Amor y heroísmo por una ciudad

El rey Luis supo revivir el auténtico espíritu que reinaba durante las primeras cruzadas entre sus nobles para que fuera ciertamente una misión militar pero llena de espiritualidad y de generosidad.


Tierra Santa


Dejemos por un momento la situación de crisis en la que vivimos, y vayamos a una narración histórica, llena de amor, heroísmo y aventura, inspirada por una ciudad llamada Jerusalén.

Los protagonistas son Luis IX de Francia y su esposa la reina Margarita, personajes muy de su época, y al mismo tiempo muy diferentes a muchos de los nobles de entonces que solamente buscaban beneficios económicos o políticos con sus actuaciones.

Luis IX, conocido en la historia como san Luis Rey, fue coronado a los 12 años, pero la regente del reino que ejerció el poder fue su madre Blanca de Castilla, una mujer de gran personalidad y fe, que supo conducir el reino hasta que Luis fue declarado mayor de edad a los 20 años, y entonces se casó con Margarita, hija del conde Ramón Berenguer V de Provenza, y de su esposa Beatriz de Saboya. Afortunadamente los dos jóvenes se enamoraron, y resultó que la joven reina también fue una mujer virtuosa y de carácter, lo que en ocasiones resultó en ciertas dificultades cuando la reina madre y la reina consorte no coincidían en algunas situaciones.

Una de las cosas en la que los jóvenes reyes coincidían es que ambos tenían mucho interés por la ciudad de Jerusalén que los cruzados habían perdido en 1187, cuando después de la batalla de los Cuernos de Hattin, los cristianos perdieron contra las fuerzas de Saladino, y que ellos consideraban debería pertenecer a la cristiandad por ser la ciudad donde Jesús había muerto y resucitado, y la oportunidad se presentó cuándo el rey había sobrevivido a una enfermedad que lo puso al borde de la muerte, de la cual se recuperó casi milagrosamente, y que a raíz de ese acontecimiento sintió la inspiración para ir a recuperar la Ciudad Santa para la cristiandad e hizo un voto de compromiso para ello.

No era fácil preparar una cruzada, sin embargo, el rey Luis supo revivir el auténtico espíritu que reinaba durante las primeras cruzadas entre sus nobles para que fuera ciertamente una misión militar pero llena de espiritualidad y de generosidad, pues había que arriesgarlo todo, caminos llenos de peligros, de enfermedades y de enemigos.

Para entonces Luis contaba con 34 años y Margarita 27, Luis había trabajado mucho en su reino para que imperara la justicia y no se abusara de los pobres por parte de los poderosos, y ya los monarcas de Francia para ese entonces tenían tres hijos, sin embargo, Margarita se decidió a acompañar a su esposo en esa gran aventura, y decidieron dejar a sus hijos y el gobierno completo en manos de la reina Blanca de Castilla, la madre de san Luis. Hay que hacer notar que no era tan raro que las mujeres acompañaran a sus maridos en las cruzadas, aun destacadas mujeres de la nobleza lo hicieron.

Luis trabajó mucho para poder reunir un ejército de ocho mil caballeros y 25 mil hombres, no había ni sillas de gala ni fundas bordadas, porque iban como peregrinos, había que decidir muchas situaciones, entre otras la ruta a seguir, y se decidieron por llegar vía Egipto con una escala en Chipre. Se requerían de 38 barcos para transportar al ejército, y como Francia no disponía de ellos tuvieron que negociar con los genoveses poseedores de una gran flota, y unos verdaderos comerciantes que impusieron sus condiciones.

El embarque fue muy complicado, además de los hombres había que llevar alimentos, agua, armas, balas, hachas, y otros implementos, y sobre todo los caballos, y distribuir la carga para evitar que los barcos se fueran a voltear.

Por fin zarparon el 28 de agosto de 1248, Luis y Margarita oraban todos los días, no eran realmente personas de mar, y estaban sujetos a la providencia, y por fin el 18 de septiembre llegan a Chipre donde son recibidos con todos los honores por el rey Enrique de Lusignan. Se quedaron ahí tres meses y trabajaron sobre los planes, determinando que llegarían a Egipto por el Nilo, pues pensaban que controlando el río podrían después tener una buena posición estratégica para continuar. En Egipto había dos grandes puertos que eran Alejandría y Damieta. Pero los atrapa el invierno y no pueden partir, lo que resultaría muy negativo pues no faltarían espías que llevaran noticias de la cruzada y el sultán Malek-saleh se podría preparar para la defensa.

Por fin el 6 de junio de 1249 la flota de los cruzados llegó a Damieta, el sultán había reforzado las murallas de la ciudad, pero se había retirado por enfermedad. Fue una batalla épica que aquí no hay espacio para describir, pero para sorpresa de muchos en tan sólo 24 horas los francos tomar la ciudad, y el emir Fakhr el- Din, que había comandado las fuerzas del sultán dio la orden de retirada. Durante cinco meses permanecieron las tropas en la ciudad, el rey se dio a la tarea de que se repararan los muros y se restauraran las iglesias, mientras esperaban la llegada de refuerzos, por fin el 20 de noviembre, después del descenso de las aguas del Nilo se pusieron en marcha hacia El Cairo.

Margarita embarazada se quedaba al frente de la ciudad, que recibía suministros de barcos italianos que llegaban con las mercancías que se requerían para la vida de la misma. Las tropas llegaron frente a una fortaleza que había reforzado el sultán y a principios de febrero de 1250, la batalla comenzaba favorablemente, pero la desobediencia del hermano del rey produjo un desorden y después de varias situaciones desafortunadas, más al final una traición las fuerzas enemigas empezaron a controlar el escenario, y no solamente se perdería la batalla sino que el mismo rey caería prisionero de las fuerzas enemigas el 6 de abril de ese mismo año. Mientras tanto la reina en Damieta daba a luz un niño al que llamaría Juan Tristán, haciendo alusión a lo que estaba pasando.

Muchos de los nobles piensan abandonar Damieta, Margarita tiene que convencerlos de que se queden y no abandonen ni al rey ni la misión por la que fueron convocados, y ofreció que ella se haría cargo de todos los gastos de alimentación y aprovisionamiento.

El sultán pensó que era más valioso mantener al rey Luis vivo que muerto, ofreció varias negociaciones para su liberación pero el rey no estuvo de acuerdo en liberarse el solo dejando a los demás prisioneros, así que fue una negociación muy complicada, ya que entre los mismos emires y el sultán hubo muchas diferencia e intrigas, a final de cuentas los sarracenos no respetaron los acuerdos y mataron a muchos de los cristianos, Margarita hubo de entregar a cambio de la vida del rey y sus soldados la ciudad de Damieta, su participación en las negociaciones fue muy importante y los musulmanes se sorprendían de que una mujer pudiera tener tanta autoridad, y ella partió para Acre donde al fin después de muchos sufrimientos se reunirían nuevamente los esposos. Cuatro años permanecerían los reyes en Tierra Santa, donde hicieron mucho por las ciudades que estaban en poder de los francos, reconstruyeron sus murallas y las fortificaron y consiguieron con subsecuentes negociaciones la liberación de 12 mil francos que estaban presos en Egipto, aunque nunca pudieron concluir su sueño de reconquistar Jerusalén.

Habiendo muerto su querida madre en 1252 y siendo requerido por los nobles, el viernes 24 de abril de 1254 se embarca de regreso Luis con su esposa, y con sus tres hijos que habían nacido durante su tiempo de cruzado, terminando la aventura en julio de 1254 con su regreso a Francia.

 

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