La amistad compleja y el narcoestado

Los narcotraficantes que se unen para enriquecerse a costa del embrutecimiento de la población que se hace adicta.



La amistad es el modo más digno de vivir la sociabilidad. Con la amistad se alcanza el nivel más elevado de la sociabilidad, porque es una manera muy completa de vivir el amor al prójimo. Como es vital es progresiva, va de más a mejor. La esencia de la amistad es querer ser mejores, y ayudar a la otra persona a serlo en todas las relaciones.

Todas las personas somos sociables por naturaleza. Y a todas las edades necesitamos de la amistad, sin embargo, la amistad con la plenitud de sus características lógicamente se da cuando se alcanza madurez afectiva, intelectual y volitiva. Eso es real si las personas son virtuosas o se esfuerzan por serlo.

Aristóteles decía que nadie sin amigos y explicaba cómo la amistad fundada en las virtudes es la más duradera. San Agustín disfrutaba a los amigos y los ponderaba. Los amigos son necesarios para el desenvolvimiento mutuo, para mejorar en la colaboración, para contar con el tesoro de un confidente y de un consejero. Un amigo ayuda a sobrellevar dignamente las desgracias.

En general un amigo presta apoyo, se está a gusto tal como cada uno es, es una relación sin máscaras ni simulación. Pero a la comprensión mutua acompaña el deseo de ser mejores, por eso, ambos se impulsan a combatir los defectos, a fortalecerse en las cualidades y a adquirir las más necesarias por el bien de quienes les rodean.

La amistad debe ser recíproca. Si solamente hay afecto en singular se puede hablar de benevolencia en quien se inclina por el otro, pero si la otra persona no se siente bien en esa compañía es difícil conseguir la realidad del beneficio en ambos sentidos. En este caso una de las partes es refractaria a los beneficios que le ofrecen y tampoco desea corresponder.

La amistad es comparable a un bálsamo que facilita y suaviza cualquier relación o actividad difícil compartida. Muchas veces hay temas abruptos o serios problemas que pueden fracturar el lazo de unión, y sin embargo la amistad salva la relación. Este es el motivo para aconsejar a los padres el cultivo de la amistad con sus hijos. O la amistad además del amor conyugal.

Aristóteles, en el capítulo VIII de la Ética a Nicómaco, afirma: la amistad existe de modo natural entre padre e hijo, también entre los seres humanos se muestra cuando necesitan apoyo de un desconocido durante un viaje, o también es señal de amistad fomentar la concordia entre ciudades. Por eso, la discordia hace violencia a la natural tendencia a la amistad y perjudica de raíz a toda persona.

Visto de este modo, la amistad suma a otros sentimientos y las relaciones se enriquecen. Entonces se entiende que es mejor tener un padre como amigo porque hay mas fuerza en el lazo de unión, pero la amistad no sustituye la responsabilidad de ser padre. De manera semejante es mejor tener un jefe como amigo pues sin desaparecer la relación jerárquica el trato se facilita. La amistad da un tinte a otras relaciones de fraternidad, de paternidad, de jefe y subalterno, etcétera.

Corregir en un tema crucial pero necesario, es la prueba de fuego de la amistad. Hiere corregir en aspectos íntimos, arraigados y nocivos. Sin embargo, como la amistad busca la mejora mutua, es indispensable corregir adecuadamente y recibir esa corrección con agradecimiento, aunque duela. Quien corrige crece en lealtad y fortaleza, quien recibe la corrección se hace humilde, y si acepta mejorar ha de esforzarse en asumir el consejo.

La educación de la libertad de los hijos no es tal educación y además se aparta de la amistad por dos extremos nocivos: permitirles cualquier capricho para no hacerles sufrir o aplicarles una disciplina rígida e impedir sus propias decisiones. Aquí falta el auténtico amor al hijo, pues se busca evadir el mal rato de corregirles cuando se equivoquen.

Se hacen amigos desde la infancia en la escuela, más adelante en el lugar de trabajo, o en la cercanía en una actividad social. Al coincidir en actividades de cooperación, colaboración o ayuda a otros, nace la admiración por quien se preocupa por los necesitados o sabe resolver los problemas. Hay diálogos, pactos, compromisos, opinan y eso facilita conocerse y surgen las amistades en los encuentros frecuentes. Muchas veces invitan a otros para que se sumen a esas actividades solidarias.

En la amistad la sensibilidad se mejora de modo natural al compartir las alegrías, el dolor y las penas de los amigos. Aunque también la sensibilidad puede falsear la amistad al buscar solamente el placer que aporta la compañía del otro. Esta relación es interesada y termina la amistad cuando se acaba el placer.

Hay sucedáneos de la amistad y son, entre otros la complicidad, el sometimiento, el deslumbramiento, la imitación, la cooperación al mal. Pactar con el deterioro no es amistad. En la complicidad y la cooperación al mal hay reciprocidad, pero para provocar un daño grave a los demás. Estos lazos caracterizan a los narcotraficantes que se unen para enriquecerse a costa del embrutecimiento de la población que se hace adicta.

En el sometimiento, el deslumbramiento y en la imitación no hay reciprocidad, por tanto, es una relación impositiva y anula a los seguidores. Si no alcanzan las metas sufren consecuencias muy graves, personales y familiares. Es un modo contemporáneo de esclavitud.

Dejar actuar a estos grupos por quien tiene la autoridad y la fuerza para acotarlos, frenarlos e impedir que sigan pervirtiendo a sus seguidores o destrozando la vida de sus oponentes es gravísimo, porque se les da la oportunidad de que se expanda el mal y lo impongan pues no encuentran ningún obstáculo.

Pero todavía es peor negociar con esos grupos, dar un trato inmerecido a costa de recibir su apoyo, es un crimen mayúsculo. Desgraciadamente ese trato no se limita a lo acordado, se desborda va a más y lo estamos sufriendo. Nuestro país ya es un narcoestado y nos va a costar muchas vidas volverlo a recuperar. La responsabilidad moral del gobierno es tremenda. Y la del pueblo que no denuncia también.

 

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