Nacionalismo y globalización en combate o convivencia

Desde el punto de vista económico es cierto que la globalización beneficia más a las naciones poderosas, pero lo es también que ha traído beneficios a otras naciones, como es el caso de México.



El nacionalismo en principio se presenta como una cualidad positiva, es un término relativamente moderno y se relaciona con el orgullo de pertenecer a una nación determinada e identificarse con sus principales símbolos como la bandera, el himno, los héroes, su historia, las tradiciones y las virtudes de los ciudadanos de esa nación.

Ciertamente el nacionalismo ha impulsado el desarrollo de muchas naciones y ha creado un sentido de colaboración para trabajar por el bien común, sin embargo, en muchos casos ha sido utilizado como herramienta ideológica por los gobiernos y grupos políticos para controlar y mover a la población para concretar las ambiciones de los grupos poderosos, y en casos extremos a enfrentamientos entre naciones y a grandes guerras como las del siglo pasado.

La globalización es un término bastante reciente percibido muy positivamente por un sector de la población y no muy bien aceptado por otra, y se refiere a un proceso de integración mundial en los ámbitos económico, político, tecnológico, social y cultural, con sus respectivas ventajas y desventajas, del cual México ya es parte y muy dependiente.

Ni el nacionalismo ni la globalización son en términos absolutos lo que debería ser el ideal de la sociedad tal como se han manejado hasta el día de hoy porque normalmente en ambos ha privado el interés de los poderosos antes que el bien de la sociedad.

En nuestro caso el nacionalismo ha sido más bien un patrioterismo con diversos enfoques según los gobiernos en turno, que han inculcado en cada época utilizando el monopolio educativo que ellos mismos se otorgaron desde la Constitución de 1917, desterrando en la formación de jóvenes y niños la herencia cultural sobre la cual se formó México a través de varios siglos de la fusión de españoles e indígenas y bajo un fuerte acento de la fe cristiana, realizada por la Iglesia católica, creando a cambio un nacionalismo sobre el enfrentamiento de lo español y lo prehispánico y arrancando de la vida pública las tradiciones cristianas que era un elemento base de identidad y unidad, y ese nacionalismo falsificado ha contribuido para que México por increíble que parezca no se haya terminado de consolidar.

Pero la globalización también está en lo ideológico siendo devastador, queriendo destruir bases tradicionales de la sociedad, sobre todo en lo que se refiere a la familia, con la imposición del aborto como derecho, y la ideología de género que pretende cambiar la mentalidad sobre realidades tan fundamentales y simples como que la familia natural es un papá, una mamá y los hijos, y la más fundamental de que Dios o la naturaleza para los no creyentes nos ha hecho hombres o mujeres según lo demuestran los cromosomas.

Desde el punto de vista económico es cierto que la globalización beneficia más a las naciones poderosas, pero lo es también que ha traído beneficios a otras naciones, como es el caso de México, que sin decir que ni remotamente con ello hemos logrado resolver el problema de desigualdad, si ha traído beneficios y por nuestra situación geográfica tenemos que buscar las mejores ventajas de esta nueva realidad, así las cosas nos ligamos a esta situación mediante el tratado de libre comercio que este gobierno ratificó con algunas modificaciones.

Pero ahora resulta que se revive como cuestión ideológica otra vez el nacionalismo, y otra vez muy manipulado de acuerdo a los intereses políticos de este gobierno, inventando un concepto de las llamadas transformaciones, que no es más que una combinación de autoritarismo con socialismo, y que ha creado una atmósfera de enfrentamiento primeramente local, clasificando de patriotas a los que apoyan al gobierno, y de traidores a la patria a todos lo demás, con sus calificativos adicionales de conservadores o neoliberales, y ahora llevándolo a un enfrentamiento internacional con Estados Unidos y Canadá por violar el Tratado de Libre Comercio con la ley eléctrica.

Hay un enorme trabajo que realizar por parte de la sociedad y los políticos que busquen el bien de México para centrarnos en un buen equilibrio entre un sano nacionalismo que impulse a las personas a ser mejores ciudadanos y a convivir con la realidad de la globalización, pero en ambos ámbitos reafirmando nuestros principios personales de buscar siempre el bien y la verdad como la base ética de nuestras decisiones y de nuestros actos, lo que nos obliga a dejar la apatía tradicional y buscar actuar en todos los medios a nuestro alcance para que los que tienen autoridad respondan a los intereses del bien común y no los propios, y menos aún los de ideologías destructivas o probadamente fracasadas.

 

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