confinamiento aparecen las consecuencias de tanta tendencia a pasarla bien. Como ahora no es posible librarse, las personas están agresivas y causan malestar. Por lo tanto, hay que echar marcha atrás, estos consejos no solucionan y sí complican las relaciones, las fracturan.

Es bueno fomentar pasatiempos, pero han de servir para descansar y recuperar fuerzas, no para evadirse.

El otro aspecto de la fortaleza es acometer. En el confinamiento se pueden realizar las tareas diarias con fortaleza para vivir un horario, planear un tiempo adecuado para terminarlas y no hacerlas con un ritmo lento. El tiempo libre puede aprovechase para estudiar o leer o comunicarse con alguien, con el apoyo de los recursos tecnológicos.

Otro asunto por acometer es el futuro laboral que lleva implícito los recursos económicos. De momento es difícil planear, pero un modo de acometer es hablar del tema con los miembros de la familia. Es muy humano compartir dudas y preocupaciones. Eso acrecienta la comprensión, e incluso, se podría hacer una lluvia de ideas, tal vez con alguna se vislumbre un camino viable.

Compartir los problemas laborales hace a todos más responsables para cuidar lo que se tiene, para eliminar exigencias, para plantearse inventar algo en ese campo. La necesidad fomenta la creatividad.

Tratar de impedir cualquier tipo de lamento como echar la culpa a medidas políticas. Eso no resuelve, a no ser que sea el campo de trabajo de algún miembro de la familia. Entonces podrá revisar las consecuencias de algunas decisiones y hacerlo ver al departamento competente.

También es una evasión, planear soluciones sobre asuntos donde no se trabaja, aunque sean muy buenas ideas. En todo caso, si hay alguna vía segura podría hacerlo llegar a los interesados.

Incluso, se puede acometer en el modo de vida que se tiene en la propia familia. Se pueden descubrir objetos que no se aprovechan, algún descuido en el aprovechamiento de los recursos. Incluso ver cómo participan los miembros de la familia puede haber alguno al que se le consiente demasiado y a otro se le exige más. Es momento de hacerlo ver y de pedir sus propuestas.

Para ser fuerte, se necesita pisar en un terreno seguro, y el más seguro es la familia. Los integrantes mutuamente han de apoyarse. Así la fuerza personal se multiplica con la aportación de todos los demás.

La adquisición de virtudes en equipo es el mejor regalo que se pueden hacer las personas.

 

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