¿Somos cada vez más inteligentes?

Las generaciones son cada vez más inteligentes, el reto es saber encauzar esta inteligencia para relacionarnos mejor unos con otros y lograr que el mundo viva en armonía.



¿Te has realizado esta pregunta alguna vez? ¿Se hereda la inteligencia? ¿Cada generación es más lista que la anterior?

Aunque los mecanismos de herencia de la inteligencia han sido investigados durante casi un siglo, aún existe controversia al respecto de hasta qué punto la inteligencia es hereditaria. Hay varios debates al respecto.

No es fácil comparar a un hijo con sus padres o abuelos, ya que los estudios se hacen en individuos comparables de distintas generaciones. Se presentan distintas puntuaciones en el mismo test.

Sería fascinante que se pudiera aplicar la misma prueba a los hijos o hijas, a la misma edad que se les hiciera a sus padres y abuelos, lo cual no es fácil. A quienes afirman que la inteligencia si se hereda y que el coeficiente intelectual de los padres sí importa.

Lo que si puede afirmarse es que si somos más inteligentes. Se le llama efecto Flynn, nombre del profesor de Nueva Zelandia que hace 30 años descubrió esto.

En promedio las poblaciones han tendido a subir una media de tres puntos por década desde principios del siglo XX.

Un artículo publicado en la revista El País muestra a una abuela llamada Julia con un CI de 105; Julia su hija de 43 años tiene un CI de 129. Y los dos hijos de esta Cecilia de siete años con un CI de 129 y Eduardo un poco menor con un CI de 132.

Estos cambios se explican de alguna forma en una mejor nutrición, las familias son más pequeñas por lo que el contacto es mayor; hay mejor educación y el ambiente del mundo es más complejo y competitivo.

Flynn afirma que no es que las generaciones anteriores fueran menos listas. Da un ejemplo sencillo: pensemos qué ocurriría si los atletas de ahora pudieran viajar en el tiempo para participar en los Juegos Olímpicos de hace 20 o 30 años.

Un atleta que salta altura, la varilla empieza a una altura de 2.13 metros, mientras que hace 20 años era de 1.82 metros. Así que, para un saltador actual, su media sería muy superior a la de los Juegos Olímpicos de hace dos décadas, sería un superdotado en el pasado.

Esto no significa que eran menos capaces los atletas de antes, simplemente han evolucionado las técnicas, los zapatos, las superficies.

Junto con estos descubrimientos ha surgido la llamada inteligencia emocional que es la capacidad para controlar, regular y utilizar nuestras emociones de forma correcta. El coeficiente intelectual es lo que sabemos, y la inteligencia emocional es lo que hacemos con aquello que sabemos.

Qué bueno que las generaciones son cada vez más inteligentes, el reto es saber encauzar esta inteligencia para relacionarnos mejor unos con otros y lograr que el mundo viva en armonía.

Cada generación atesora una mayor capacidad intelectual, aprovechémosla para nuestro bien y el de los demás.

 

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