México y Estados Unidos, dos universos opuestos encadenados por la geografía

México tuvo sus raíces en la colonización española con un virreinato fuertemente controlado por la corona, las dos grandes rivales de su tiempo, y además bajo dos visiones religiosas.



Un tema tremendamente difícil, complicado aún más por cuestiones de origen, ideológicas, históricas, económicas, políticas y aún sentimentales, que tal vez hoy más que nunca tiene consecuencias de orden práctico muy difíciles de manejar y entender entre ambos países, que se encuentran muy presentes en la situación actual y por el actual gobierno.

No es este el espacio para hacer un recuento histórico de ambos países, y ni siquiera de sus relaciones, pero sí es importante recordar que desde su origen hay un abismo, ya que Estados Unidos tuvo sus raíces en la colonización inglesa, y sus trece colonias, similares pero independientes entre sí, y México la tuvo en la colonización española con un virreinato fuertemente controlado por la corona, las dos grandes rivales de su tiempo, y además bajo dos visiones religiosas, Estados Unidos en general bajo la perspectiva protestante, y México bajo la perspectiva católica, con un enfoque muy evangelizador, y además en el territorio Norte Americano sus habitantes originarios contaban con un desarrollo cultural menos que los del centro y sur de México, dónde existían grandes ciudades como Tenochtitlan, y un imperio tan poderoso como el Imperio Azteca. Otro punto fue que en lo que después sería Estados Unidos se dio una gran inmigración, mientras que en México se centró en la inmigración española.

Tal vez las grandes diferencias que hoy podemos encontrar son sus orígenes en la visión y desarrollo que ambos pusieron para sus respectivas independencias, siendo que la primera fue la de los vecinos del norte. Durante el siglo XVIII, el gobierno central administraba sus propiedades en las colonias para beneficio de la metrópoli desde un enfoque mercantilista. Fuera de eso, las 13 colonias gozaban de un alto grado de autonomía, celebraban elecciones locales y, a partir de 1750, comenzaron a colaborar entre sí con lo que cultivaron un sentido de identidad compartido. Esto sirvió de base para desencadenar años después la revolución y el movimiento independentista.

Podemos decir que la razón principal de la independencia y la formación de Estados Unidos fue por cuestión de impuestos, que por la debilidad de la situación financiera de Inglaterra después de su guerra contra Francia trataron de imponer a las colonias, y esto creó un gran malestar, protestas, y una lucha que culminó con la declaración de independencia del 4 de julio de 1776. La Declaración de Independencia no puso fin a la guerra con los británicos. Tendrían que pasar otros siete años hasta que llegara el final formal del conflicto, el 3 de septiembre de 1783. Los británicos ratificaron la declaración de paz el 9 de abril de 1784.

Por otro lado, la independencia de México se inició por Hidalgo, Allende y Aldama el 16 de septiembre de 1810 con un movimiento que fracasó al poco tiempo, siendo realmente Agustín de Iturbide quién la realizó el 27 de septiembre de 1821.

Pero hubo dos hechos que fueron realmente los que marcaron la diferencia en el destino de ambas naciones, por un lado, en Estados Unidos la Doctrina Monroe, sintetizada en la frase “América para los americanos”, fue elaborada en 1823 en Estados Unidos por John Quincy Adams y atribuida al presidente James Monroe. Establecía que cualquier intervención de los europeos en América sería vista como un acto de agresión que requeriría la intervención de los Estados Unidos de América, después se creó el llamado mito del “Destino manifiesto”, dicho término aparece por primera vez en el artículo «Anexión» del periodista John L. O ‘Sullivan, publicado en la revista Democratic Review de Nueva York, en el número de julio-agosto de 1845. En él se decía: “El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino”. Me parece que estos dos pensamientos en su conjunto le dieron esa fuerza a este país para sentir que tenía el derecho de imponer sus condiciones e intereses en cualquier situación y así justificar la guerra contra México y muchas otras intervenciones.

En cambio en México, que se inició con un gran regocijo por parte de la inmensa mayoría de los ciudadanos, y que tenía un gran futuro basado en su gran territorio y posibilidades de desarrollo, inició bajo el esquema de un imperio encabezado por Iturbide, que en ese entonces la monarquía era el sistema de gobierno que imperaba y que parecía lo más natural al pueblo que había vivido siempre bajo ese tipo de sistema, fue desestabilizado por la masonería apoyada por los mismos Estados Unidos, que no quería un competidor imperial, más grande que ellos, además católico y con muchas posibilidades de ser potencia. Entonces Iturbide es derrocado y el país enfrenta una inestabilidad que no le permite desarrollarse, constantes cambios de gobierno, rebeliones, luchas entre conservadores y liberales, y entre ellos mismos, situación que permite que a final de cuentas Estados Unidos cumpla sus planes de llegar hasta la costa oeste ganando una guerra a México y quitándoles más de la mitad de su territorio. Considero que hubo una gran culpabilidad de los mexicanos en esta derrota por su falta de unidad y trabajo para el desarrollo consolidado.

A partir de entonces la brecha se fue haciendo abismal. Juárez se consolidó en el poder derrotando a Maximiliano gracias al apoyo de los Estados Unidos y fue el consolidador del liberalismo en México, que tanto odia nuestro actual gobierno, masón y enemigo de la Iglesia confiscó todas sus propiedades sin que en realidad se realizara ningún notable beneficio económico para el país. Después Porfirio Diaz pacificó al país y trajo un cierto desarrollo económico y cultural pero manteniendo grandes diferencias y mucha pobreza, llegó la Revolución Mexicana, se consolidó bajo la mano de hierro de Obregón y Calles y después se desarrolló bajo la dictadura de partido del PRI, con logros naturales pero no logrando nunca una verdadera democracia y bajo las sombras de la corrupción, después unos gobiernos panistas que no lograron librarse totalmente de esas herencias del PRI, pero en ese tiempo y el siguiente gobierno hubo un gran crecimiento de la infraestructura en México con grandes inversiones del extranjero, mayoritariamente americanas y después europeas y orientales, hasta llegar al presente en el que parece que en lugar de avanzar vamos en el sentido opuesto al progreso al querer caminar bajo las estrategias más que probadas del fracaso y de la falta de libertad de la ideología izquierdista que teóricamente es tan aparentemente justa, pero en la realidad solo beneficia a los políticos que la imponen y manejan.

Mientras tanto Estados Unidos continuó su desarrollo como una gran potencia y después de la Segunda Guerra mundial se consolidó como un gigante económico, en pugna con el Imperio Soviético, que se derrumbó estrepitosamente al estar basado en la falsedad y la imposición de esas ideas comunistas.

Y hoy en día nuestra realidad es que estamos en una dependencia enorme de nuestros vecinos, tanto por las inversiones, las exportaciones y las importaciones, como por el monto de las llamadas remesas, que es dinero que envían los mexicanos que en su mayoría se han visto obligados a emigrar a ese país por la falta de oportunidades en México, y que en cierto sentido son una muestra del fracaso de nuestras políticas de desarrollo.

Ante este panorama lo que habría que buscar ante la realidad que vivimos es obtener las mejores ventajas posibles, partiendo de la necesidad de formar ciudadanos responsables y con una buena base educativa no solamente en cuestiones técnicas y académicas, si no también éticas y espirituales, lo que requiere de un trabajo conjunto que debe iniciar en las familias, en los programas y centros educativos, en las universidades y academias, en los grupos sociales y empresariales, la Iglesia misma que sigue contando con una gran presencia, y con un gobierno que sepa aglutinar y escuchar a todas estas fuerzas para entender como poder aprovechar la fuerza de la inversión extranjera y al mismo tiempo desarrollar a las empresas mexicanas, a las nuevas tecnologías informáticas y de la comunicación, impulsar la innovación, las grandes oportunidades turísticas que tenemos, y buscar la mejor manera de aprovechar el tratado de libre comercio que tenemos con Estados Unidos y Canadá, situaciones que no se podrán desarrollar si no se arregla primero el problema de la inseguridad, si no se garantiza la seguridad en la inversión y la propiedad, democracia efectiva, libertad de expresión de conciencia y de religión que son de las más importantes para la creación de una nación digna con oportunidades para las nuevas generaciones, y donde se conserven nuestras tradiciones y principios como cohesión y columna vertebral del mismo. Sólo así podremos tener una relación en mejores términos de justicia y equidad con el vecino del Norte, pues ya pasaron los tiempos de enfrentamientos y rencores.

 

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