El presidente populista

Un mito populista debe lograr tres objetivos básicos: explicar quién forma parte del pueblo, del nosotros; explicar quién es el villano que le ha hecho un daño a ese nosotros, y justificar por qué el pueblo necesita de ese líder para reparar el daño sufrido.


 


He escuchado a ciertas personas decir que Andrés Manuel López Obrador les parece “genial”. Lo considero una exageración, aunque entiendo el sentido del adjetivo. López Obrador es un político profesional con facetas muy distintas a los que hemos tenido en el poder en las últimas décadas. Es un estratega agudo, posee una gran intuición y habilidad para comunicar además de la disciplina necesaria para colocar sus temas. Pero lo que hace y cómo lo hace no es ninguna novedad, forma parte de lo que conocemos como populismo. Con los toques propios de cada mandatario –admitamos que la rifa del avión es una cosa muy original además de fraudulenta–, los pleitos, insultos, mensajes, y divisiones se dieron antes en otros países. Y claro que ha funcionado y han resultado más que eficaces los métodos utilizados. De lo que se ha escrito sobre el populismo, hay un libro que me parece fundamental para entender lo que hace nuestro presidente, se llama ¿Por qué funciona el populismo? (editorial Siglo XXI), su autora es la argentina María Esperanza Casullo. Por considerarlo de interés van algunos subrayados.

“…el populismo funciona para ganar elecciones (…) y, aunque esto se más polémico, también funciona para gobernar. No para hacer un buen gobierno (deberíamos para esto debatir qué significa “buen gobierno”), pero sí para subsistir en el poder”.

“…gobiernos que los analistas describen como “populistas” comparten tres características: se trata de fenómenos políticos en los cuales confluyen un líder con fuerte personalismo y centralidad política, que suscita el apoyo de un colectivo de individuos movilizados (la mayor parte de las veces activamente y en el espacio público) detrás de un discurso antagonista que divide el campo político en un “nosotros” popular y un “ellos” (la élite)”.

…este discurso divide el campo político en dos: aquellos que forman parte de la cadena y aquellos que están en contra de ella. En este enfoque, el líder se transforma (el uso del impersonal es importante) en el significante que expresa y condensa la cadena misma; a diferencia de lo que sucede con los partidos programáticos, la lealtad de los seguidores se expresa hacia esa figura, no hacia un programa. Y esa figura define también la totalidad del campo político, que quedarán dividido entre “pros” y “antis”, no entre derecha e izquierda”.

“En sus discursos y documentos públicos, los líderes populistas eligen muy a menudo un tipo de lenguaje que abunda en figuras retóricas encendidas, en apelaciones emocionales, en antagonismos fuertes y en personalizaciones que llaman al adversario con nombre y apellido. Esta es una de las constantes que sugieren los estudiosos del fenómeno…”

…el discurso populista busca construir identidad poniendo en evidencia que “nosotros” debemos unirnos en una lucha de tipo moral contra “ellos” que nos han dañado”.

Un mito populista debe lograr tres objetivos básicos: explicar quién forma parte del pueblo, del nosotros; explicar quién es el villano que le ha hecho un daño a ese nosotros, y justificar por qué el pueblo necesita de ese líder para reparar el daño sufrido, encarar la lucha épica y lograr finalmente su redención histórica”.

¿Les suenan familiares las citas? ¿Conocen a alguien así? ¿Creen que es nuestro presidente? El miércoles iremos por más citas. Lo que es claro es que AMLO no es el original, sino que embona perfectamente en el populismo de tantos otros.


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