El país soñado

Es tiempo de que formemos una conciencia cívica participativa sobre todo entre los jóvenes, basados en análisis de la realidad.



Durante el mes de septiembre, no ahora, sino desde hace muchos años, al presentarse el informe de gobierno, si cerramos los ojos a la realidad y simplemente escuchamos, parecería que México es un país con grandes avances, donde todos los rubros son iguales o superiores a las naciones que consideramos de primer mundo, se habla de números fantásticos y de un país con orden, con salud, con futuro, con estabilidad social y económica, pero al abrir los ojos a la realidad nos damos cuenta que el panorama en muchos temas es desconsolador y en otros verdaderamente alarmante.

Cada seis años se crean una serie de expectativas basadas en las promesas de un nuevo presidente que durante la campaña electoral fue presentando y que muchos de los ciudadanos creyeron que serían verdaderamente buscados por los nuevos gobiernos, para después de seis años estar muy desilusionados, y repetir la historia cíclicamente.

En cada informe se habla de resultados que generalmente no vemos, y se buscan culpables para los innumerables fracasos, recuerdo a López Portillo culpando a los bancos de todos sus fracasos y declarando la expropiación de estos para crear una gran crisis en México, ahora hay varios culpables en la lista, una clasificación genérica de los llamados Neoliberales, donde caben todos los que de alguna manera no están en la misma línea de las directrices gubernamentales. Los conservadores que son otro lote donde también se pueden agrupar a muchos empresarios y a todos los medios y periodistas que exponen hechos e información que no concuerda con los informes del gobierno, y muchas organizaciones sociales, y desde luego instituciones que guardan su autonomía como el INE con gran participación ciudadana.

No quisiéramos decir que todo sigue igual, pero tenemos que decir que mucho se vislumbra peor, y que por eso es tiempo de que la ciudadanía se sienta con la responsabilidad de participar más activamente y a no dejarse impresionar por la propaganda del gobierno, sino que se esfuerce por profundizar sobre los diversos temas que están siendo protagonistas de esta nueva forma de gobernar, y no solamente con el enfoque de los temas más mencionados como son la seguridad, la salud, o la economía, sino por ejemplo la reforma a los programas educativos que implican no solamente un enfoque político, sino una nueva forma de interpretar a la sociedad y los mismos valores humanos que son en el fondo los que rigen a un país.

Es tiempo de que formemos una conciencia cívica participativa sobre todo entre los jóvenes, basados en análisis de la realidad, pero no dejando de lado los valores que nos han dado coherencia de nación, no con corrientes ideológicas que se basan en la confrontación y en la idolatría del Estado, tampoco simplemente proponiendo regresar a un pasado que tampoco ha sido precisamente exitoso, un reto enorme donde los parámetros no sean tampoco solamente éxitos materiales, sino en un crecimiento integral dónde los valores espirituales, culturales, artísticos y trascendentales sean también parte de nuestras metas de cambio social.


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