Cosas de la comentocracia

En las últimas semanas pululan los comentarios amargos por el bajo nivel de la discusión pública.


Comentócatras


A veces uno lee a un sector de nuestra comentocracia y entiende que no los entiende. A muchos de ellos no les gusta tomar definiciones, sienten que no va con su papel de críticos y de analistas del acontecer nacional, y si se puede del internacional, todavía mejor, para ubicarse de manera más destacada por encima del peladaje que tiene pasiones, posiciones y que incluso se atreven a opinar. En las últimas semanas pululan sus comentarios amargos por el bajo nivel de la discusión pública, porque los argumentos no caben y todo es polarización ¿a dónde vamos a llegar? Sienten que no merecemos su inteligencia y que son tiempos canallas porque todo el mundo, en todo el mundo, pide definiciones. Pero su voz quedará como muestra de que resistieron las pasiones y su apostolado es predicar en el desierto. Aquí un breve listado de sus formas y pareceres.

Está muy mal visto entre ellos que alguien se defina como de derecha o de izquierda, es una suerte de debilidad, de falta de carácter o de a tiro una señal de baja ambición. Les parece que Twitter es un lugar rasposo en el que prevalece el insulto y la estupidez, que es imposible razonar y debatir. Sin embargo, son los primeros en enfrascarse en discusiones con quien sea que les diga algo. Ven para abajo a los influencers, pero mueren por conseguir followers.

Consideran que López Obrador es un Presidente de pocas ideas y de corte populista que no tiene claro cómo gobernar. Además, está destruyendo las instituciones y la nueva clase política es prácticamente una de las manifestaciones más abyectas del proletariado. El año pasado Meade y Anaya les parecían inadmisibles por lo que representaban, el país estaba sumido en la decadencia total, las instituciones estaban profundamente corrompidas y no servían para nada. La clase política era una muestra del deterioro de un sistema caduco, cuyos técnicos vivían fuera de la realidad. Peña era la corrupción encarnada; Calderón, un criminal; Fox, un idiota clínico; Zedillo, un monumento a la mediocridad, y Salinas, un engendro del infierno (aunque en el fondo extrañan a estos dos últimos).

Les resulta indignante que Karen haya desaparecido, lo cual muestra el peligro en que vivimos todos y especialmente las mujeres, pero también porque enseña que el gobierno capitalino es incompetente y no encuentra a Karen en el momento en que debieron hacerlo. También les parece insoportable que Karen se hubiera ido de peda hasta las dos de la mañana, porque es la muestra de cómo se puede linchar a la gente con fake news. Exigen respeto a los derechos humanos, pero tratan a sus subordinados y a quienes los sirven con desprecio y patanería.

Los funcionarios les parecen incompetentes, a menos de que sean sus amiguis, porque entonces sí son de una capacidad asombrosa, incorruptibles, modernos, serios y preparados. Las filtraciones les parecen de una perversidad sin límites por parte del gobierno, a menos, claro, de que se los flitren a ellos o a su medio, porque entonces son unas “investigaciones a fondo” del gran periodismo que realizan ellos o sus otros amiguis en los medios.

Exigen vivir en un clima de libertades, lugares de encuerados donde se ejerza libremente la prostitución y todos puedan drogarse y desmadrar a placer. Ah, pero no vaya a ser que alguien haga fiestas cerca de su casa, porque la colonia está convertida en un antro que hace mucho ruido, los jóvenes arman mucho desmadre y así no se puede vivir.

Les parece que AMLO llevó acarreados al Zócalo como una muestra más del priismo arraigado del presidente, porque además sus fans son profesionales de las marchas y no saben hacer otra cosa además de insultar. También la marcha de los opositores les parecer ridícula y desorganizada, sin sentido, sin organización. Son fifís, una derecha ignorante y radicalizada que no va a llegar a ningún lado y que están perdidos frente a López Obrador. Y entonces concluyen que todo es una mierda. Pus sí.

 

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