Las revoluciones, sus mitos, sus esperanzas y sus realidades

La Revolución Francesa, la Revolución Rusa y la Revolución Mexicana fueron movimientos impulsados por el pueblo contra situaciones de injusticia y que plantean un cambio necesario y radical.



Cuando hablamos de revoluciones, generalmente se nos viene a la cabeza un cambio notable y favorable en algún punto de la historia, de la ciencia, de la industria, de la medicina, de la tecnología, etc. Así decimos que el carbón y luego el petróleo y la electricidad revolucionaron nuestro mundo, en la medicina los antibióticos revolucionaron la salud, el teléfono la comunicación y ciertas revoluciones políticas cambiaron la historia.

Pero enfocándonos en el concepto histórico de las revoluciones, concepto que se ha mitificado por razones muchas veces políticas y que presupone ciertas concepciones que en la realidad son absolutamente falsos. Fijémonos un poco en las tres grandes revoluciones más significativas y que de alguna manera tienen un efecto para nosotros los mexicanos: la Revolución Francesa, la Revolución Rusa y la Revolución Mexicana. El primer concepto que se nos viene a la cabeza es que son movimientos impulsados por el pueblo contra situaciones de injusticia y que plantean un cambio necesario y radical.

Empecemos por decir que en realidad no todas estas revoluciones han sido por la iniciativa popular, en los tres casos han sido impulsadas por líderes del pensamiento que proceden de lo que llamamos la clase burguesa, que era el nuevo poder económico que se enfrentaba al rey, a la nobleza y al clero, y después impulsan al pueblo para conseguir sus objetivos, desde luego también el pueblo obtiene ciertas ventajas, pero muy lejanas a las que supuestamente conseguiría después de la victoria revolucionaria.

Empecemos por la Revolución Francesa, un suceso histórico de trascendencia prácticamente universal, que implicó desde luego cosas positivas, y fue el inicio de un cambio radical de un mundo gobernado en gran parte por monarquías absolutistas, y que poco a poco se transformaría en un mundo republicano. La Revolución Francesa y su lema de igualdad, libertad y fraternidad es generalmente presentada como un mito casi perfecto en la evolución del pensamiento del hombre, y que sin embargo tuvo capítulos muy dramáticos que desembocaron en una violencia descontrolada, en la que el pueblo decepcionado de muchos resultados se volvió contra quienes supuestamente los representaban, y así se llegó a lo que se denominó la época del terror que bajo la dirección de Robespierre conoció sus peores momentos, en los que miles de ciudadanos fueron guillotinados bajo la menor sospecha de ser contra revolucionarios, las cifras de este baño de sangre varían entre las 10 000 hasta las 40 000 víctimas, hasta que el mismo Robespierre fue guillotinado.

Otro de los puntos que causaron mayor revuelo fue que no hubo realmente una separación de la Iglesia y del Estado, sino que se quiso convertir a la Iglesia en una especie de departamento del Estado, donde los clérigos pasaban a ser empleados del mismo, la independencia de la Iglesia de Francia con respecto a Roma era prácticamente total y su relación con el papa se limitaba a cuestiones de fe, y estas siempre tenían que ser avaladas por el Estado. Esta situación tan caótica terminó en su primera parte cuando Napoleón se impuso hasta llegar a ser declarado emperador.

La Revolución Rusa, en un país donde cerca del 85% de la población era campesina, fue provocada por múltiples errores del zar Nicolás II, tras las derrotas en la guerra contra Japón, y después el desastre de su intervención en la Primera Guerra Mundial, desataron múltiples protestas que serían reprimidas violentamente y terminaron por hacer que gran parte del ejército se uniera a los manifestantes, y así se desplomara de un día para otro el gran imperio, el zar abdicó el 2 de marzo de 1917 y se formó un gobierno provisional acompañado de una gran fiesta popular, sorpresivamente el gobierno provisional siguió en la guerra lo que causó un gran descontento. Lenin había regresado al país después de años de exilio y después de muchos errores e indecisiones del nuevo gobierno, Lenin y Trotsky iniciaron una revolución que se impuso rápidamente y formaron un nuevo gobierno. Todavía vendrían muchos sucesos muy complicados para desarrollar en este escrito, pero el resultado fue a fin de cuentas que de una tiranía imperial Rusia se transformaría en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que sin negar que traería un cierto bienestar a un gran número de ciudadanos, lo haría a costa de imponer una nueva tiranía del Estado, donde Lenin y después Stalin gobernarían en forma absolutista eliminado todas las libertades, y no habría ninguna oposición posible, pues cualquier tipo de la misma sería considerada traidora al Estado, y significaría la muerte o la prisión perpetua en Siberia, y además este estado del terror se extendería a muchas naciones de Europa, de las que conocimos como la Europa de la cortina de hierro, y se trataría de extender mundialmente bajo el terrorismo y la guerrilla, así como la conquista de la intelectualidad con mucha propaganda en el mundo, y sobre todo en las universidades.

Y hablemos ahora de nuestra Revolución Mexicana, paradigma de todos nuestros gobiernos desde 1917 hasta la fecha, en que se nos presenta como un movimiento popular, en donde un pueblo unido se levanta en masa contra el tirano llamado Porfirio Díaz, y sale triunfante con una constitución que se presenta como libro sagrado para los mexicanos, y que libera al pueblo y lo conduce hasta un mundo de justicia y de paz. Un análisis sereno nos lleva a ver que en realidad esta revolución fue una guerra de caudillos, enfrentándose unos a otros por tener el poder.

Resulta curioso que la Revolución Mexicana que se presenta como un conflicto contra el dictador Porfirio Díaz que renunció en 1911, y no habiendo ya enemigo desde esa fecha, sin embargo, continuara hasta el 30 de noviembre de 1920, cuando Obregón toma la presidencia, después de haber sido asesinados, Villa, Zapata, Carranza y muchos otros.

Pero lo que realmente hay que evaluar es el resultado de tantos años de gobiernos revolucionarios, con un breve paréntesis de los gobiernos panistas, aunque los mismos tampoco negaron su importancia a la Revolución Mexicana. Tenemos un país con uno de los más altos índices de delincuencia, de narcotráfico, de secuestro, de corrupción y de pobreza. Desde luego no hay que negar que también ha habido grandes avances en muchos rubros, y que hemos tenido muchos logros, pero que se reflejan en un estrato muy pequeño de la población, y cuyas metas están muy lejos de las esperadas por la revolución.

Es tiempo de mirar hacia adelante, evaluar los hechos históricos objetivamente, ´dándoles el valor y la crítica que requieren tomarlos como una etapa de nuestra historia, pero mirar al futuro buscando soluciones acordes al tiempo y el mundo que nos ha tocado vivir, y no estar viendo siempre hacia el pasado para revivir mitos, o para echar la culpa a nuestros antepasados de la situación en la que vivimos, como pretexto para evadir nuestras responsabilidades ante una realidad que urge mejorar.


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