Péguele a un soldado

AMLO sugiere que a quien se refiere a las mujeres como “pirujas” o “nalguitas” se le perdone, “vamos a perdonarnos todos”.


Ejército Nacional


Ya es deporte nacional. Golpear soldados del Ejército Mexicano es una actividad que se da en diversos estados del país y que se puede comprobar en múltiples videos en redes sociales. Humillados y vejados, los humildes soldados son tratados a palos, golpes e insultos ante la complacencia de su Comandante Supremo Andrés Manuel López Obrador.

En el fondo, parece que el gobierno lopezobradorista tiene una estrategia para desfondar al Ejército Mexicano. Se le chulea en las palabras y se le agrede por los representantes de la ilegalidad; se le manda a repartir útiles escolares y se le obliga a agachar la cabeza para recibir patadas y golpes. Se hacen loas para referirse al Ejército en el periodo revolucionario y se le obliga a humillarse ante los criminales de hoy en día. Ese es el Ejército Mexicano en el primer año de López Obrador: una cita en el discurso y una golpiza en la tarea encomendada.

Recordemos que el presidente y multitud de sus seguidores más fervientes han sido detractores de las Fuerzas Armadas durante años. En su campaña el año pasado, el entonces candidato López Obrador los acusó de perpetrar “masacres”; durante años los han calificado de asesinos, de violadores de derechos humanos, para lo que siempre contaron con el apoyo de la prensa “buena”, políticamente correcta, y de los “oenegeros” ilusos que no dudaban en achacar cualquier crimen a las Fuerzas Armadas, y ahora ven con pavor la improvisación desplegada por la petulancia ignorante de un gobierno incapaz y temeroso siquiera de enfrentar con algún atisbo estratégico a la delincuencia.

Péguele a un soldado es una actividad que habla mucho de la relación que tenemos algunos mexicanos con la autoridad, pero en este caso habla mucho de cómo se concibe la autoridad a sí misma: incapaz e indefensa. Porque si no quieren que los soldados mexicanos disparen ni en defensa propia, debieran darles herramientas de otro tipo que no sean armas de fuego pero que puedan inhibir a los atacantes del Ejército. ¿En qué país se agrede sistemáticamente al Ejército? No lo sé, por lo menos en cualquiera medianamente avanzado eso no sucede; aquí lo tolera y lo promueve el propio gobierno.

Desfondar al Ejército pasa por hacerle perder el respeto y el temor ante la ciudadanía que todavía lo tiene en alta estima, y esto quizá es de los pocos proyectos que tiene avanzado el gobierno lopezobradorista. Se trata de convertirlos en repartidores de productos a nivel nacional –una competencia de Bimbo o Coca Cola– y en receptáculos de las golpizas que quiere propinarles la delincuencia; un Ejército sin armas ni autoridad, unos punching bags.

Pero todo tiene lógica. El presidente tiene palabras amables para el Chapo; hace recomendaciones sacerdotales y educativas a los criminales que destazan a sus víctimas, sugiere que a quien se refiere a las mujeres como “pirujas” o “nalguitas” se le perdone, “vamos a perdonarnos todos”. Es el problema con el presidente: siempre está del lado del agresor.

Claro, luego andan por ahí con alarma en la boca: con cuidado, no vaya a llegar un Bolsonaro. Van en el camino correcto para que eso suceda, total, ya saben con qué discurso salen ese tipo de candidatos.

 

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