La prisa

Disfruta lo que haces, observa a tu alrededor y dedica tiempo a lo que te gusta y sabes hacer bien.



¿Has calculado cuanto tiempo ganas al ir a toda velocidad por la vida? La mayoría de las veces, ir de prisa no implica caminar más rápido o pensar de forma más ágil. Significa estar y sentirse internamente acelerado.

Seguramente te has encontrado con una persona que mientras te saluda habla por el celular; termina la llamada y te dice que tiene muchas cosas que hacer y que se tiene que ir. Parecería que la prisa da prestigio, porque indica que la persona está ocupada, y que por lo tanto es un gran profesional.

Aquel que convive con la prisa lo hace también con el estrés y la ansiedad, no disfruta del momento, porque siempre está anticipando el futuro.

Puede convertirse en un estilo de vida. Y por increíble que parezca, no saben que hacer con su tiempo libre, cuando lo tiene. Estar desocupado les produce malestar, sensación de pérdida de tiempo, incluso falta de autoestima. Para estas personas el aburrimiento es algo desagradable, vacío y sin sentido.

¿Cómo conseguir el vivir con calma, sin ser víctima de la prisa? Comparto algunos consejos:

Priorizar: definir que es importante y qué no lo es. Esto dependerá de cada persona, pero si para ti es importante la familia y dedicas todo tu tiempo al trabajo, estarás corriendo todo el día para sacar tiempo y dedicarlo a tu familia. Mejor ordena tu agenda de acuerdo a tus prioridades y síguela con responsabilidad y sentido común.

Poner límites en los horarios: te ayuda a ordenar y agilizar tu mente. Si sabes a que hora tienes que terminar un trabajo o acudir a una cita, tu cerebro se concentra en hacerlo y vives más tranquilo. Los límites permiten prestar atención a lo importante, sin distracciones y enfocarse a una sola actividad.

Saber decir NO: esta pequeña palabra es mágica, ya que no puedes cumplir con todos los deseos de los demás. Si quieres estar presente en varios frentes, tendrás una vida insatisfecha en la cual no tienes tiempo para ti mismo, y menos para dedicarte a lo que te importa e interesa.

Desconéctate: del celular, de WhatsApp, del trabajo, de la televisión, de los correos electrónicos, de todo aquello que te impide disfrutar de otros momentos. No tienes la obligación de contestar todos los mensajes de inmediato, la mayoría de ellos no son urgentes. Tú eres quien se presiona a responder de inmediato. Aprende a retrasar, sobre todo si estás realizando otra actividad que requiere de tu atención.

Utiliza técnicas que te permitan relajarte: ejercicio, yoga,Pilates, un baño de agua caliente, una llamada larga y relajante, una copa de vino. Para estos momentos tienes que buscar un espacio.

No busques la perfección, sino estar a gusto con tu vida: una cosa es mejorar y superarte, y otra es obsesionarte con ello. La perfección no existe, mejor aprende a gozar lo que haces.

Fluye: disfruta lo que haces, observa a tu alrededor y dedica tiempo a lo que te gusta y sabes hacer bien.

Reflexiona, ¿que tan presente está la prisa en tu vida? Los segundos o minutos que ganas corriendo, no compensan lo que pierdes en calidad de vida.


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