El avión y el tapabocas como símbolos del gobierno

En el actual gobierno se supone que las cosas iban a cambiar, pero todo es como el avión: un engaño de las cuentas alegres y los cuentos fantásticos que se cuenta y nos cuenta el presidente.


Simbolos de AMLO


Nuevamente el avión presidencial está aquí. Es una muestra del fracaso del voluntarismo del presidente López Obrador. Es parte de su lucha contra los molinos de viento del neoliberalismo, contra los fantasmas que lo habitan y a los que quiere vencer, pero su lucha se estrella con la realidad.

La venta del avión es una atracción más en el parque temático que es el gobierno de López Obrador. En lo que habla Lozoya, pasen a ver el avión en que viajaban Lozoya y sus amigos, Lozoya y su jefe. Vengan a ver el derroche. A cambio de eso no hay nada, sólo fotos y declaraciones, pues no han podido vender el avión. Porque no basta pensar que los ricos te lo van a comprar, porque ser presidente no significa que la realidad se adapte a ti, que tus deseos se cumplan más allá del círculo de tus cercanos. Ahora bien, todo lo que desea el presidente, cuesta. Costó tenerlo parado en Estados Unidos más de un año, muchos millones. Costará tenerlo parado aquí hasta que se venda. O se rife. Y eso si no lo compran porque entonces ya no habrá rifa para la que ya se vendieron boletos y se obligó a empresarios a comprar una gran cantidad de “cachitos”.

Se supone que el avión ya no regresaría y ahora está en un hangar que se supone ya no se usaría. Porque todo se supone que sería diferente, pero no es cierto. En algunos casos es peor. Se supone que no iba a haber corrupción y que eso generaría grandes ahorros. No hay tales ahorros, nadie sabe dónde están, ni el presidente. Se supone que con la austeridad todo sería más barato, pero no es así; compran todo a sobreprecio: medicinas, materiales y hasta el pago que le hacen a los inversionistas del aeropuerto. Se supone que llegaría la eficiencia al gobierno al correr a los tecnócratas nefastos que se enquistaban en los puestos; los corrieron y los que llegaron no saben nada, no deciden nada y ya ni computadoras tienen. Todo es como el avión: un engaño de las cuentas alegres y los cuentos fantásticos que se cuenta y nos cuenta el presidente.

Otro símbolo del gobierno del presidente es el tapabocas. En este objeto se encuentran muchas formas de ser del presidente y de su equipo. Es claro que, salvo Claudia Sheinbaum, nadie de los cercanos se atreve a usar el tapabocas enfrente del presidente. No es raro que ella sea científica y la mayoría de los demás, unos habilitados. El tapabocas es una de las maneras más sorprendentes que ha encontrado el presidente de decir que no cree en la ciencia, ni siquiera para no infectarse. Él tiene otros datos, tiene otra ciencia –muy personal– y tiene otra manera de curarse.

El tapabocas es una de las renuncias de nuestro presidente a liderar algo que no sea de carácter electoral. Una buena parte de la labor de gobernar pasa por la pedagogía, por poner el ejemplo en los actos. El presidente le pide a la población que haga caso, pero él se niega a obedecer sus propias indicaciones. Dada la popularidad del presidente, es posible que su mal ejemplo tenga cientos de miles de seguidores. Como uno de sus chistines mañaneros, López Obrador dijo que se pondría el tapabocas si eso arreglaba la economía. Y no lo ha usado, señal de que la economía va en picada.

Entre los múltiples símbolos que maneja y que incorpora constantemente el presidente, llegaron para quedarse el avión y el tapabocas. Así el avión se oxide y lo vendan por pieza y así pase la pandemia para dejar el tapabocas. Siempre lo acompañarán.


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