La hora del INE

Por supuesto que el INE tiene sus cosas que debiera arreglar. Pero una institución es más que los problemas y complejos de alguno de sus integrantes.


Contra el INE


Algunas de las peleas del presidente tienen tiempo, no son ninguna novedad. Haciendo a un lado a su némesis y uno de los grandes motivos de su vida: Felipe Calderón, creo que el INE, antes IFE, es otra de sus pesadillas motivadoras. Incluso cuando ganó, hace dos años, no suelta su ánimo de derrota, su gesto de que algo le robaron, que si ganó es porque hay algo oscuro e inconfesable de parte de las autoridades. Atendió las reglas porque su estrategia es, siempre, entrar al juego para jugar en el borde y en la medida de lo posible reventar la contienda, destruir el escenario. Solamente sobre las cenizas parece contento este señor. Ni hablar, así es el presidente.

La embestida contra el INE tiene tiempo de haber sido anunciada. Ahora precedida de la pulverización, a manos del presidente, de la CNDH, Conapred y otros órganos autónomos, es claro que el turno del instituto electoral se acerca. A saber bien a bien qué es la llamada cuatroté, pero sin duda es un tiempo para la revancha, un espacio para el odio. En esa medida, la actual clase gobernante despliega sus talentos y limitaciones y escoge a sus víctimas.

El instituto responsable de la organización electoral es un triunfo que tardó décadas en construirse –AMLO era un furibundo priista cuando se reclamaban elecciones limpias al gobierno totalitario de ese entonces–, es un triunfo que involucró la lucha de miles de valientes mexicanos y que, una vez logrado, nos puso en el sendero de la democracia y la modernidad, ambas cosas han sido indispensables para la carrera y el triunfo político de López Obrador y su movimiento. Por eso mismo habrá que defenderlo del embate del hoy presidente, porque sabe que el INE garantiza el triunfo de quien gane no de quien quiera el presidente en turno, y eso no le gusta a López Obrador. Sabe que llegó con votos y con votos se irá.

Por supuesto el INE tiene sus cosas que debiera arreglar. Los sueldos excesivos e insultantes de los consejeros son inadmisibles en estas épocas de penuria económica, su resistencia a bajarse los sueldos no sólo es un abuso sino una actitud poco solidaria; lo mismo su gigantesca burocracia, cada consejero debe costar al año, en estructura, millones de pesos. La soberbia de algunos de sus integrantes no solamente es irritante, sino que resulta ofensiva. Si uno busca la descripción de arrogante aparece la foto del consejero Ciro Murayama. Es el Ackerman del INE. Pero una institución es más que los problemas y complejos de alguno de sus integrantes.

En este periodo extraordinario del Legislativo se recrudecerá la embestida contra el INE y la encabezará el presidente. Apostarán a desprestigiarlo y socavarle su autoridad en la medida de lo posible y para eso justificarán meter a sus cuatro consejeros. Por eso hace bien el INE en contestar todas y cada una de las agresiones del presidente y sus secuaces. Dejarle el campo abierto es cavar la propia tumba. El presidente lo quiere desaparecer porque ya cuenta con otro órgano para las elecciones que es la instancia última: el tribunal electoral, el TRIFE, absolutamente corrompido y plegado al poder presidencial.

El INE, desde hace años, es parte de la retórica del ahora presidente. Siempre los ha detestado y, la verdad, en un pasado siempre le han mostrado miedo. Bueno, pues llegó la hora de ser víctimas o de su miedo o del presidente: en una podrán defenderse y contarán con el apoyo –no lo dudo– de millones, en la otra se quedarán solos, humillados y vilipendiados.


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