México, un proyecto inconcluso

No existe en la práctica la familia ideal, todas requieren de un esfuerzo continuo por parte de los cónyuges para poder sortear dificultades inevitables a lo largo de la vida.



Recuerdo cuando en la primaria aprendí a querer la Bandera como un símbolo que representaba a mi patria, y a emocionarme con las notas vibrantes de nuestro bello Himno Nacional, después con el paso del tiempo los libros de la SEP con una imagen que representaba a la patria nos iban presentando una historia maniquea de buenos y malos, que muchos íbamos aceptando como una verdad casi dogmática, que nos conducía por un camino casi mítico para ser una nación heroica y gloriosa como ninguna otra del planeta.

Pero conforme vas conociendo la realidad del país, empiezas a cuestionar muchas cosas, porque según esa historia casi mítica, el resultado debería ser el de una nación con un desarrollo que permitiera tener dentro de lo humanamente posible una sociedad justa, con índices de bienestar para la mayoría de la población, con una preparación cultural muy amplia, con una cobertura de salud de primer nivel, un índice de seguridad personal, social, y económica que proporcionara oportunidades para todos, y sobre todo con un gobierno muy confiable y políticos que trabajaran por el bien común.

Pero la realidad que se va descubriendo conforme vas creciendo es muy diferente, y cuando después de 200 años de tener un país independiente nos encontramos en que tenemos unos índices de pobreza alarmantes, de inseguridad que nos ponen a temblar, de desconfianza hacia los poderes y las autoridades, nos llama a una profunda reflexión y a tomar conciencia del deber que tenemos todos los ciudadanos que queremos actuar de buena fe, que todos podemos contribuir en algo para que la nación tome un rumbo que nos permita llegar un día a ese país mítico que nos ha sido planteado en los libros de texto, y en la propaganda de todos los gobiernos que hemos conocido.

Pero el problema se agrava el día de hoy, cuando vemos que el actual gobierno, en lugar de con seriedad empezar a abrir camino para la desmitificación de esa historia que tanto nos ha dañado, pretende tomar una ruta todavía más radical al seguir presentando esa historia mítica como un dogma de fe que, además avala según ellos las acciones que día a día se toman, y que nos están conduciendo a un retroceso en casi todos los campos políticos, sociales y económicos.

El tema es de una amplitud enorme, para la reconstrucción de México se requiere de muchas acciones, y un aspecto muy importante es hacer una revisión de la historia, para navegar más por los hechos y acontecimientos reales, contextualizados en su propio tiempo, y dejar a un lado la historia ideológica que se nos ha enseñado, pero antes que eso, hay otra tarea más básica que realizar, y es revisar una trilogía esencial para que una sociedad pueda en verdad construir un país con sentido verdaderamente humano y que se compone de: la familia, los valores y la fe.

La familia, fundamento de la sociedad, se encuentra verdaderamente dañada, no solamente como se pudiera pensar por la fragilidad de los seres humanos, que podemos cometer muchos errores en el manejo de las relaciones conyugales y de la educación de los hijos, sino además agravada por la influencia de muchos factores externos que la han ido debilitando, y esto no ha sucedido en forma casual, desde hace muchos años que tanto los medios de comunicación, como muchos que se autodenominan intelectuales, por los medios de comunicación y por grupos políticos y otras organizaciones, se ha atacado a la familia restándole importancia al matrimonio y equiparándola a uniones que no incluyen de inicio el compromiso de unidad e indisolubilidad, que son características que son básicas en una familia para permitir a los hijos desarrollarse en forma armónica con seguridad y amor.

No existe en la práctica la familia ideal, todas requieren de un esfuerzo continuo por parte de los cónyuges para poder sortear dificultades inevitables a lo largo de la vida, que son de tipo económicos, de salud, emocional y de otras muchas circunstancias que no lo hacen fácil, pero cuando se parte de un principio hay mayores posibilidades de llegar a un buen fin, que cuando se parte de bases que a veces suenan hasta muy románticas, pero que difícilmente logran su objetivo porque desde un inicio navegan sobre bases muy endebles, pero que en las telenovelas, series o películas se presentan muy atractivas, y como un símbolo de mayor libertad de los tiempos modernos, presentando la sexualidad sin mayor trascendencia ni compromiso.

También hoy en día los valores se presentan como algo relativo y sujeto a las circunstancias o a las conveniencias, y es por ello que la educación en muchas ocasiones se ha vuelto muy confusa, no dando a los niños y jóvenes pautas concretas a seguir, sino dejando a cada quien según su entendimiento y muchas veces conveniencia navegar por diversas rutas, llegando inclusive a poner en tela de juicio el valor esencial de la vida, que hoy en la práctica, y aún las leyes permite el aborto como un derecho, sin profundizar en el hecho de que se está destruyendo una vida, que de haber continuado su desarrollo sería un ser humano con todas sus potencialidades y defectos, y con los mismos derechos de quienes le impidieron llegar a nacer.

Y otra característica que ha sido clave en la humanidad es la fe, esa creencia en un destino de trascendencia para el hombre, que normalmente se siente ligado a Dios, como ser supremo, que le imprime ciertas características que le hacen ser un ser con una gran dignidad, hoy en día, desde la imposición del laicismo que es prácticamente una prohibición para hablar de temas religiosos, el hombre se siente muchas veces como un ser de corto plazo, por lo tanto trata de aprovechar este breve lapso llamado vida, y muchas veces lo hace de forma equivocada, y esto genera muchas injusticias y desigualdades.

Una vez revisados estos elementos constitutivos de la base social, podríamos pasar a otro elemento fundamental que ha pesado mucho sobre nuestra formación cultural, llevar sobre los hombros la carga de haber nacido conquistados y derrotados, concepto que nace de dos errores fundamentales. El primero, México no existía a la llegada de los españoles, había una serie de pueblos con diferentes niveles culturales, militares, económicos, etc., que no constituían una nación, por lo tanto, México no existía, y al no existir no pudo ser conquistado.

Segundo punto es que no somos como nación descendientes de los aztecas, ellos eran un pueblo de los muchos que existían en este territorio y que no formaban una nación, sino podríamos decir, naciones independientes, muchas de ellas dominadas por los aztecas a quienes como dominadores no querían.

Nuestra herencia cultural, racial, social, espiritual proviene de la cultura española que llegó a lo que hoy es México con los llamados conquistadores, y de las tradiciones de los pueblos originarios, y debemos sentir orgullo de ambas herencias, y en lugar de un enfrentamiento mental entre ambas culturas, debemos partir de que somos el fruto de un mestizaje, en el que en gran parte predomina nuestra herencia española por ser la lengua que manejamos, debemos empezar por revisar nuestros valores sociales y después por curar ese punto de evaluar nuestro origen de forma correcta para después seguir con el análisis de otros muchos, puntos, pues partiendo de bases equivocadas seguiremos como estamos, con una nación sin consolidar, y que no llegará a ser un lugar donde sus ciudadanos encuentren los medios para desarrollarse y sentar las bases de una nación con oportunidades para todos.

 

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