Por quién voto

Somos un pueblo entusiasta, reaccionamos de inmediato, pero con facilidad abandonamos esas muestras de solidaridad. Nos asemejamos al agua de tamarindo, fácilmente se revuelve, pero más rápidamente se asienta.



Cuentan que en un pueblo organizaron una reunión y a cada persona que acudiría le pidieron que llevara un vaso de vino para llenar un tonel. Alguien pensó que llevaría un vaso de agua, nadie lo notaría pues eran muchos los convocados. Cuando llegó el momento de brindar todos bebieron agua.

Este suceso es ejemplo de caer en el anonimato y no tomar la propia responsabilidad de hacer lo que a cada uno le corresponde. Lo tremendo es que en ese grupo ninguno colaboró. Ante unas elecciones, puede ser muy fácil pensar que los demás votarán y yo me puedo dar el lujo de no hacerlo porque no se notará, pero un voto es importantísimo porque pueden inclinar la balanza.

El 6 de junio de este año habrá votaciones para renovar la Cámara de Diputados y en 32 estados de nuestro país se renovarán varios cargos incluyendo nueve gobernadores. Nunca, antes habíamos tenido tal volumen de elecciones. Son 3,400 cargos en total. No es poco y será muy grave excluirse.

Estamos en un momento en el que la patria demanda nuestro patriotismo para señalar el mejor rumbo. Algunos tienen más responsabilidad porque hay que evitar las dictaduras de quienes acumulan poder. Ellos son los comunicadores, los que publican encuestas, los líderes de opinión, los influencers. De todos esperamos honestidad, prudencia y profundidad en sus opiniones porque les tomaremos en cuenta.

Hemos de votar con conocimiento, para poderlo hacer hemos de fijarnos en algunos aspectos. Sin agotar los temas, se sugieren los siguientes. Su entorno familiar y su trayectoria profesional. Advertir si son personas que buscan un trato de excepción. Detectar si pueden ser ejemplares para los demás. Ver si tienen espíritu de servicio o si se han aprovechado de sus trabajos para buscarse otros puestos, aguinaldos, sueldos de excepción o regalos.

Para obtener nociones generales, podemos entrar a Google. Investigar dónde realizó sus estudios, cómo es su familia, qué puestos de trabajo ha desempeñado, en qué actividades ha destacado. Y, así, advertir si está preparado para ese cargo.

Advertir si su calidad moral está garantizada y muestra empeño por defender los valores patrios y si ha luchado contra costumbres que degradan. Cuáles son sus convicciones sobre la vida, la familia, el ambiente social, la justicia, la economía, las relaciones internacionales, el arte, la ciencia, la educación, la libertad de expresión y la libertad religiosa.

Si respeta las leyes y las instituciones. Cómo entiende el bien común y si ofrece motivos de esperanza para combatir las injusticias y la corrupción. Da mucha luz saber quiénes son sus amigos.

Estar atentos para seguir los debates. Allí se sabe cómo ven los problemas, cuáles son sus jerarquías. Las convicciones de cada candidato para resolver los problemas a los que se enfrentará no es motivo para descalificarlo, aunque sí cabe rebatir los enfoques, pero no atacar de mal modo, ni ventilar aspectos de la vida privada.

También conocer su postura ante los graves problemas de las mafias, del narcotráfico, de la migración y por supuesto el tema de la salud.

El papa León XIII preocupado por el fenómeno social de la industrialización que redujo el tiempo que los padres dedicaban a la familia; que incitó la migración del campo a las grandes ciudades; el horario de trabajo; la remuneración justa y mucho más, escribió la primera encíclica social de la Iglesia, la “Rerum novarum”, que no ha dejado de inspirar a sus sucesores.

Este Sumo Pontífice escribió otra encíclica titulada Sapientiae Christianae. Allí tiene el siguiente párrafo que nos viene bien para considerar nuestro protagonismo ante las próximas elecciones: “Ceder el puesto al enemigo, o callar cuando de todas partes se levanta incesante clamoreo para oprimir a la verdad, propio es, o de hombre cobarde, o de quien duda estar en posesión de las verdades que profesa. Lo uno y lo otro es vergonzoso e injurioso a Dios; lo uno y lo otro, contrario a la salvación del individuo y de la sociedad: ello aprovecha únicamente a los enemigos del hombre cristiano, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos”.

Somos un pueblo entusiasta, reaccionamos de inmediato, pero con facilidad abandonamos esas muestras de solidaridad. Nos asemejamos al agua de tamarindo, fácilmente se revuelve, pero más rápidamente se asienta. Algo así sucedería si estamos prontos para votar y a eso reducimos nuestra civilidad.

Actitudes semejantes las hemos de modificar. Nuestra consciencia de ser ciudadanos debe conservarse todo el tiempo. Aprovechar los datos que obtuvimos para conocer a los candidatos. A partir de esos datos podremos detectar mejor la congruencia de los nuevos gobernantes. O, si fuera el caso, recordarles sus promesas y exigirlas.

Así como nunca dejamos de ser parte de nuestra familia, tampoco dejamos de pertenecer a nuestra Patria.

El papa Francisco con mucha frecuencia habla de la responsabilidad ciudadana, mueve a las personas a no ser indiferentes a la cosa pública, y reprende a quienes se repliegan en su zona de confort y se abstienen de luchar por la justicia y por el bien común de la sociedad. Nunca nos hemos de escudar en que basta con no hacer mal a nadie. Replegarse es hacer mal por omisión.

En el interior de cada persona hay una reserva natural de principios y valores que tanta falta hacen en la política. Por este motivo, las personas y las agrupaciones no pueden desentenderse de la realidad de que con su actuación coherente elevan la vida pública.


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