De familia y política

Nuestra joven democracia avanzará cuando aceptemos que la vida no es sólo de un color y un pensamiento; que en las familias hay matices y diferencias que no son un obstáculo para amarse y pasarla muy bien.



El miércoles pasado comenté en este espacio el asunto de la boda organizada por la familia del opositor Claudio X. González, el fin de semana pasado. El día de ayer, Gil Gamés, en Milenio, abundó sobre el tema y dijo con claridad que “un crítico del presidente ha perdido de momento toda credibilidad”. Es correcto. Mientras el señor X. González no aclare si asistió a ese evento o no, su credibilidad queda en la basura como crítico contumaz que ha sido del gobierno de López Obrador.

Repito que el asunto de las familias puede resultar complicado para quienes no participan de la vida pública. Por ejemplo, la sobrina del señor X. González, que fue quien contrajo nupcias, puede pensar absolutamente diferente de lo que lo hace su tío o le puede valer toneladas lo que haga o deshaga su tío en la política. Pero para la vida política sí es importante lo que haga su tío. ¿Pagan justos por pecadores? Sí, muchas veces, y es inevitable. Los que quieren el poder, los que lo tienen, son pasados por el cada vez más rudo escrutinio del ojo público. Si hace algunas décadas se podrían ocultar, ahora son descubiertos hasta debajo de las piedras.

Esta misma semana salió en redes otro asunto de familias en la política. Se trata de dos de los hermanos Clouthier: Manuel y Tatiana. Como se sabe es una familia marcada por la política, si bien no todos, los que participan lo hacen de manera destacada. Pocos roles fueron tan relevantes en la campaña de AMLO en 2018 como el de Tatiana Clouthier. Fue sin duda la gran animadora de esa campaña y le dio un aire de frescura del que la campaña carecía. Manuel es un norteño muy “echado para adelante” y que ha querido gobernar su estado con poca suerte; no es una persona que tenga filtros, dice lo que le pasa por la cabeza –cosas que normalmente carecen de interés– y siente que hablar con leperadas lo hace un hombre sencillo y agradable. Así es él. Bien, pues resulta que Manuel felicitó a Romo por salirse del gobierno del que seguramente estaba harto y puso un tuit al respecto hablando de un “gobierno catastrófico” y cosas por el estilo. Tatiana contestó a su hermano con la rudeza que la caracteriza de la siguiente manera: “Qué absurdo comentario y lleno de frustración mal manejada”. Manuel reviró diciéndole vengativo al presidente y el asunto bajó de tono. Claro que llamó la atención que dos hermanos se enfrasquen en una discusión pública de esa índole. Los Clouthier siempre han sido una familia en la que conviven enfoques distintos de la política. En el fondo no debería asombrarnos que existan la diferencias en las familias, ¿qué tiene de anormal? ¿Por qué pensar que las familias son un monobloque en el que todos tienen que pensar lo mismo que el más famoso o destacado? ¿De veras en las familias todos piensan igual? No lo creo. De hecho, lo normal es que haya diferencias. Conozco muchos casos en que los hijos de políticos no sólo piensan distinto en esa materia, sino que la rehúyen; familias en las que unos votan de una manera y otros de otra; en las que unos están en un partido y los demás en otro; hijos que huyen de la luz que sigue a los padres, padres incómodos por los reflectores de los hijos. Los que están en esas familias saben del valor de la discusión, del respeto al otro y de la posibilidad de convivir con las diferencias y las rispideces, porque el cariño no es “a pesar”, sino por las diferencias mismas que enriquecen la vida de todos.

Nuestra joven democracia avanzará cuando aceptemos que la vida no es sólo de un color, un pensamiento; que en las familias, como en todo, hay matices y hay diferencias, y que eso no es un obstáculo para amarse y pasarla muy bien juntos mientras se aprende de los demás. Crecí en una familia así y también formé una familia así. No dejo de agradecerlo.

 

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