Palabras olvidadas en la sociedad de los muchos derechos y los pocos deberes

Es muy bueno que estemos viviendo en una sociedad de derechos, pero lo requerimos complementar con los respectivos deberes y recuperar al menos dos de las palabras que hemos perdido, sacrificio y generosidad.



La palabra derechos se ha convertido en un arma políticamente muy rentable, que además por nuestra misma naturaleza nos gusta mucho utilizar en favor de nuestros propios intereses, aunque muchas veces no tengamos ningún derecho real a invocarla porque hemos olvidado que para tener derechos se requiere de haber cumplido con ciertos deberes.

Si se toma como punto de partida a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos será posible enlistar 54 derechos fundamentales y universales que abarcan todos los aspectos que una persona requiere para realizarse en plenitud y alcanzar una vida digna en la que no existan privilegios, sino justicia.

Entre los principales podemos citar el valor fundamental que es el derecho a la vida, en lo que todos estaremos de acuerdo, que después en la práctica se cercena cuando en la misma lista se habla de derechos sexuales y reproductivos y en la práctica se traduce en derecho al aborto, con lo que se atenta contra la vida de los no nacidos.

Algunos otros de los derechos expresados son: Libertad de expresión, libertad de conciencia, libertad de imprenta, libertad de expresión, libertad religiosa, derecho a la libertad de tránsito y residencia, libertad de asociación, libertad de reunión y manifestación, libertad religiosa y de culto, derecho de acceso a la justicia, derecho a la irretroactividad de la ley, derecho de audiencia y debido proceso legal, etc.

Desde luego esto ha sido un avance de las sociedades democráticas y desde el punto de vista teórico parece representar una situación muy halagadora, después vemos que en la práctica no siempre son aplicados en forma justa para todos, pero al menos su existencia nos proporciona cierta tranquilidad.

Ya entrando en ciertos detalles y esto con sus muchas variantes en los diferentes países nos encontramos que ciertos derechos se convierten más bien en amenazas, como ciertas leyes que presentan por ejemplo la información sexual de una manera en la que muchos padres de familia no están de acuerdo, pues dentro de la forma de pensar de muchos la sexualidad conlleva una responsabilidad no solamente física, sino también moral, y ciertas legislaciones desconocen este sentido y pretenden que el Estado esté sobre los padres, y sea obligatorio que los niños sean instruidos en ese concepto totalmente independiente de esa trascendencia que implica el ejercicio sexual, inclusive en contextos que rebasan la relación de la sexualidad y la familia desconociendo el formato tradicional de la misma que durante siglos ha sido considerada como la base fundamental de las sociedades.

También se hace mucho énfasis en los derechos de hombres y mujeres sin enfatizar que todos tenemos una gran cantidad de deberes que cumplir para el buen funcionamiento de la sociedad. Pero para poder cumplir con un deber es casi siempre necesario un esfuerzo, y salvo para llegar a conseguir intereses ligados a situaciones económicas o de estatus, no se educa en el esfuerzo que se requiere y que va muy ligado a una de las palabras que ya casi hemos eliminado de nuestro lenguaje común y que se llama sacrificio, que podemos definir como esfuerzo, pena, acción o trabajo que una persona se impone a sí misma por conseguir o merecer algo o para beneficiar a alguien.

También hay una palabra que supera en significado al sacrificio, que se llama generosidad, la generosidad es lo que nos impulsa a dar sin esperar recibir nada a cambio. El significado de generosidad no hace referencia únicamente a dar cosas materiales, sino también a ofrecer ayuda a personas que lo necesitan, y está asociada al altruismo y a la solidaridad.

Estas dos palabras hacen mucha falta en la educación de niños y jóvenes, y también traerlas a la memoria en los mayores y aplicarla en muchos de los aspectos de la vida personal y social, su utilización es la que podría hacer realmente un cambio de fondo en la sociedad, unida a los deberes y derechos nos podría llevar a una situación de mayor justicia y mejor convivencia sin necesidad de tantas leyes y tantas autoridades.

Por ejemplo, si en la familia, empezando por el matrimonio aplicáramos más estos conceptos en lugar de estar midiendo estrictamente hasta dónde llegan mis derechos, seguramente tendríamos familias más felices, que a su vez generarían un entorno más tranquilo, si esto lo lleváramos a al mundo del trabajo seguramente habría más cooperación para el logro de los objetivos y estos serían mejores, y si esto lo proyectáramos al servicio público el país avanzaría por caminos de seguridad, justicia y progreso, mucho más allá de los discursos que no nos llevan a ningún lado.

Digamos que es muy bueno que estemos viviendo en una sociedad de derechos, pero lo requerimos complementar con los respectivos deberes y recuperar al menos dos de las palabras que hemos perdido, sacrificio y generosidad y aplicar lo que significan para en verdad hacer un cambio para el bien de esta generación y sobre todo del futuro.


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