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El Congreso irresponsable

No deja de sorprender la capacidad de la representación legislativa de Morena para generar pánico ante sus decisiones y para mostrar su ineptitud, ignorancia y prepotencia.



Como si las cosas con la pandemia del Covid estuvieran tranquilas y no dieran ningún signo de alarma en el país, el gobierno y su partido han decidido ahondar su crisis de confianza –que es muy distinta a la popularidad del presidente– en inversionistas, y decidieron entregar a nuestro banco central a las redes del crimen organizado, la opacidad y el cuestionamiento internacional. Todo en una sola decisión. El escándalo generado por el senador Ricardo Monreal solamente fue detenido por la enorme reacción que generó la irresponsabilidad del líder del Senado en Morena.

No deja de sorprender la capacidad de la representación legislativa de Morena para generar pánico ante sus decisiones y para mostrar su ineptitud, ignorancia y prepotencia. Unos, movidos por el rencor y el desconocimiento; otros, por intereses que son incapaces de confesar ante sus compañeros, los legisladores de Morena se entregan con devoción a hacer leyes que en cualquier país civilizado pasan por ser ocurrencias para llamar la atención.

Aquí son cosas de todos los días. Lo mismo aprueban la cárcel sin juicio que el lavado de dinero en el Banco de México; desaparecen los fideicomisos sin siquiera saber cómo funcionan y centralizan el poder en el presidente como si fuéramos una dictadura de las épocas de los gorilatos. Nada escapa a su mente primitiva, a su afán de venganza. Creen que están consiguiendo justicia cuando lo único que logran es dinamitar lo que medianamente funcionaba en este país. El Congreso se ha convertido en la feria del despropósito. Una exhibición de ocurrencias y delirios ideológicos tratando de encontrar espacio en nuevas leyes. Una vergüenza.

Por supuesto, no quiero decir con esto que antes el Congreso fuera algo similar al ágora griega en la que se discutía filosofía y grandes tratados. En absoluto. Las legislaturas siempre han sido un retrato del país, de su ambiente y de su clase política. Así como hace décadas muchos legisladores del PRI se presentaban armados a las sesiones y amenazaban de muerte a los opositores mostrando las pistolas, ahora van armados con su estupidez y con la misma insolencia de entonces, solamente que eso está resultando más dañina para la población que las pistolas que portaban en ese entonces.

Hubo un tiempo, ya en el último par de décadas del siglo XX, en que no iban armados los legisladores. El PRI, que solía ganar con amplitud, tenía la bancada más grande. La parte numerosa de los priistas no intervenía en los debates, en las discusiones, pero eran buenos para armar desmanes, organizar porras, insultos y connatos de peleas a puñetazos y patadas. Eran conocidos como “el Bronx”, en alusión al barrio bravo neoyorkino. Los que trabajaban y dominaban los temas eran unos cuántos del PRI y de la oposición. Con el tiempo las bancadas opositoras crecieron y también tenían su grupo al margen del trabajo. Fue cuando los panistas empezaron a repartir dinero y obras a sus legisladores a cambio de sus votos sin queja ni debate. El resultado de todo esto queda a la vista: hoy el Congreso es un gigantesco Bronx en el que unos cuantos legisladores y legisladoras batallan para dar siquiera la apariencia de que se trabaja y se discute. Pero ni a eso se presta la aplanadora gubernamental, como en aquellas épocas en que iban armados.

Por eso cobra mayor importancia la alianza para las elecciones del año que entra. Quitar la mayoría en la Cámara de Diputados es vital para contener el daño que le hacen al país cada vez que se les ocurre algo.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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