No solamente en Cuba está secuestrada la libertad

La desestabilización de la sociedad, que vive una crisis existencial y con un gran vacío, en donde hay tantos intereses políticos, económicos y sociales, hace difícil comprender hacia dónde vamos.



Vivimos tal vez en la época más contradictoria de la historia de la humanidad, cuando se habla de derechos en todos los ámbitos, los medios de comunicación están saturados de noticias sobre el tema, cuando supuestamente estamos viviendo en una época en la que se han superado todos los tabúes que habían sido impuestos por la ignorancia, cuando se dice que la ciencia ha quitado el vendaje que cubría la ignorancia que generó muchos mitos, cuando muchos se jactan de haber superado las limitaciones impuestas por la religión, basta con hacer un pequeño análisis sobre la sociedad de todos los países, incluyendo aquellos que han logrado un bienestar económico para encontrar que esta sociedad carece de mucho de lo que dice tener y que se refleja en la vida diaria de las personas.

Empezaré por uno de los temas que está en este momento en la palestra, y es que después de tantos años de férrea dictadura el pueblo cubano ha tenido el arrojo de salir a manifestar que se han dado cuenta que como personas tienen derechos inalienables que les ha negado el gobierno tiránico de una sola familia por más de sesenta años, aunque la represión ha sido inmediata, y la complicidad de los estados supuestamente libres se ha limitado a contemplar, si no es que como el caso muy lamentable del gobierno de México a apoyar a ese gobierno que sigue blandiendo la bandera propagandística de una revolución fracasada y va contra el propio pueblo que la apoyó y hasta le creyó sinceramente durante demasiados años.

Pero no solamente los estados tipo Venezuela, Nicaragua o Cuba, que son los casos extremos donde el Estado demuestra que no solamente es un secuestrador de la libertad que es el don más preciado de los hombres, sino también del más elemental bienestar y dueño hasta de lo que se puede pensar y decir, pero en lo que podemos llamar la cultura occidental sin darnos cuenta el Estado también cada vez juega un papel más predominante en el control de la vida de las personas, y no queremos con esto decir que el Estado no debe tener una autoridad reguladora importante en varios campos, como el económico, el orden social, la seguridad, en cuanto a la impartición de justicia, y otros muchos, pero desde hace mucho tiempo hemos caído en un círculo vicioso en el que pedimos que el Estado nos dé cada vez más, sin pensar que de fondo el que da es el que controla, y poco a poco las vidas de los ciudadanos estamos cada vez más dependientes de lo que el Estado decida darnos, cuando lo que deberíamos pedir es que se nos diera la oportunidad de poder hacer lo más posible por nosotros mismos para así tener la libertad de ser nosotros los que pudiéramos elegir lo que más nos convenga, siendo el Estado solidario en lo que va más allá de las capacidades individuales.

No obstante es importante decir también que para poder tener una auténtica libertad también las personas y la sociedad tienen que cambiar radicalmente y asumir su propio compromiso personal y social, así es que hay que inculcar una responsabilidad del esfuerzo y al mismo tiempo de la generosidad y la justicia, donde también las organizaciones sociales y la misma visión empresarial tienen que mirar más al bien común, para saber que generando más entre todos y para todos se crea una fuente creciente de bienestar, muy contraria al simple libre mercado que tampoco es la solución.

Pero en lo que la libertad se ha venido restringiendo cada vez más es sin darnos cuenta en la del pensamiento, porque los sistemas educativos casi universalmente en manos del Estado van imponiendo según la conveniencia y siempre disfrazados de beneficios una forma de pensamiento que últimamente atenta inclusive contra los derechos de educación de los padres de familia.

El primer gran monopolio que le Estado impuso y hasta nos tragamos que era un logro popular fue la del laicismo, imposición de los gobiernos para que los padres no pudieran educar a sus hijos en la fe que la mayoría tenía, porque lo correcto hubiera sido declarar la libertad religiosa, que no obligara a nadie, pero permitiera a todos escoger si quería que sus hijos pudieran seguir siendo educados según sus creencias, con esto el gobierno se aseguraba que fuera éste quien fuera imponiendo sus propios conceptos de ética, que con el tiempo fueron evolucionando y hoy en día poco a poco han ido sembrando en la mentalidad de los jóvenes e inclusive de toda la sociedad que ideas como las de la eutanasia, la sustitución de la familia tradicional del matrimonio por la vida simplemente en parejas, y hasta la ideología de género sean las bases para la nueva sociedad, e inclusive estas ideas sean hasta por ley obligatorias de enseñarse inclusive en las escuelas privadas y aún en contra de la voluntad de los padres.

Estas cadenas invisibles son aún, más peligrosas y están contribuyendo a la desestabilización de la sociedad, que vive una crisis existencial y con un gran vacío, en donde hay tantos intereses políticos, económicos y sociales que hacen difícil comprender hacia dónde vamos.

No estaría de más como una base para tomar tiempo para reflexionar, recordar aquel mandato de San Benito a sus monjes; “ora y trabaja”, para tener serenidad y equilibrio y buscar primero la libertad interior para después buscar la libertad social.

 

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