Ciudadanos de tiempo completo

Es necesario saber lo que no es negociable porque forma parte de la riqueza del ser humano. Esto tiene que ser el soporte de cualquier partido, de toda ley y de todo funcionario.



Hay asuntos que permanecen en nosotros, queramos o no. Están y lo mejor es aceptarlo porque no podemos desaparecerlos. Esto sucede con la herencia biológica que nos vinculan a nuestros progenitores; o las influencias del ambiente en el que vivimos, queramos o no dejan huella. Eso sucede con la ciudadanía que nos acompaña en todo momento.

Los problemas personales aparecen cuando no queremos aceptar esas realidades, entonces las negamos. Nos ocupamos de ellas, pero solamente durante algún tiempo, o simplemente sabemos que existen pero no acatamos los compromisos y obligaciones. Por falta de compromiso a veces las consideramos lastre, sin darnos cuenta de los beneficios si las afrontamos adecuadamente.

La ciudadanía es una realidad como lo es el tipo de sangre que tenemos. La ciudadanía es un presente y es necesario vivir la responsabilidad de cada día. No se trata de actuar solamente en tiempo de elecciones o de algún problema notorio, se trata de seguir los sucesos y pronunciarse ante sus consecuencias. Gracias a Dios ahora contamos con más medios para informarnos y para expresarnos. La finalidad es movernos a la acción para el bien de todos.

El tiempo corre de un modo pasmoso, para estar preparados hemos de mantenernos al día de los sucesos más importantes, y seguir la trayectoria de las personas. Al menos conocer a quienes pueden darnos informes verídicos. Así, cuando llegue un periodo importante como el de las elecciones tendremos suficiente criterio para elegir. También cuando hagan una encuesta y tengamos que opinar.

Sobre el modo como se desarrollaron las elecciones y los postulados de cada partido, hemos de recabar datos para formar nuestro criterio. Son acontecimientos que marcarán un derrotero, por eso hemos de observar cómo son las tendencias, cuáles los intereses y, sobre todo, el modo de ganar adeptos.

Conviene advertir las simpatías con otras naciones. Siempre se han dado estos fenómenos, pero lo más importante es detenerse para analizar algunos sucesos y darles una calificación. Hay cuestiones aceptables y otras reprobables, vengan de quien vengan. Lo mejor es observar los hechos para calificarlos. Lo peor es ver los sucesos e imitarlos sin ninguna valoración.

También se debe prestar atención a las decisiones de las Cámaras. Especialmente importantes son todos aquellos aspectos que tienen relación con las legislaciones porque marcan el rumbo de la conducta de los pueblos, y moralmente nos compete a todos evitar los atentados contra la ley natural.

Actualmente se han adoptado las marchas como un modo de participar apoyando o reprobando una decisión. La mayoría se llevan a cabo con respeto y sin violencia. Este es un gran logro y manifiesta avances en la cultura popular. Y es un recurso que facilita la participación de personas que de otra manera no lo harían.

El modo de exponer las ideas manifiesta las tendencias, el nivel de educación, la capacidad de escuchar y de respetar otras posturas. También es básico detectar si hay propuestas que respondan al modo de resolver problemas. Cómo se jerarquizan las necesidades, si se atiende a todos los sectores de la población y cómo se aceptan las críticas.

Hay discursos que son muy pobres en propuestas y dedican demasiado tiempo a criticar las actuaciones personales del adversario, prácticamente se le desviste de una manera muy poco elegante, se le ridiculiza y se le acorrala. El que acomete así, aunque gane, pierde porque con esa actuación no consigue la confianza de los demás. Temerán ser tratados de modo semejante.

Actualmente la polarización de principios es alarmante. Hay cuestiones que son irrenunciables porque se trata de aspectos esenciales. La defensa de la vida humana debe ser un asunto básico para todas las personas que tengan un cargo de responsabilidad. Quien no respeta la vida en todas las etapas y en todas las circunstancias es inhumano, deshecha la ley de no matarás. Alguien así no puede ocupar un puesto superior porque destruirá a sus subalternos. La bandera de la defensa de la vida pertenece a todos los partidos. Quienes no lo entiendan, no tienen criterio.

Lógicamente existen partidos porque hay distintos modos de resolver los problemas, distintas maneras de priorizar los asuntos, diferentes visiones del futuro, hay variadas formas de relacionarse con otros países. Sin embargo, siempre hay que analizar las políticas sobre el apoyo a la familia, a la educación, al trabajo, a la salud y a la seguridad. También importa la visión de futuro y el modo de acercar a todos a los adelantos científicos y tecnológicos. Sólo con estos datos se puede emitir un voto bien madurado, si se trata de elecciones.

Desgraciadamente a quienes tienen criterios morales sólidos se les califica de conservaduristas. Esto es un error porque de lo que se trata es de aplicar los logros para defender los derechos humanos y las costumbres de vidas virtuosas, como es la honestidad, el respeto a los demás, la lealtad a los principios, la veracidad a los hechos y un largo etcétera. Obviamente el respeto a la ley auténtica y a las instituciones es primordial y nos beneficiamos todos.

Por lo tanto, es necesario saber lo que no es negociable porque forma parte de la riqueza del ser humano. Esto tiene que ser el soporte de cualquier partido, de toda ley y de todo funcionario.

Descubrir los errores y los aciertos nos ayuda a tener mejores intervenciones y mejores argumentaciones.

 

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