Al comenzar un nuevo año

Porque debemos de poner por obra nuestros propósitos de este 2022, no sólo con buenas intenciones sino con la actitud de concretar bien nuestras metas para convertirlas en realidad.



En estos días de fin de año y del inicio del nuevo, es normal que muchas personas sientan la necesidad de hacer un balance de sus actividades del año que termina: consideran los resultados para poder rectificar, y hacen un plan de su trabajo para el nuevo periodo que comienza.

Y en casi todos –con mayor o menor profundidad- este hecho un tanto convencional, que el calendario señala, despierta la conciencia del tiempo, de que la vida pasa sin detenerse.

¿Un año más? ¿No sería mejor decir, un año menos? El tiempo se nos va de las manos: semanas, meses, años… y nos lleva a la consideración de que algún día terminará nuestro breve paso por la Tierra.

Esta reflexión no es para ponerse trágicos sino realistas. Acabo de regresar de mi terruño natal, Ciudad Obregón, Sonora, y en un café con amigos hacíamos un recuento de los que se nos han adelantado en el camino. Algunos por diversas enfermedades, otros por inesperados infartos, otros más por accidentes, y muchos otros debido al COVID.

Un sabio pensador consideraba “Termina la vida, pero no el amor. ¿Cómo aprovechar el tiempo? Creciendo en el amor. Al final, es eso lo determinante”.

O como afirmaba San Juan de la Cruz: “Al final de nuestra vida, seremos juzgados en el amor”. ¿Pero en el amor a quiénes? A Dios, a nuestros familiares, amigos, compañeros de universidad o de trabajo.

Porque lo importante son las buenas obras que hicimos a los demás. Eso es lo que verdaderamente permanece, lo demás se olvida o desaparece como esos castillos de arena que construíamos en nuestra infancia, junto a la playa, y se desvanecían con las olas del mar.

Como acertadamente escribía el gran poeta de Castilla, Antonio Machado (1875-1939), el más joven representante de la “Generación del ‘98”, en su poema “Cantares”:

“Todo pasa y todo queda, / Pero lo nuestro es pasar, / Pasar haciendo caminos, / Caminos sobre la mar./ (…)

“Caminante, son tus huellas / el camino y nada más; / Caminante, no hay camino, / se hace camino al andar. / Al andar se hace camino, / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. / Caminante no hay camino / sino estelas en la mar”. / ”

Son interesantes los versos en que escribe: “Caminante no hay camino, / se hace camino al andar.”, porque habla de lucha diaria para conseguir las propias metas de vida, “A golpe de vuestras pisadas”, añade.

En realidad, cada día nuestro es un tiempo para llenarnos de buenas obras, de ir con las manos llenas de esas obras y nunca cansarnos de hacerlas. Ahora es el momento adecuado de realizar ese tesoro que no envejece. Sin perder de vista que pasado este tiempo, ya no habrá otro.

Hemos de aprovechar el tiempo y no malgastarlo. No es justo, por tanto, como decía un escritor: “Que lo tiremos irresponsablemente por la ventana”. Por tanto, hemos de hacer el bien con quienes nos rodean, con el trabajo cotidiano bien hecho, con el ejercicio de las virtudes y procurando desarraigar los defectos.

Nada se gana en este camino, sin el esfuerzo personal. Por ello, cuando se dice, “Año nuevo, vida nueva”, más bien habría que afirmar: “Año nuevo, lucha nueva”.

Porque debemos de poner por obra nuestros propósitos de este 2022, no sólo con buenas intenciones sino con la actitud de concretar bien nuestras metas para convertirlas en realidad.

Sin duda, al terminar un año sentimos la necesidad de pedir perdón por nuestras faltas de caridad hacia los demás y de dar gracias a Dios por todos los beneficios recibidos.

¿En qué hemos de pedir perdón? Por nuestros arranques de mal humor, por nuestra poca paciencia con los demás, por nuestras intemperancias o defectos del mal carácter que no hemos sabido dominar; quizá por la escasa laboriosidad en nuestro trabajo porque nos hemos dejado llevar por la pereza o el desorden, etc.

Cualquier año puede ser el mejor año, si aprovechamos las gracias que Dios nos tiene reservadas y que pueden convertir en bien la mayor de las desgracias. Por ello, no desperdiciemos ni un solo día. Y cuando llegue la caída, el error o el desánimo, entonces hay que recomenzar enseguida.

Hagamos el propósito de convertir las derrotas en victorias, recomenzando siempre y con buen ánimo.

Pidamos la gracia de vivir este año que comienza como si fuera el último de nuestra vida y en verdad que lo aprovecharemos mucho mejor.

A todos mis lectores les deseo un Feliz Año 2022 y que el Señor les colme de sus bendiciones a ustedes y a sus familias.


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