Consecuencias de la pornografía

La valía de cada persona es inmejorable, pero requiere de nuestros cuidados. Necesitamos aceptar el reto y custodiar el tesoro que significa ser persona.



Cada vez hay noticias más alarmantes de casos patológicos respecto a abusos de la sexualidad. Ya no es solamente un desparpajo en el lucimiento del cuerpo sino una agresividad hacia los demás, impensable hace unos años. Existía un cierto pudor para tratar estos asuntos. No se mostraban en cualquier medio, y se cuidaba al tipo de destinatario, por ejemplo: los niños. Estas medidas han desaparecido.

Si alguna persona exploraba esos temas, iba a páginas especiales, revistas o autores con esa trayectoria. También visitaba lugares para vivir experiencias límite. Ahora esos espacios han roto sus muros y están dispersos sin respetar la edad o las costumbres. La pornografía para salir de sus muros se ha disfrazado de educación sexual. Por eso, los ignorantes o los promotores de esta “industria” han introducido el tema en libros de texto, incluyendo los del nivel básico.

La comercialización y el éxito de esta industria fomenta la mal sana curiosidad de las personas y, si se enganchan, la fuerza de esos malos hábitos cuando se adquieren. No podemos ni debemos degradarnos. Estos asuntos son parte de nuestra corresponsabilidad. Haciéndonos daño, dañamos a los demás. Al deteriorar la propia persona, se deteriorarán las relaciones, especialmente con el cónyuge y se afectan todas las dimensiones de cada persona. Por eso, se pierden las nociones de conyugalidad, de paternidad o maternidad respecto a los hijos. Es increíble llegar a tal degradación.

La página conparticipación.com difundió una conferencia de la Lic. Ana Laura Hernández, quien expuso los datos que ella, como terapeuta, ha recogido para reconocer si una persona ya es adicta a la pornografía. Enumera las siguientes señales, importantes para tomar en cuenta. Advierten el peligro en el que puede encontrarse una persona.

Cantidad de tiempo que se dedica a esos contenidos. Si se ve una o dos veces por semana como un hábito, la persona ya está en camino a una adicción.

Si se acude para compensar ciertos estados de ánimo. Puede ser para quitar el estrés, la tristeza, el enojo, la depresión o la ansiedad. Esto manifiesta que esa persona no sabe cómo manejar sus emociones, entonces se evade con la pornografía, se excita, se masturba y así libera oxitocina y se relaja.

Se acude como premio ante algún logro.

Cuándo hay compulsión por ver pornografía.

Hay ansiedad si no se puede estar a solas para verla.

La persona ya no tiene fuerza para dejarla. Se tiene la seguridad de la maldad del hecho, pero no lo puede impedir.
La Lic. Hernández, además de estos síntomas indicó las siguientes etapas en la adicción a la pornografía:

Exposición temprana: mientras más temprana sea la edad es más fácil adquirir la adicción.

Ya hay adicción: Es un hecho regular en la vida y la persona no puede dejarla fácilmente.

Escalamiento: Se busca material cada vez más fuerte.

Disminución de la sensibilidad: La persona se muestran aletargada. Los estímulos más fuertes ya no la excitan. Busca material más intenso.

Comportamiento sexual anómalo: Aparece comportamiento sexual que se caracteriza por impulsos desenfrenados. Pasa de las imágenes al mundo real. Puede convertirse en delincuente sexual. Porque la intención de la pornografía es desvincular el sexo de la totalidad de la persona -su afectividad, su voluntad, su espiritualidad, su intelecto-.

La terapeuta sintetizó la conducta de una persona adicta a la pornografía:

Pérdida de control sobre la propia conducta (ya no puede parar).

Necesidad de experimentar cada vez más para sentir la misma emoción (tolerancia).

Malestar cuando no puede realizar la conducta (síndrome de abstinencia).

Persistencia de la actitud, aunque se conozcan las consecuencias negativas a nivel personal, familiar o laboral. A pesar de saberlo, la persona no se detiene.

La Lic. Hernández asegura que la pornografía transmite muchos mensajes falsos. Entre ellos están: ver al sexo solamente genitalizado y como medio de placer; exento de responsabilidad interpersonal; legitima, banaliza y normaliza las agresiones a las mujeres; asocia el placer y/o la virilidad con la agresividad.

Estos son datos que pueden ser causa de tanta violencia dentro y fuera de los hogares. Causa de tantas pérdidas como la del sentido de la fidelidad conyugal; la del orgullo de aceptar la responsabilidad de los padres hacia sus hijos manifiesta en el cuidado de la educación en las buenas costumbres.

La valía de cada persona es inmejorable, pero requiere de nuestros cuidados. Necesitamos aceptar el reto y custodiar el tesoro que significa ser persona.


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