Mediación

El mediador es alguien que desea la armonía sin excluir lo valioso de cualquiera de las partes. Busca la concordia, pero no a costa de la anulación de alguna de las partes.



Todos anhelamos la paz, pero estamos rodeados de dificultades que la bloquean. Dificultades internas y externas. Las primeras pueden ser la deficiente comprensión de la razón del actuar ajeno o juzgar esa actividad como un freno al desarrollo de los demás. Las dificultades externas pueden ser enfoques irreconciliables, malos entendidos, antipatías, etc.

Como esas ideas o esos modos de proceder pueden estar muy arraigados, es difícil cambiar sin la ayuda externa. Hay problemas familiares, laborales o sociales que son muy complejos y sería una gran pérdida desprenderse de alguna persona, o no se debe hacer si el problema es familiar.

El mediador es alguien que desea la armonía sin excluir lo valioso de cualquiera de las partes. Busca la concordia, pero no a costa de la anulación de alguna de las partes. Tampoco arreglar los problemas proponiendo una postura ecléctica en donde se toma parte de las posiciones con tal de lograr la conformidad de todos con detrimento de la lógica del planteamiento, entonces si se lograra la armonía, sería frágil porque hay incongruencia.

La tarea del mediador tampoco es una labor de convencimiento para que todos cedan y plantear algo totalmente nuevo. Con lo cual se pide que adopten algo nuevo y solamente así podrá haber unidad y paz.

Por el contrario, el mediador ha de respetar el modo de ser de los otros, ha de detectar lo bueno y positivo que plantean, pero con la misma veracidad también han de detectar los errores y los prejuicios mutuos forjados con o sin razón.

Por lo tanto, el mediador, aunque tenga un encanto natural para relacionarse, que ya es un adelanto necesita adquirir y poner por obra una serie de cualidades. Prudencia, serenidad, fortaleza, capacidad de escuchar y entender al otro. Facilidad para darse a entender. Discreción, discernimiento, comprensión, oportunidad, paciencia. Formación.

Aceptar la mediación, con sus pros y contras, pero convencerse de que aun cuando se ventilen asuntos íntimos, vale la pena hacerlo por el fin mucho más alto que se busca: la unidad y la paz.

Conforme se han aumentado y complicado las relaciones humanas, han aparecido escuelas para formar a mediadores en distintos campos profesionales. A ellos se puede acudir de manera formal pues obtienen logros importantes en las relaciones humanas y profesionales.

Sin embargo, todos podemos actuar como mediadores cuando no formamos parte de la solución de algún asunto. Hay estudios complejos o tomas de decisiones trascendentes que surgen en la vida cotidiana, y quienes deben decidir tienen puntos de vista polarizados, y no llegan a una solución. Esto puede suceder en el hogar, en la oficina o entre un grupo de amigos.

En esos casos, quien no tiene por qué opinar debe actuar para ayudarles a decidirse por una solución, por el bien de todos, para que lleguen a un acuerdo, o para que no se den rupturas.

Ese mediador natural ha de ubicarse porque al no formar parte de los responsables de solucionar un problema no tiene por qué intervenir en ese asunto, ni tomar partido. Pero sí puede aconsejar sobre el modo de trabajar, sobre la manera de escuchar a los demás, para lograr abrirlos a otras posibilidades, para serenar el ambiente y conseguir que todos argumenten y se tomen en cuenta sus intervenciones.

En esas circunstancias todos nos encontramos muchas veces y en distintos ambientes. Pero especialmente hemos de estar dispuestos a tomar ese papel en nuestra familia y en el grupo de amigos. Son grupos de personas cercanas y queridas, y eso n os urge a intervenir por el bien de cada uno y por el lazo que les une.

La cercanía con esas personas facilita el papel de mediador. Es necesario escuchar sus puntos de vista sobre el tema debatido y entenderlos, pero también explicarles aspectos no advertidos. Evitar la precipitación y disolver los malos entendidos. Subrayar los aspectos positivos de cada planteamiento, pero hacer pensar si eso es lo más adecuado en tales circunstancias o con tales personas. También dar crédito a quienes son expertos y han obtenido buenos resultados en asuntos semejantes.

Ver si es conveniente hacer varias rondas de exposición de motivos para que todos estén seguros que han expuesto lo que saben y se sientan satisfechos. En estas circunstancias, es más fácil que se abran a la escucha de los demás.

En la familia es muy importante contar con un mediador cuando hay una discusión donde no se ve claro el camino a seguir. Ese papel lo puede asumir cualquiera de los miembros de la familia siempre que esté sereno e imparcial. Otras veces se puede elegir a alguien. En todos los casos se trata de llegar a soluciones para no eternizar las discusiones y propiciar el enojo.

La vida exige resolver problemas y teme a las pseudo soluciones que sólo retardan los asuntos y muchas veces los complican al eternizarlos. El mediador, aunque busca agilizar, siempre ha de poner en primer lugar la verdad y el beneficio de los resultados.

Por eso, tiene que salvar los aciertos de una y otra parte y exponer los errores de cada parte y desecharlos. Ha de alejarse del peligro de querer quedar bien con todos. Su papel es encontrar la mejor solución y además, conservar y fortalecer las relaciones humanas.


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